Impacto de la epidemia en diferentes economías (II): Europa

La economía europea llegó a la crisis en una situación de crecimiento moderado, pero estable. Las cifras, sin embargo, ocultaban importantes diferencias entre Estados miembros

Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters)
La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters)
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La economía europea llegó a la crisis en una situación de crecimiento moderado, pero estable. Cerró 2019 creciendo al 1,5% (1,2%, en el caso de la zona euro) y, en febrero de 2020, la Comisión Europea esperaba que ese crecimiento se moderara ligeramente hasta el 1,4% en la Unión (1,2% para la zona euro) durante los dos años siguientes. Además, la zona euro estaba disfrutando del periodo de crecimiento sostenido más largo desde su creación.

La tasa de paro de la Unión se encontraba en el 6,7% (el 7,5% en el caso de la zona euro) al acabar 2019, por debajo de los niveles previos a la crisis financiera. Las cuentas públicas estaban saneadas: el déficit público, tanto de la Unión como de la zona euro, se encontraba en el -0,6% al cerrar 2019, aunque la deuda (el 79,4% del PIB en la Unión y el 86% en la zona euro) todavía no había alcanzado el nivel de referencia del 60%.

Estas cifras, sin embargo, ocultaban importantes diferencias entre Estados miembros. Había superávits superiores al 1% en países como Alemania, Chipre, Luxemburgo u Holanda junto a déficits en el entorno del 3% en Francia o España. Además, la ratio deuda-PIB de países como España, Chipre, Francia, Bélgica, Portugal, Italia y Grecia, en el entorno del 100% o superior, mostraba consecuencias de la crisis de deuda. Ello hacía que los estados miembros se encontraran en una situación muy dispar respecto al margen con que contarían en caso de una nueva crisis que, sin embargo, entonces nadie contemplaba en un horizonte cercano.

Por otro lado, algunos de los riesgos que más habían preocupado en 2019, como la amenaza de un Brexit duro o las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, parecían estar moderándose, aunque seguía predominando un entorno incierto que afectaba, sobre todo, a la inversión y expectativas de la industria manufacturera. A principios de febrero de 2020, el coronavirus parecía algo lejano y no una amenaza real ni importante para las economías europeas.

Los datos de los primeros meses de 2020 apuntaban a una evolución económica mixta en el año. Por un lado, la producción industrial acusaba todavía los efectos de una débil segunda mitad de 2019, en particular en el sector de automoción, sobre todo en Alemania, y, en general, en bienes de equipo con una demanda débil que se veía afectada por una frágil confianza del consumidor. Por otro, el indicador del sentimiento económico de la Unión parecía mejorar en los dos primeros meses de 2020, como resultado, sobre todo, del aumento de la confianza de los consumidores, pero, también, de la industria. Además, los llamados índices de gestores de compra (los PMI), que indican de forma adelantada la evolución de la actividad del conjunto de la economía o de un sector, apuntaban desde enero hacia una mejora en las manufacturas que, si bien aún se situaban en el terreno de la contracción, se aproximaban hacia la expansión, mientras que el sector servicios se mantenía estable, en terreno positivo.

Incidencia del covid-19

En este contexto económico mixto, llega la pandemia a la Unión Europea. Hasta ahora, la Unión ha registrado más de 1,28 millones de contagios por coronavirus y superado los 134.000 fallecidos. Por millón de habitantes, se han contagiado algo más de 2.800 personas y fallecido 300. En ambos casos, las cifras son inferiores a las de Estados Unidos (9.620 y 405, respectivamente); sin embargo, la tasa de mortalidad aparente en la Unión Europea es más del doble (10,4%) que la de Estados Unidos (4,2%), en parte, probablemente, porque en este último caso se hayan hecho más test por habitante.

