Von der Leyen, entre lo urgente y lo importante (II)

La Unión Europea se enfrenta a retos en los que se juega la fortaleza del proceso de integración, su peso político en el mundo y, además, el nivel de bienestar de sus ciudadanos

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Bruselas. (Reuters)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Bruselas. (Reuters)

Este artículo es la segunda parte del ya publicado en este blog el 27 de septiembre de 2019: "Una Comisión Europea fuerte para recuperar el peso global de la UE"

La Unión Europea se enfrenta a retos no menores en los que se juega la fortaleza de su proceso de integración, su peso político en el mundo y su nivel de bienestar. Los prioritarios son tres: recuperar el peso de la Unión en la escena global, el fortalecimiento del euro y el liderazgo en la revolución digital y cambio climático.

Cabe preguntarse, en fechas en las que los candidatos a comisarios comparecerán ante el Parlamento Europeo, si la nueva Comisión está bien posicionada para llevar a cabo esta tarea y si su estructura y prioridades son las adecuadas.

Es, sin duda, acertado que la nueva presidenta reconozca, como punto de partida, que los cambios que se están produciendo en clima, tecnologías digitales y geopolítica ya están teniendo un profundo efecto en las vidas de los europeos. Y también es acertado que, para ella, la Comisión deba trabajar para liderar y aprovechar las oportunidades que estos cambios traen consigo, porque ello definirá el papel de Europa en el mundo.

Por ello, cuatro de las seis prioridades que ha fijado para su mandato se refieren a los retos mencionados: “Un acuerdo verde europeo”; “una economía que funcione para todos”; “una Europa preparada para la edad digital”, y “una Europa más fuerte en el mundo”. Y al frente de cada una de esas áreas ha colocado un vicepresidente, ejecutivo en los tres primeros casos. Veamos ahora, con más detalle, cuáles son las intenciones y las personas.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)

El objetivo de proponer un “acuerdo verde europeo” en los primeros 100 días de su mandato, para hacer de Europa el primer continente neutral desde el punto de vista climático en 2050, es uno de los más ambiciosos de Ursula von der Leyen. La presidenta quiere que la Unión Europea reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero más de lo ya comprometido en el Acuerdo de París.

Una atmósfera limpia es, sin duda, una necesidad del planeta, y debemos trabajar por su consecución. Pero conseguir resultados tiene un coste en términos de crecimiento y exige que el esfuerzo sea global, no solo europeo. Hoy, Europa representa apenas el 10% de las emisiones mundiales, mientras que países como China o India suponen ya el 28% y el 6%, respectivamente. Y ello irá en aumento debido al legítimo deseo de nuevas zonas del planeta de converger con los países más ricos. Por ello, conseguir resultados en emisiones requiere actuaciones globales y compatibles con el crecimiento económico.

Si Europa quiere liderar este proceso, debe impulsar la coordinación con otras zonas del planeta; establecer objetivos realistas en función del nivel de desarrollo; analizar con rigor el impacto en crecimiento y competitividad de los compromisos y la estrategia a seguir, e impulsar la investigación en tecnologías cada vez menos contaminantes para reducir las emisiones per cápita, sin renunciar a ninguna antes de tiempo. Solo así existe una posibilidad de éxito.

Von der Leyen es consciente de la necesidad de actuar globalmente y de hacerlo de forma responsable; pero también está decidida a avanzar unilateralmente en la reducción de emisiones. Ello, de momento, es algo que los ciudadanos europeos parecen acoger con agrado. Pero es necesario tener cuidado: el coste en crecimiento y competitividad para Europa de una estrategia unilateral podría volverse en su contra. Y, lo que es peor, sin haber conseguido resultados.

Al frente de esta tarea estará Frans Timmermans, holandés y socialdemócrata, quien no logró ser elegido presidente de la Comisión por la oposición del este de Europa; precisamente los países más críticos en lo que se refiere a la reducción de emisiones.

