Una Comisión Europea fuerte para recuperar el peso global de la UE (I)

Migración, cambio climático, Brexit, un euro fuerte ante una posible recesión, la guerra EEUU-China... ¿Será capaz la Comisión Europea de hacer frente a todos estos retos?

Foto: Ursula von der Leyen, cabeza de la Comisión Europea. (EFE)
Ursula von der Leyen, cabeza de la Comisión Europea. (EFE)

En poco más de 30 días, y tras unas complejas elecciones al Parlamento Europeo, una nueva Comisión, el poder ejecutivo de la Unión Europea, tomará las riendas.

Y lo hará en un momento en que todavía estamos superando las consecuencias políticas que nos ha dejado una durísima crisis económica que, entre otras cosas, ha puesto a prueba la vocación de integración europea; en un momento en que, salvo improbable sorpresa de última hora, uno de sus miembros más relevantes dejará la Unión Europea justo al mismo tiempo que llega el nuevo Ejecutivo; en un momento en que la escena global está protagonizada por el enfrentamiento de Estados Unidos y China por la hegemonía global y que ahora mismo supone la principal amenaza para la economía mundial, y en un momento en que, además, las economías de algunos de los principales Estados miembros muestran signos de ralentización.

En los últimos años, la Comisión ha ejercido un liderazgo político mayor que el que inicialmente le conferían los tratados. La profundización en el proceso de integración, el aumento del número de Estados miembros, el calado de la crisis de 2008 y la creciente necesidad de rendir cuentas que se exige a los poderes públicos han llevado a la 'guardiana de los tratados' a trascender la misión cuasi arbitral, técnica y de supervisión para la que fue creada y adoptar un carácter más político.

Reacción del italiano David-Maria Sassoli tras ser elegido presidente del Parlamento Europeo. (EFE)
Reacción del italiano David-Maria Sassoli tras ser elegido presidente del Parlamento Europeo. (EFE)

Así, la Comisión, en los últimos años, ha modulado activamente la agenda de la Unión y, en gran medida, priorizado los temas de discusión de Consejo y Parlamento a través del poder que le confiere tener el monopolio en la iniciativa legislativa.

Nada parece indicar que la entrante Comisión Von der Leyen vaya a adoptar un perfil de menor liderazgo político que la saliente Comisión Juncker. Y ello es probablemente necesario, dado el complejo entorno en el que nace su mandato y el grado de fraccionamiento del nuevo Parlamento Europeo. Pero ¿está bien posicionada la nueva Comisión para llevar a cabo esta tarea? ¿Tiene la presidenta suficiente liderazgo? ¿Son la estructura y las prioridades fijadas las adecuadas? Veámoslo.

¿Y quién es ella?

Ursula von der Leyen es la primera alemana que preside la Comisión Europea y tiene, sin duda, conocimiento y capacidad para desarrollar su función. Médica de profesión con formación económica, europeísta convencida —es hija de un funcionario europeo y político alemán—, acumula experiencia en política, a nivel local, regional y estatal, y ha ejercido responsabilidades como ministra en carteras tan dispares y complejas como Trabajo o Defensa.

Von der Leyen, sin embargo, no participó en el sistema de los llamados 'spitzenkandidaten' —o candidatos a presidir la Comisión— en las elecciones al Parlamento, sistema que fue diseñado en 2014, en gran parte, para paliar el 'déficit democrático' del que adolece la Comisión.

El Consejo, finalmente, no eligió a ninguno de estos cabeza de lista, inclinándose por Von der Leyen, quien, a su vez, logró la aprobación del Parlamento Europeo con un estrecho margen de nueve votos y con un discurso de investidura profundamente europeísta, pero con guiños evidentes a la parte del espectro político que le resulta más lejana. Todo ello hace que, a pesar de su evidente idoneidad personal, su labor pueda verse de dificultada por una falta de la 'auctoritas' política necesaria para ejercer el liderazgo.

