El ciclo expansivo del que nos ha privado la guerra comercial

Existen fuertes tensiones comerciales que habrían afectado al comercio y al crecimiento mundiales. Parecen haber interrumpido, de forma clara, una posible recuperación

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Hace unos días, Kristalina Georgieva, la nueva directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), advertía de que el mundo se está desacelerando globalmente y anticipaba una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento de la institución para los años 2019 y 2020, previsiones que conoceremos esta misma tarde, cuando se haga público su 'Informe sobre la economía global'.

Entre las razones de esta desaceleración, Georgieva apuntaba a las consecuencias de las tensiones comerciales que vivimos desde hace dos años. Y, en concreto, señalaba que, según los cálculos del FMI, el impacto agregado de las mismas sería, en 2020, de un 0,8% del PIB mundial, esto es, 700.000 millones de dólares o, lo que es lo mismo, aproximadamente la mitad del PIB español. Y es que el daño fundamental de la guerra comercial no es solo el daño de los aranceles por sí mismos, sino, sobre todo, el efecto de pérdida de confianza global que afecta muy directamente a la actividad económica.

En este contexto, resulta interesante analizar cuál es la relación entre el comercio global y el PIB mundial, a partir de sus tasas de crecimiento en los últimos 20 años (ver gráfico) para intentar extraer algunas conclusiones.

Lo primero que llama la atención al observar el gráfico es que existe una relación directa entre las variaciones en el volumen de intercambios internacionales y el ritmo al que crece (o se contrae) la economía global; pero esas variaciones son mucho más intensas en el caso del comercio que en el del PIB.

Así, en ambas series pueden observarse claramente las dos crisis vividas en los últimos 20 años. En primer lugar, la crisis de las 'dot.com' en 2001, que frenó bruscamente el comercio internacional en dicho año, pasando de crecer más del 12% al año en 2000 a tan solo el 0,5%, mientras que el crecimiento global se redujo, sí, pero solo desde el 4,8% a aproximadamente la mitad. Algo parecido sucede con la Gran Recesión, aunque con un impacto mucho mayor: en este caso, los intercambios comerciales pasaron de crecer a más del 9% al año en 2006 para contraerse a más del 10% en 2009 y recuperarse fuertemente en 2010; el PIB mundial también experimentó una fuerte contracción (desde el +5,4% anual en 2006 al -0,11% en 2009), pero mucho más moderada que la del comercio.

Lo segundo que observamos es que, tras superar la Gran Recesión, hasta 2016, hemos asistido a una suave caída del ritmo de crecimiento global, que también ha ido acompañada de un volumen de intercambios globales menos dinámico que antes de las crisis. En 2016, esta tendencia pareció empezar a revertirse, con el comercio internacional recuperando un mayor dinamismo a partir de 2017, año en que duplica su ritmo de crecimiento.

Lo que llama poderosamente la atención es la brusca interrupción que se produce en 2018 de esa recuperación del ritmo de crecimiento de los intercambios globales que se había iniciado en 2016 y que, si bien solo de forma sutil, ya se empezaba a notar en el crecimiento del PIB mundial.

Cabe recordar que 2018 se inicia con el anuncio, por parte de Donald Trump, el 22 de enero, justo un año después de su investidura, de aranceles a paneles solares y lavadoras que, en buena parte, Estados Unidos importaba de China. A este primer anuncio siguieron, a lo largo de 2018 y 2019, otras medidas como nuevos aranceles sobre el aluminio y el acero; actuaciones dirigidas a hacer frente a las “prácticas comerciales injustas de China”, a través de la denominada Sección 301 del Código de Comercio norteamericano; aranceles a bienes industriales y a exportaciones chinas, o la restricción de exportación de tecnología de telecomunicaciones americana, bajo el argumento de garantizar la seguridad nacional. A estas medidas, China respondió con medidas de represalia.

Es decir, desde 2018, existen fuertes tensiones comerciales que parecen haber empezado a afectar al comercio y al crecimiento mundiales. Y al menos, parecen haber interrumpido, de forma clara, lo que podría haber sido una recuperación más larga del ritmo de crecimiento del comercio mundial que, siguiendo los patrones del pasado, se habría trasladado al crecimiento global iniciando un ciclo expansivo en la línea de lo que sucedió tras la crisis de las 'dot.com'.

Por el contrario, nos encontramos en un momento en que el comercio global crece a tasas más bajas de lo que lo hacía hace cuatro años, tras interrumpirse bruscamente en 2018. Ese freno del comercio ha frenado también la incipiente recuperación del ritmo del crecimiento del PIB mundial. Y como las tensiones comerciales continúan y, sobre todo, generan una incertidumbre añadida a la de otros factores, como el Brexit o las tensiones geopolíticas en varias zonas del mundo, existe un riesgo de que esta tendencia de freno al comercio internacional continúe y acabe afectando de forma más profunda al crecimiento del PIB global.

Para la directora gerente del FMI, esto será así en 2019, ya que, según la institución, la economía global se encuentra en un momento de “desaceleración sincronizada” que “llevará a que el crecimiento global, en 2019, sea el menor de hace una década”. Esperemos a esta tarde para salir de dudas.

Competencia (im)perfecta
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