Vuelve la crisis con el final del verano

Los datos del PMI han dejado una recaída inesperada de la actividad de los servicios, que, al margen del hundimiento del confinamiento, se trata de la mayor contracción desde 2012

Foto: Imagen: Pablo López Learte.
Imagen: Pablo López Learte.

La crisis del coronavirus ha dejado la peor temporada turística desde que hay datos. Sin embargo, por mala que haya sido, al menos los viajes de los residentes en España permitieron minimizar el golpe. No obstante, una vez que ha terminado el verano, la economía ha vuelto a sufrir un parón, agravado por los rebrotes del coronavirus.

Los datos de la encuesta PMI (a gestores de compras) muestran un frenazo del sector servicios con el inicio del otoño. Un parón especialmente grave en España, que si bien durante el confinamiento fue el país que sufrió la peor recesión, ahora, con la recuperación, también está siendo el peor de Europa. Esto dejará una brecha que el país tardará años en cerrar, si es que lo consigue.

La encuesta de septiembre muestra una intensa caída de la actividad y del empleo que contradice los aparentemente buenos datos del mercado laboral español de septiembre. Las empresas reportaron una congelación de la entrada de nuevos pedidos, tanto procedentes del mercado nacional como del internacional, lo que provocó un parón de la producción y la vuelta de los despidos. La recuperación de la reapertura se queda así en suspensión a la espera de conocer si España es capaz de frenar la expansión del virus.

“La actividad disminuyó por segundo mes consecutivo y al ritmo más pronunciado desde mayo pasado, ya que los volúmenes de ventas se redujeron a un ritmo acelerado”, explica PMI en su informe. “La caída de las cargas de trabajo llevó a otra ronda de pérdidas de puestos de trabajo, ya que las empresas optaron por controlar sus costes”. El margen financiero que le queda al sector privado después de meses de crisis se ha reducido mucho y ya no es como el que tenía al inicio de la pandemia. Además, ahora la expectativa es que la crisis será duradera, de modo que tienen que estar optando por hacer una política de gastos muy prudente. El indicador de actividad cayó hasta 42,4 puntos, muy por debajo del umbral de 50, que es el que marca la separación entre expansión y contracción de la producción.

La caída de las cargas de trabajo llevó a otra ronda de pérdidas de puestos de trabajo, ya que las empresas optaron por controlar costes

Esta caída es la más pronunciada de todos los países europeos encuestados. De hecho, la media de la eurozona se mantiene en fase de expansión, aunque sufrió en septiembre una importante ralentización. Ningún país se aproxima a los malos datos de España, convertida ya en la oveja negra dentro de Europa. Su incapacidad para dar una respuesta política al aumento de los contagios hace que su horizonte económico se complique a medida que avanza la pandemia.

La contracción de la producción en el sector servicios no se acerca a la sufrida durante los meses del confinamiento, cuando el indicador llegó a hundirse por debajo de 10 puntos, un dato nunca visto. Sin embargo, si se descuenta esa caída, el descenso registrado en septiembre supone el peor dato desde el año 2012, tras el rescate a España. Esto significa que la situación del sector servicios es muy delicada y el riesgo de una recaída de la actividad no es descartable en absoluto.

El riesgo de que se produzca la llamada ‘doble caída’ está aumentando

“Debido al aumento de la destrucción de empleo, los márgenes de beneficios bajo presión y la posibilidad de crecientes restricciones para evitar una mayor propagación del covid-19, el riesgo de que se produzca la llamada ‘doble caída’ está aumentando”, alerta Paul Smith, director de Economía de IHS Markit. La situación es muy delicada, y más si se tiene en cuenta la dependencia de España del sector servicios.

La industria se ha convertido en el sector que tira de la economía, ya que no requiere de contacto físico para la producción ni para el consumo. Esto explica, por ejemplo, la brecha que consiguen Alemania y el resto de economías industrializadas respecto al sur de Europa, que está desindustrializado. En el caso español, la industria no solo es escasa sino que su especialización en sectores de bajo valor añadido hace que tenga más difícil competir en el mercado internacional.

Esto explica que el PMI manufacturero de España también sea el más rezagado de la eurozona, situándose en 50,8 en septiembre, tres puntos por debajo de los países del euro. La debilidad del tejido productivo es un lastre para el PIB y el empleo, lo que obligará al Ministerio de Economía a corregir sus previsiones de crecimiento para este año a la baja. El Consejo de Ministros prevé aprobar este mismo martes el nuevo cuadro macroeconómico recogiendo ya una caída del PIB superior al 10%. Cifra que se aproxima algo más al consenso de mercado, pero que todavía sigue lejos de la caída que pronostican los expertos.

Consecuencias económicas
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