Impacto de la pandemia en diferentes economías (III): China

El acuerdo comercial alcanzado con EEUU, si bien no era una solución definitiva, auguraba un 2020 con menores tensiones comercial, algo muy importante para la exportadora economía China

Foto: Un trabajador chino en una fábrica de coches. (Reuters)
Un trabajador chino en una fábrica de coches. (Reuters)
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La economía china llegó a la crisis en una situación de dinamismo económico, si bien la guerra comercial con Estados Unidos estaba pasando factura y, para compensarlo, el Gobierno chino había puesto en marcha una política fiscal expansiva con cierto impacto. China cerró 2019 con un crecimiento del 6,7% y las previsiones económicas de principios de año auguraban un 2020 con un crecimiento algo menor, del 6%. La tasa de paro se encontraba a finales de 2019 en el 5%, tras haber repuntado ligeramente antes del verano, y la inflación se situaba en el 3%, un valor algo más alto que en meses anteriores, probablemente como consecuencia del impulso fiscal. El déficit público cerró 2019 en el 6,3% (frente al 4,7% de 2018) y la deuda pública en el 52% del PIB (frente al 47%, un año antes). Estas cifras reflejaban el impulso fiscal aplicado, pero no resultaban excesivas dado el ritmo de crecimiento. El acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos, si bien no era una solución definitiva, auguraba un 2020 con menores tensiones comercial, algo muy importante para la exportadora economía China.

De hecho, los datos inmediatamente anteriores a la pandemia apuntaban a una aceleración de la actividad. Así, la producción industrial a finales de 2019 estaba creciendo por encima del 5% arrastrada por un crecimiento de las exportaciones que, en diciembre, superaban los 237.000 millones de euros, por encima de los 220.000 millones que se registraban en los meses anteriores. Además, los índices de gestores de compra (los PMI), que indican, de forma adelantada la evolución de la actividad del conjunto de la economía o de un sector, apuntaban hacia una expansión creciente, tanto en la industria como en el sector servicios, desde finales de 2019, situándose el índice compuesto de diciembre en el 54 frente al 51 antes del verano. Por último, los índices de confianza de los consumidores, a finales de año, estaban en máximos desde mediados de los 90 y habían estado aumentando desde septiembre.

Incidencia del covid-19

En este contexto de dinamismo, llega el virus. China fue el país origen, y la pandemia no fue reconocida como global por la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta el 11 de marzo. Pero los primeros casos en China se produjeron a finales de 2019 (según algunos estudios, incluso, tan pronto como en el mes de octubre). Hasta ahora, según las cifras oficiales del Gobierno chino, el país ha registrado unos 86.400 contagios por coronavirus y 4.650 fallecidos. Por millón de habitantes, de nuevo según datos oficiales, se han contagiado unas 60 personas y fallecido tres, con una tasa de mortalidad aparente del 5,4%.

Se trata de cifras muy bajas en comparación con la incidencia de la pandemia en el resto del mundo. Así, por ejemplo, Estados Unidos ha registrado, hasta la fecha, más de 12.600 contagiados por millón de habitantes y 442 fallecidos, y la Unión Europea, 3.060 y 305, respectivamente. Aunque en el caso de China el covid estuvo muy contenido en Wuhan y su entorno y las autoridades adoptaron duras medidas para toda la población, las cifras parecen excesivamente bajas y existen dudas sobre su fiabilidad en la comunidad internacional.

Hay dos elementos significativos de la evolución de la pandemia en China. El primero, que tuvo lugar mucho antes que en el resto del mundo, alcanzándose su incidencia máxima, tanto en contagios como en fallecidos, a mediados de febrero para descender después muy rápidamente. El segundo que, tras el descenso inicial, ha habido, al menos, dos repuntes, pero, de momento, de mucha menor intensidad que la primera oleada de contagios. El primero de ellos tuvo lugar entre mediados de marzo y mediados de abril y, el segundo, desde mediados de junio, alcanzando fuerza, sobre todo, desde principios de julio. Se trata, además, fundamentalmente de casos de transmisión local, lo que está aumentando los temores de aparición de una segunda oleada.

En China, el control de la pandemia pasó por la aplicación de duras restricciones a la movilidad interna y a la actividad económica (con cierre de fábricas, escuelas y seguimiento de movimientos de los ciudadanos), que fueron particularmente duras en la zona de Wuhan, además de restricciones a la entrada de viajeros internacionales. Las restricciones en China comenzaron a levantarse en el mes de marzo, lo que se ha traducido en una intensa recuperación de la actividad económica, si bien aún sin alcanzar los niveles precovid en todos los casos.