La pandemia alcanzó en la Unión Europea su punto máximo de contagios a finales de marzo (en abril, el de fallecidos) y, desde entonces, los números han ido descendiendo gradualmente hasta estabilizarse, sin observarse, de momento, repuntes significativos desde la reapertura. La pandemia parece controlada, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos o en algunos emergentes, sobre todo Brasil o India. Uno de los elementos destacables de incidencia de la pandemia es su asimetría. Por un lado, si bien el perfil es similar en todos los países europeos, afectó antes a España e Italia. Por otro lado, los contagios por millón de habitantes son especialmente altos en Luxemburgo, Suecia y España (con 6.000 o más); y el número de fallecidos, también por millón de habitantes, es mayor en Bélgica, Reino Unido, España, Italia y Suecia (con 500 o más). En el extremo contrario, se sitúan países tan dispares como Alemania o Grecia.

El control de la pandemia ha pasado por la aplicación de duras restricciones a la movilidad, la mayoría desde el mes de marzo y con ciertas diferencias, según los países: cierre de escuelas; reducción de la actividad a aquellas esenciales; fuertes limitaciones, incluso, a la entrada de ciudadanos comunitarios, y cierre de fronteras exteriores de la Unión. En estos momentos, las restricciones, en buena parte, se han levantado y la frontera exterior se ha reabierto para un número limitado de países. Todo ello está traduciéndose en una cierta recuperación de la actividad en toda la Unión, aún lejos de los niveles precovid.

Efecto económico de la pandemia

El impacto económico en la Unión Europea de la pandemia y de las medidas adoptadas para su contención está siendo muy profundo —se trata de la mayor recesión de su historia— y, además, asimétrico, según los países, siendo especialmente intenso en los países del sur.

En el primer trimestre de 2020, el PIB de la Unión cayó, respecto al trimestre anterior, un -3,2% (un -3,6% en el caso de la zona euro) frente al -9,8% en China o el -1,3% en Estados Unidos. La incidencia del confinamiento en el segundo trimestre está siendo aún mayor, sobre todo en el mes de abril, aunque también en mayo, experimentando ambos meses caídas de actividad sin precedentes (se espera una caída del PIB del 13,5% en la Unión en el segundo trimestre de 2020). Sin embargo, tras una apertura gradual en mayo, algunos de los indicadores de mayo y, sobre todo, junio están sorprendiendo al alza y la actividad económica parece estar adquiriendo cierto dinamismo. En todo caso, los indicadores están aún lejos de los niveles previos a la pandemia.

Como consecuencia del confinamiento, la producción industrial cayó fuertemente en marzo y abril, en tasas interanuales en la Unión (un -12% y un -27,1% respectivamente). Las caídas en la zona euro fueron algo mayores (13,5% y 28%, en marzo y abril). El dato de mayo se conocerá hoy.

Las ventas minoristas también registraron fuertes caídas en la Unión Europea en los meses de marzo y abril (-8% y -18% interanuales, respectivamente) pero parecen haberse recuperado en mayo, con una moderación de la caída respecto a hace un año (-4,2% en la Unión y -5,1% en la zona euro) y un fuerte incremento del 16,4% en la Unión y del 17,8% en la zona euro, respecto a abril. Las partidas más dinámicas fueron textiles, ropa y calzado.

El indicador de sentimiento económico de junio de la zona euro ha mejorado respecto a mayo (75,7 frente a 67,5), aunque se quedó algo por debajo de las expectativas. Se trata de la segunda subida desde las caídas de marzo (-8,9 puntos) y abril (-27,2 puntos) que afectaron a todos los sectores, pero muy particularmente a servicios y comercio minorista, así como a la confianza de empresarios y consumidores. Los países con las mayores caídas en ambos meses fueron Países Bajos, España, Grecia y Francia (sin que haya datos para Italia, debido al confinamiento). La recuperación de mayo se debió fundamentalmente al sector industrial y a cierto repunte en la confianza del consumidor, mientras que la de junio ha sido generalizada y especialmente fuerte en ventas minoristas. Todas las economías grandes del euro registraron importantes mejoras.

