El impacto de la epidemia en diferentes economías (I): Estados Unidos

La economía estadounidense llegó en bastante buena forma a marzo de 2020 y los datos de los primeros meses apuntaban a cierto dinamismo en la actividad

Foto: La 'Fearless Girl' de Wall Street, frente a la Bolsa de Nueva York. (Reuters)
La 'Fearless Girl' de Wall Street, frente a la Bolsa de Nueva York. (Reuters)
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Nos encontramos en un momento en que el avance de la pandemia parece haber remitido —con mucho esfuerzo y sacrificio— en las zonas que se vieron afectadas en primer lugar, aunque sigue creciendo a un ritmo vertiginoso en otras; un momento en el que algunos países están reabriendo y recuperando la movilidad y las libertades; en el que se han ensayado políticas económicas de hibernación que, poco a poco, se van retirando para dar paso a otras que pretenden ayudar a la reactivación y a la recuperación del pulso económico; en el que, aún con muchas incertidumbres —la principal, la posibilidad de un rebrote en otoño—, conocemos mucho más que hace unos meses del virus y, sobre todo, de sus efectos devastadores también en lo económico, y sabemos también que estos efectos son mayores en función de la estructura económica y situación de partida de cada país, de su grado de apertura exterior, de su margen fiscal, del grado de rigidez de su economía y de la intensidad del confinamiento. Todos los organismos internacionales han realizado ya sus previsiones para 2020 y 2021, y algunos, incluso, como el FMI la semana pasada, las han revisado a la luz de la evolución de la pandemia y del mayor grado de conocimiento que se va teniendo de un 'shock' sin precedentes.

En este contexto, inicio una serie de artículos de opinión que recogerán, para distintas economías, cuál era su situación económica antes de la pandemia, cuál está siendo, o ha sido, la incidencia del virus y cómo han evolucionado algunos de los indicadores más relevantes durante la etapa de confinamiento y, en su caso, durante la salida. Todo ello, terminará poniendo de manifiesto diferencias o similitudes que permitirán extraer conclusiones y explicar por qué la incidencia de la crisis y la velocidad de salida están siendo muy desiguales. Empezaremos esta serie de artículos con Estados Unidos.

La economía de EEUU antes de la pandemia

La economía estadounidense llegó en bastante buena forma a marzo de 2020. Cerró 2019 con un crecimiento del 2,3% (frente al 1,3% de la eurozona) y las previsiones económicas auguraban un 2020 con un crecimiento algo menor, del 2%. La tasa de paro se encontraba en el 3,7%, la más baja desde los años sesenta, y los salarios reales y la productividad estaban creciendo. Por otro lado, el déficit público cerró 2019 en el 4,9% y la deuda en el 108% del PIB, cifras que recomendaban una moderación de los estímulos fiscales que se venían aplicando. Además, Estados Unidos había alcanzado un primer acuerdo comercial con China que, si bien no era más que un alto el fuego, fue recibido con alivio —y hasta con cierto optimismo— por los mercados.

Los datos de los primeros meses de 2020 apuntaban a cierto dinamismo en la actividad. Sin bien la producción industrial seguía acusando los efectos de una débil segunda mitad de 2019 en el sector, las ventas minoristas o el crecimiento del precio de la vivienda mostraban un mayor optimismo. Además, los llamados índices de gestores de compra (los PMI), que indican de forma adelantada la evolución de la actividad del conjunto de la economía o de un sector, señalaban hacia expansión creciente tanto en la industria como en el sector servicios desde finales de 2019. Por último, los índices de confianza de los consumidores se situaban en enero y febrero entre los más altos de la serie histórica y habían estado en aumento desde octubre.

Incidencia del covid-19

En este contexto, llega la pandemia a Estados Unidos. Hasta ahora, el país ha registrado más de 2,5 millones de contagios por coronavirus y ha superado los 125.000 fallecidos. Por millón de habitantes, se han contagiado casi 7.600 personas y fallecido 380. En ambos casos, las cifras son superiores a las de la Unión Europea (2.754 y 298, respectivamente), si bien la tasa de letalidad aparente en Estados Unidos es de menos de la mitad (5%) que en la Unión (10,8%).

Lo más significativo de la evolución de la pandemia en Estados Unidos es que, tras alcanzar un primer pico de contagios y decesos en la segunda quincena del mes de abril —pico que se fue moderando y estabilizando a partir de entonces—, está teniendo lugar un segundo repunte importante desde mediados de junio. El repunte afecta, sobre todo, a estados del sur y el oeste del país, como California, Texas o Florida, a los que la pandemia parece haber llegado algo más tarde que a los de la costa este, como Nueva York, New Jersey, Illinois o Massachusetts. Esta situación afecta a la reapertura y reactivación económica del país, a la percepción de que la situación está controlada y también a la normalización de los viajes internacionales, como muestra la no inclusión de los Estados Unidos en la lista de países a los que la Unión Europea se abrirá a partir de mañana.

Para controlar la epidemia, Estados Unidos ha aplicado restricciones a la movilidad (política 'quédate en casa'), cierre de escuelas, cierre de puestos de trabajo y negocios salvo aquellos esenciales, y limitaciones a la entrada de viajeros internacionales de determinadas zonas, entre ellas, la Unión Europea. La mayoría de estas restricciones se aplican desde mediados de marzo, aunque se han ido relajando, en un sistema de etapas, en función de la evolución de la pandemia en cada estado. Actualmente, todos los estados han comenzado ya la reapertura, pero la reactivación de los contagios en algunos estados puede requerir un retroceso.