Efecto económico de la pandemia

El impacto económico de la pandemia en China está siendo importante, pero, paradójicamente menor que en otras partes del mundo, en parte por ser una economía industrial y exportadora. El impacto se concentró en los dos primeros meses de 2020, arrastrando el PIB trimestral a una caída del 9,8% respecto al último trimestre de 2019. Como referencia, en la zona euro, la caída del PIB prevista para el segundo trimestre del año (el comparable según el momento de la incidencia de la pandemia) es del 13,6%.

La producción industrial cayó fuertemente en enero y febrero, conjuntamente un 12% respecto al mismo periodo del año anterior. En marzo, la caída en términos anuales se moderó fuertemente, para crecer a partir de abril hasta alcanzar un crecimiento del 4,8% en junio, respecto al mismo mes del año anterior. Es decir, en estos momentos China está incrementando su producción a ritmos comparables a antes del covid-19. Las industrias más dinámicas son automóvil (13% en junio), equipamiento electrónico (12,6%) y maquinaria eléctrica (8,7%).

De forma paralela, las exportaciones de bienes que se habían derrumbado un 17% en los primeros meses del año por el covid-19, han alcanzado en junio ya los 213.000 millones de dólares.

Por su parte las ventas minoristas registraron fuertes caídas del 20% conjuntamente en los meses de enero y febrero respecto al mismo periodo de 2019. Empezaron a recuperarse en marzo y el dato de junio indica tan solo una caída del 1,8% respecto al mismo mes del año anterior. En términos intermensuales, el crecimiento es ligeramente positivo desde marzo. Las partidas más dinámicas están siendo cosmética y cuidado personal, electrodomésticos y telecomunicaciones.

La confianza del consumidor también se ha visto fuertemente afectada por la pandemia, cayendo de forma brusca en febrero, y sin recuperarse después, salvo un momento de mayor optimismo en marzo, coincidiendo con la reapertura. Muy probablemente, ello explica la menor recuperación relativa de las ventas minoristas, aunque aún no se ha publicado el dato del mes de junio.

Trabajadores con mascarilla en una fábrica en China. (Reuters)
Trabajadores con mascarilla en una fábrica en China. (Reuters)

El índice PMI compuesto se derrumbó en febrero hasta 27,5, para recuperarse rápidamente a partir de marzo (46,7) y situarse en la zona de expansión en mayo y junio con valores muy altos de 54,5 y 55,7, respectivamente.

El mercado de trabajo también se ha visto afectado. La tasa de paro se situó en febrero en el 6,2% para descender hasta el 5,7% en junio, a medida que la economía se ha reabierto

Para favorecer la recuperación el Gobierno chino intensificó su política fiscal expansiva. Como resultado, el déficit se situará, según el Fondo Monetario Internacional, en el 12,1% del PIB a finales de 2020 y en el 10,7% a finales del 2021. La deuda pública se situaría a finales de 2021 en el 71% del PIB, 19 puntos más que en 2019.

Mirando hacia el futuro, las últimas previsiones publicadas, las del FMI, auguran un incremento del PIB chino, en 2020, del 1%, convirtiéndose China en la única de las economías grandes que tendrá crecimiento positivo en 2020. En 2021 crecerá, además, un 8,2%, lo que situará su PIB, a finales de 2021, en un nivel superior en un 9,2% al de finales de 2019 (un -3,9% en el caso de Estados Unidos y un -4,8% en el caso de la zona euro).

En conclusión, el balance previsto de los efectos económicos de la pandemia en China, con una incidencia anterior en el tiempo, es mejor que en el resto del mundo: su PIB, con una fuerte caída en el primer trimestre de 2020, crecerá en el conjunto del año, con una producción industrial aumentando ya a ritmos comparables a antes de la pandemia que exporta prácticamente en su totalidad. Además, la evolución prevista en 2021 situará a China en una situación mejor respecto a 2019 que la de las otras dos grandes zonas, Estados Unidos y la UE. Todo ello, eso sí, bajo una situación de gran incertidumbre que, en el caso de China, afecta, sobre todo al riesgo de estar aproximándose a una segunda ola de contagios.

Competencia (im)perfecta
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