Von der Leyen. (EFE)
Von der Leyen. (EFE)

Conocedora de esta limitación, Von der Leyen se ha comprometido a “impulsar la democracia europea”, reforzando la colaboración entre el Parlamento y la Comisión, apoyando el derecho del Parlamento a la iniciativa legislativa, involucrándole más en la gobernanza económica y avanzando hacia la codecisión —y prescindiendo de la unanimidad— en temas como cambio climático, energía, temas sociales o tributación.

Ello, 'a priori', lo hace con la intención de acercar Europa a los ciudadanos y de mejorar la negativa imagen que estos tienen de la Comisión tras la crisis económica. Pero el populismo también ha llegado a Europa y el Brexit es una de sus manifestaciones más evidentes. Y en este contexto, el peligro de la estrategia de Von der Leyen es que, dada la fragmentación del Parlamento Europeo y la trascendencia de las decisiones a tomar, el resultado sea muy distinto al esperado.

Y es que la Unión Europea se enfrenta a retos no menores en los que nos jugamos la fortaleza de nuestro proceso de integración, nuestro peso político en el mundo y nuestro nivel de bienestar. En primer lugar, es imprescindible que la Unión Europea recupere su posición en la escena global, hable con una voz única y sea un actor relevante en la lucha por la hegemonía global que enfrenta a China y Estados Unidos y que se está traduciendo en menor comercio, crecimiento y empleo globales.

La Unión Europea tiene como seña de identidad el libre comercio que, respetando las normas básicas, está en la base del crecimiento y el progreso. Hacer prevalecer esta posición en la escena global es vital para los intereses económicos y políticos de la Unión.

Unión económica y monetaria

La segunda gran tarea pendiente es la de completar la unión económica y monetaria, como piedra angular del mercado interior. Si bien es cierto que la crisis de 2008 puso a prueba los cimientos del euro, no lo es menos que permitió avanzar en la unión bancaria y en el desarrollo de instrumentos de gestión de crisis como el Mecanismo Europeo de Estabilidad.

Pero aún quedan importantes pasos que dar para tener un euro fuerte, como son, entre otros, la unión de capitales, un seguro europeo de depósitos o un instrumento fiscal ante 'shocks' asimétricos. Estas decisiones se han revelado muy difíciles de tomar hasta ahora y no deben retrasarse. El éxito o el fracaso en este ámbito dará una medida del capital político de Von der Leyen.

En tercer lugar, la Unión Europea debe ser capaz de liderar globalmente la transformación económica que suponen, por un lado, la revolución digital en marcha y, por otro el cambio climático. La hegemonía de Europa, su competitividad global y el éxito de su modelo de crecimiento y Estado de bienestar dependen de que la Unión sea capaz de fijar estándares globales en ambos ámbitos.

Trump (i) y Jinping (d), durante la reunión de ambos en la cumbre del G20 en Osaka, Japón. (Reuters)
Trump (i) y Jinping (d), durante la reunión de ambos en la cumbre del G20 en Osaka, Japón. (Reuters)

El conflicto entre Estados Unidos y China esconde una lucha por el dominio digital en la que Europa debe participar activamente, desarrollando sus propias tecnologías y estándares en ámbitos como la inteligencia artificial, la robótica o el Internet de las Cosas.

El cambio climático es un reto global que Europa debe liderar. Pero esto debe hacerse sin apriorismos, siendo realistas, permitiendo operar a todas las tecnologías que puedan contribuir a reducir las emisiones e impulsando la coordinación con el resto de las áreas del mundo para ser realmente efectivos. Además, se hace necesaria la investigación en tecnologías cada vez menos contaminantes como único camino para hacer compatible el crecimiento y la calidad de nuestra atmósfera.

Estas son las prioridades, sin olvidar, claro, otros temas no menores como la urgencia de adoptar un nuevo presupuesto europeo; la gestión de la salida del Reino Unido y su impacto en la Unión, o los complejos temas relacionados con la migración que, de momento, son los que están ya poniendo a prueba a la nueva presidenta, sin que ni siquiera haya, aún, tomado posesión de su cargo.

¿Podrá la Comisión Von der Leyen hacer frente a estos retos? Lo analizaremos en el próximo artículo.

Competencia (im)perfecta
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