Para favorecer la recuperación, tanto las instituciones como los gobiernos han optado por medidas dirigidas a sostener el tejido productivo

Los índices PMI de la zona euro tanto industrial como, sobre todo, de servicios han caído de forma muy pronunciada desde el mes de marzo, indicando contracción de la actividad. En manufacturas, el índice más bajo fue el referido a marzo (un 33,4) y, en servicios, el de abril (un 12). Sin embargo, los indicadores publicados posteriormente se han ido recuperando, acercándose a la zona de expansión, sobre todo en servicios.

Para favorecer la recuperación, tanto las instituciones europeas como los gobiernos nacionales han adoptado medidas dirigidas a apoyar al tejido productivo, sobre todo a las pymes (con avales, préstamos, ayudas directas o aplazamiento de impuestos), y al sostenimiento de rentas. Las medidas adoptadas han variado en función del espacio fiscal de cada Estado miembro y la intensidad de la crisis. En consecuencia, se espera que, en 2020, la Unión cierre con un déficit público del 8,3% del PIB (del 8,5% en la zona euro) y una deuda del 102%.

Además, las instituciones de la UE están adoptando una combinación de políticas monetaria y fiscal expansiva para compensar los efectos del coronavirus en la economía y en los mercados de deuda. La política monetaria, con un programa específico —el PEPP— de 1,35 billones de euros, junto con otras medidas de compra de deuda pública y de facilitar la liquidez al sistema bancario. Y la política fiscal, con medidas de apoyo puntuales en 2020 pero, sobre todo, con la activación de la cláusula de escape del Pacto de Estabilidad, que da margen adicional de gasto a los Estados miembros, y la propuesta de la Comisión —aún por aprobar— de un instrumento para facilitar la recuperación por importe de 750.000 millones de euros, Nueva Generación UE.

Mirando a futuro, las últimas previsiones publicadas, las de la Comisión Europea hace unos días, auguran una caída del PIB de la Unión, en 2020, del -8,3% (del -8,7% en la zona euro) y un crecimiento del 5,8% en la Unión (y del 6,1% en la zona euro) en 2021, quedando el PIB de la Unión, a finales de 2021, en un nivel inferior en un 3% al de 2019 (un 3,1% en el caso de la zona euro). Pero, además, en algunos países, la contracción en 2020 será especialmente severa, cercana o superior al 10%: es el caso de Grecia, Portugal, Francia, Croacia, España o Italia. Y, además, su recuperación, aunque intensa, será insuficiente para compensar la pérdida de PIB. Ello llevará a que el PIB, a finales de 2021, se encuentre más de un 4% por debajo del de 2019 en Italia, España, Portugal y Croacia, y más de un 3% por debajo del de 2019 en Francia, Finlandia y Grecia (ver gráfico).

En definitiva, tras un periodo de intenso confinamiento que, por el momento, parece haber permitido contener la pandemia, la actividad económica empieza a recuperarse, aunque de forma dispar en cada Estado miembro, en función de sus estructuras económicas, capacidad de apoyo a la economía y confianza de los agentes económicos. Si la pandemia continúa controlada, no aparece una segunda ola de contagios y las restricciones aún existentes pueden seguir levantándose, es esperable una recuperación parcial en 2020 y 2021.

Sin embargo, cualquier previsión sigue presidida por la incertidumbre. Por un lado, el deterioro en el entorno internacional que está suponiendo la aceleración de la pandemia en Estados Unidos y los países emergentes, así como la posible existencia de daños permanentes en las estructuras económicas que aún no son visibles o la aparición de una segunda ola de contagios pueden condicionar fuertemente la recuperación.

Por otro lado, la aprobación en próximas fechas del paquete de recuperación propuesto por la Comisión, Nueva Generación UE, daría más fuerza a la recuperación en 2021, contribuyendo a mitigar el impacto, sobre todo, en aquellos países más afectados, pero también en el conjunto de la Unión. Y, por supuesto, la aparición de una vacuna o un tratamiento eficaz cambiaría por completo el escenario en la Unión Europea y en el resto del mundo.

Competencia (im)perfecta
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