El segundo de los temas, completar la unión económica y monetaria, es esencial para asegurar la fortaleza del euro ante cualquier circunstancia adversa. En el pasado, ha sido muy difícil avanzar y, sin embargo, es un asunto que admite ya pocos retrasos, más aún en un contexto de desaceleración que volverá a crear tensiones en la unión monetaria. Las cuestiones que resulta perentorio cerrar son, al menos, tres: la unión de capitales, un seguro europeo de depósitos y un instrumento fiscal ante 'shocks' asimétricos. Idealmente, además, debería mejorarse el sistema por el que los Estados miembros diseñan sus políticas económicas para ser competitivos dentro de la moneda única y, así, evitar desequilibrios excesivos en sus saldos exteriores que debiliten la moneda.

El Parlamento Europeo, durante un pleno. (Reuters)
El Parlamento Europeo, durante un pleno. (Reuters)

Llegar a un acuerdo requerirá de mucho capital político y mano izquierda, así como generosidad, confianza mutua y garantías de rigor económico; no en vano, en última instancia, se trata de que unos países aseguren a otros. Y ello, y más aún tras las secuelas que ha dejado la crisis económica, es un asunto muy sensible para los ciudadanos y, por tanto, para sus políticos.

Profundizar en la unión económica y monetaria es uno de los objetivos declarados de Von der Leyen, aunque sin establecer plazos, lo que podría tacharse de poco ambicioso. Y, sin embargo, es un tema que dará la medida del capital político de la presidenta.

Liderará este asunto Valdis Dombrovskis, letón y miembro del Partido Popular Europeo. Dombrovskis, que prácticamente repite cartera y que, en el pasado, se labró fama de halcón e inflexible con los países del sur, formará tándem con el futuro comisario italiano, el socialista Paolo Gentiloni, a quien Von der Leyen ha encargado, además, una aplicación lo más flexible posible del Pacto de Estabilidad y Crecimiento; y ello podría complicar los avances. Este tándem encarna el binomio responsabilidad-solidaridad que será necesario para alcanzar un acuerdo. Veremos si esta vez es posible.

En tercer lugar, con acierto, Von der Leyen considera prioritario preparar Europa para la edad digital aprovechando todas las oportunidades que esta ofrece. La hegemonía, bienestar y competitividad de Europa dependen en buena parte de que la UE sea capaz de posicionarse a la cabeza de la revolución digital y las nuevas tecnologías, fijando en este ámbito estándares globales tanto técnicos como éticos.

A la cabeza de esta tarea estará Margrethe Vestager, danesa y liberal, conocida por su posición combativa ante las plataformas digitales americanas desde sus responsabilidades al frente de la defensa de la competencia. Ahora deberá, además, ser capaz de liderar una estrategia activa que conduzca Europa a la cabeza de ámbitos como la inteligencia artificial, la robótica o el internet de las cosas.

Y, por último, Europa debe recuperar su posición en la escena global frente a la lucha que enfrenta actualmente a China y Estados Unidos en detrimento del crecimiento, el comercio y el empleo globales. Un resultado exitoso en todos los ámbitos citados contribuirá, sin duda, a ello. Pero, además, será necesario que el comercio basado en reglas, seña de identidad del progreso de la Unión y base de su crecimiento, prevalezca en el orden internacional. Para ello, reformar la OMC en asuntos como subsidios a la exportación, transferencia tecnológica y resolución de disputas es imprescindible.

Josep Borrell, en un acto en Bruselas. (EFE)
Josep Borrell, en un acto en Bruselas. (EFE)

Nuestro comisario, Josep Borrell, alto representante y vicepresidente para una Europa más fuerte en el mundo, tiene un mandato claro y capacidad probada para llevar a cabo la tarea. La parte de comercio la liderará el irlandés Phil Hogan, excomisario de Agricultura. Pero este, primero, deberá despejar la pelota que supone el Brexit.

En definitiva, Von der Leyen se enfrenta a enormes retos para los que tiene una solvencia probada. Pero los condicionamientos políticos que resultan de las últimas elecciones europeas pueden llevar a que lo urgente no sea lo más importante.

Competencia (im)perfecta
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