Efecto económico de la pandemia

El impacto de la pandemia en Estados Unidos fue posterior en el tiempo respecto a China o la Unión Europea. En el primer trimestre de 2020, el PIB estadounidense cayó, respecto al trimestre anterior, un -1,3% frente al -9,8% en China o el -3,8% en la zona euro. La incidencia está siendo mayor en el segundo trimestre, aunque algunos de los indicadores que se están publicando en el mes de junio están sorprendiendo al alza.

La producción industrial cayó fuertemente en marzo y abril, en tasas interanuales (un -4,88% y un -16,25% respectivamente). En mayo, la caída fue menor a la de abril en términos interanuales (-15,27%) e inferior también a la esperada, y registró un incremento del 1,4% respecto al mes de abril, lo que refleja la vuelta a la actividad de muchas fábricas afectadas por las restricciones. Las más dinámicas fueron las ligadas a automoción y componentes.

Las ventas minoristas cayeron fuertemente en los meses de marzo y abril (-5,6% y -19,9% interanuales) pero parecen haberse recuperado en mayo, con una caída del 6% respecto al mismo mes del año anterior y un fuerte incremento del 17,7% respecto a abril, más del doble de lo esperado. Las ventas de automóviles, que representan aproximadamente la quinta parte de las ventas minoristas y que habían caído fuertemente en marzo y abril, aumentaron más de un 40% en mayo. Estas cifras muestran lo sensible que es, en EEUU, la economía —y sobre todo el consumo— al confinamiento.

La confianza del consumidor se ha visto fuertemente afectada por la pandemia, cayendo en marzo y abril. En mayo, ha habido una ligera recuperación, pero inferior a la esperada y aún muy lejos de los niveles precrisis.

Los índices PMI tanto industrial como, sobre todo, de servicios han caído de forma muy pronunciada desde el mes de marzo, indicando contracción de la actividad, especialmente en mayo, con niveles históricamente bajos (de 26 en servicios y de 36 en manufacturas). Sin embargo, los últimos publicados empiezan a acercarse a la zona de expansión, sobre todo en manufacturas.

Pero, sin duda, donde más impactante ha sido el efecto de la pandemia es en el mercado laboral. Las peticiones semanales de prestaciones por desempleo sorprendieron a finales de marzo con un aumento de hasta los 3,3 millones, cuando se esperaba en torno a un millón. Se trataba del mayor incremento de este indicador desde el inicio de su publicación en 1967. Desde entonces, el número semanal de nuevas peticiones siguió aumentando hasta mediados de abril, para empezar a caer después. Actualmente, hay unos 19,5 millones de norteamericanos bajo programas de desempleo, cifra que ha disminuido desde casi 25 millones a mediados de mayo. La tasa de paro refleja algo similar: aumentó hasta un máximo del 14,7% en abril, para mejorar ligeramente (13,3% en mayo), a medida que la economía se reabría.

Para favorecer la recuperación, el Gobierno norteamericano ha adoptado varios paquetes de apoyo. El principal, por valor de dos billones de dólares, se centra, como en otros países, en el apoyo a las pymes y al sostenimiento de rentas, incluyendo transferencias directas, en función del nivel de renta. También ha reforzado el sistema sanitario y la capacidad de lucha contra la pandemia, aprobado apoyos adicionales en forma de avales y préstamos a pymes y reforzado los esquemas de ayuda a vulnerables. Se espera que 2020 cierre con un déficit público superior al 15% del PIB.

Mirando hacia futuro, las últimas previsiones publicadas, las del FMI, auguran una caída del PIB estadounidense, en 2020, del -8% y un crecimiento del 4,5% en 2021, quedando su PIB, a finales de 2021, en un nivel inferior en un 3,9% al de 2019 (un 4,8% en el caso de la zona euro).

En conclusión, a pesar de una incidencia de la pandemia aguda y más tardía que en otras zonas, de haber aplicado políticas de confinamiento durante varias semanas y de tener un margen fiscal ajustado, Estados Unidos podría recuperarse algo mejor que otras regiones, en particular que la Unión Europea, gracias a los apoyos monetario y fiscal puestos en marcha y, sobre todo, a contar con una economía muy flexible que le permite contraer la actividad con más facilidad (hibernarla, si queremos) pero también recuperarla rápidamente, una vez las restricciones terminan. En todo caso, la evolución de la situación en los próximos meses está presidida, sin duda, por la incertidumbre. A la posibilidad de un rebrote en otoño, hay que añadir el hecho de que la pandemia parece lejos de estar controlada, como muestran los repuntes recientes. Y ello podría derivar en nuevos cierres y restricciones, al menos en parte del país, lo que retrasaría la reactivación económica, con repercusiones globales.

Pero en todo esto influirá también, sin duda, que en noviembre hay elecciones presidenciales. Y ello puede llevar a la Administración actual a acelerar la reapertura con consecuencias impredecibles. Por supuesto, la aparición de una vacuna o un tratamiento eficaz cambiaría por completo el escenario en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Competencia (im)perfecta
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