Diferencias entre regiones: una explicación del momento político

Las crecientes disparidades de riqueza entre las distintas regiones de un país pueden convertirse en una amenaza para la estabilidad política

Foto: Ilustración: El Herrero.
Ilustración: El Herrero.
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La existencia de disparidades de renta per cápita entre regiones de un mismo país, incluso en países avanzados, que se mantienen o aumentan en el tiempo, es un tema de creciente interés para la política económica. Y ello especialmente en un mundo fuertemente globalizado y con tensiones políticas y sociales en aumento. No hay duda de que la globalización, acelerada, además, por los avances tecnológicos sobre todo en el mundo digital, ha producido enormes ganancias de bienestar asociadas al aumento de los intercambios y a la especialización mundial que ello conlleva. O, dicho de otra forma, ha aumentado el tamaño de la tarta que es el PIB mundial.

Sin embargo, eso no ha supuesto que todos (países, pero también regiones dentro de un mismo país) se hayan beneficiado en la misma medida. Y ello supone un reto para los responsables políticos en cada país que ven con preocupación las, en muchos casos, crecientes disparidades regionales como una amenaza a la estabilidad política y también, en última instancia, al propio proceso de globalización. De ahí la importancia de conocer el alcance y las causas de estas disparidades para poder poner en marcha políticas adecuadas que permitan reducir las diferencias y aseguren que todos participan del aumento de bienestar asociado al incremento de los intercambios a nivel global.

Foto: Pixabay.
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En esa línea, el Fondo Monetario Internacional acaba de publicar un primer análisis en el que llega a algunas conclusiones muy relevantes. Destacaré tres de ellas: primera, que las disparidades regionales en los países avanzados son grandes; segunda, que estas han aumentado en los últimos 15 años; y tercera, que, en muchos casos, las disparidades entre regiones dentro de una economía avanzada son mayores que las que existen entre las propias economías avanzadas.

Pero ¿qué podemos decir de todo esto en el caso de España?

Consideremos, en primer lugar, la Unión Europea como un conjunto en el que cada uno de los Estados miembros equivale a una región y veamos qué ha pasado con España. En los últimos 15 años, los datos muestran que no se ha producido convergencia entre la renta per cápita española y la media de la UE.

Aunque en las épocas de expansión hemos reducido las diferencias, en las de crisis perdemos todo el terreno ganado

Es cierto que nuestra renta se ha acercado a la de Francia o Italia, pero la diferencia es hoy mayor con Alemania y, además, los países del este de Europa convergen muy deprisa hacia nosotros. Lo que sucede es que, aunque en las épocas de expansión hemos reducido las diferencias, en las de crisis perdemos todo el terreno ganado. Ello ha sido especialmente así durante los años que precedieron a la Gran Recesión, en los que nuestra economía estuvo fuertemente sobrecalentada para posteriormente recibir un fuerte castigo.

Y, dentro de España, ¿qué podemos decir de las diferencias entre regiones y de cómo han evolucionado estas en los últimos 15 años?

En primer lugar, la contabilidad regional de España muestra que existen diferencias notables entre la renta per cápita de las regiones españolas, aunque, como se observa en el reciente estudio del FMI, estas diferencias, comparadas con las existentes en otros países avanzados, son menores. Así, menos disparidad que España tienen países como Reino Unido, Suecia o Francia; mucha más, países como Holanda, Polonia, Italia, Grecia, Finlandia, Alemania —a pesar de la reunificación—, México o Brasil, entre otros. Y, con una disparidad parecida a la nuestra, están Estados Unidos o Dinamarca.

A pesar de ser menores que las de otros países, las disparidades regionales en España son importantes. Solo seis comunidades autónomas tienen una renta per cápita superior a la media y, además, la renta per cápita de las tres comunidades autónomas que representan el 20% de la población con más renta es un 81% superior a la de las tres comunidades autónomas que representan el 20% de la población con menos renta: 34.508 euros per cápita frente a 19.018.

Si miramos la situación a lo largo del tiempo, las diferencias de renta per cápita entre las regiones españolas no han disminuido en los últimos 15 años, mientras que han aumentado en otros países desarrollados. Así, en el año 2000, la renta de las tres comunidades autónomas que representaban el 20% de la población más rica en España era un 79% superior —prácticamente igual que en 2018— al de las tres que representaban a la población más pobre.

Foto: Pixabay.
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Tampoco ha habido grandes cambios en la posición que ocupa cada región, aunque sí alguno bastante relevante. Entre las comunidades autónomas más ricas están, ahora y hace 15 años, Madrid y Navarra. Además, desde el año 2000, la comunidad autónoma que más posiciones ha ganado ha sido Galicia —aunque su renta per cápita está aún por debajo de la media nacional— seguida del País Vasco, que ha reemplazado a Baleares entre las tres más ricas.

Cabe señalar que la renta per cápita de Madrid, en este periodo, también ha seguido aumentando respecto a la media nacional y convergiendo hacia la media de la UE. En el lado contrario, las regiones que más posiciones han perdido han sido Baleares y Canarias, junto con las dos ciudades autónomas.

De todo lo anterior, podemos concluir que el proceso de creciente globalización y especialización parece estar consolidando, en el mundo desarrollado, y también en España, zonas o polos de riqueza regionales, e incluso urbanos, en los que se concentra más la riqueza en forma de empresas, empleo y tecnología. Y esto está agudizando las diferencias en renta per cápita entre regiones tradicionalmente más ricas y las más pobres.

La renta per cápita entre las regiones más ricas tiende a converger más que entre las regiones más y menos ricas dentro de un mismo país

O, dicho de otra forma, la renta per cápita entre las regiones más ricas —independientemente de las fronteras políticas— tiende a converger más que la renta entre las regiones más y menos ricas dentro de un mismo país. Esto pasa, en general, en todas las economías avanzadas, y también en España, aunque aquí esta tendencia parezca ser algo más suave.

Y, ¿qué debemos concluir de todo esto con relación a la política económica y a la mejor forma de asegurar que todas las regiones tienen oportunidades de beneficiarse del aumento de bienestar?

Parece evidente que las políticas que tienen más posibilidades de éxito son aquellas que no establezcan barreras, que favorezcan la existencia de mercados abiertos y flexibles, que permitan moverse libremente los factores productivos, en particular, las inversiones, y que faciliten la contratación, la movilidad de los trabajadores, así como su formación continuada. Esto es lo que permitirá aprovechar todas las oportunidades y la adaptación de cada región a los cambios que inevitablemente se producen en el entorno económico global. Esto siempre ha sido así, pero la rapidez del cambio tecnológico que estamos viviendo, vinculado al mundo digital, lo hace aún mucho más necesario.

Todo esto tiene necesariamente implicaciones desde el punto de vista del diseño de la política de apoyo regional cuyo objeto no debería ser tanto el sostenimiento o la redistribución de rentas, sino el apoyo a políticas como las citadas que permitan la adaptación continuada al cambio de las regiones y de las personas que es, al final, lo que es garantía de crecimiento y bienestar.

Competencia (im)perfecta
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