El empleo en la banca tras los ajustes: menos trabajos y mejor remunerados
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Javier G. Jorrín

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El empleo en la banca tras los ajustes: menos trabajos y mejor remunerados

El salario en el sector bancario ha aumentado en 750 euros al mes desde la burbuja y sube a medida que el empleo se concentra en las grandes ciudades financieras de Madrid

placeholder Foto: Sede de CaixaBank en Barcelona. (EFE)
Sede de CaixaBank en Barcelona. (EFE)

Lo que el Gobierno no supo ver (o no quiso) de la venta de Bankia a CaixaBank es que abría la puerta a una nueva ola de despidos en el sector. En los próximos meses, serán despedidos o prejubilados más de 10.000 trabajadores, mientras los salarios en las cúpulas siguen dando vértigo. El Ejecutivo está intentando recomponer su situación, pero difícilmente podrá evitar los ERE que ya están en marcha. La estrategia de criticar los sueldos de los directivos es muy eficaz desde el punto de vista del mensaje político, pero es difícil que consiga traspasar el trecho que hay hasta los hechos.

Los bancos aseguran que estos despidos son imprescindibles para sobrevivir, y que sin ellos vendrían ajustes mucho más duros en el futuro. Es cierto que su negocio ha cambiado, en especial por la digitalización, y que las transiciones tecnológicas son siempre complicadas porque dejan muchos afectados por el camino. Sin embargo, es inevitable preguntarse si esta es la mejor solución. O, incluso, si es la única, como afirman desde las entidades. Mi intención con este análisis es hacer una fotografía de la situación actual del sector después de más de una década de transformación.

Foto: Imagen de la ciudad financiera del BBVA en Madrid. (EFE)

El ajuste en la banca comenzó de forma traumática en el año 2009, cuando llegó a España el golpe de la crisis financiera provocando el estallido de la burbuja inmobiliaria. Según los registros de la EPA, el sector financiero daba trabajo en el año 2008 a casi medio millón de personas. En España, había más trabajadores de banca que agricultores, ganaderos y pescaderos juntos, y casi la mitad que profesores. Se trataba de un sector sobredimensionado, poco eficiente y azuzador del fuego que calentó la burbuja inmobiliaria.

El ajuste desde entonces ha sido traumático. Desde 2009 hasta 2020, las entidades han destruido casi 60.000 empleos, lo que supone la pérdida del 13% del empleo. Según los registros de afiliaciones a la Seguridad Social, la cifra es incluso superior: se habrían destruido 73.000 empleos, el 19% del total. Ambas dan muestra de la magnitud del ajuste: es casi como si las empresas de electricidad y gas despidiesen a todos sus trabajadores.

Mientras se destruía empleo, los salarios no paraban de crecer. Desde el pico de la burbuja inmobiliaria hasta 2020, el salario medio de la banca ha crecido un 19,5%, como muestran los datos de la encuesta de coste laboral del INE. A pesar de la crisis del coronavirus, el salario bruto por trabajador es 753 euros al mes superior al existente en el pico de la burbuja. Solo hay dos actividades en las que los salarios han crecido más rápido: en la energía, como consecuencia de la incorporación de nuevos trabajadores que gestionan las energías renovables, y en la minería. El resto de los sectores están todos muy lejos.

En España, el salario medio ha aumentado apenas un 5,8% en estos años y el incremento en términos absolutos es de 104 euros al mes. Esto es, en la banca han subido los salarios siete veces más. Solo con este dato, el discurso político estaría construido. Es necesario, sin embargo, profundizar más para tener un análisis completo.

Una destrucción de empleo tan relevante, de entre el 13 y el 19%, es capaz de generar un efecto composición sobre el salario medio. En este caso, lo que ha ocurrido es que el reajuste de la banca se ha realizado cerrando oficinas, que son los trabajadores de las entidades con los salarios más bajos. La salida de los niveles inferiores de la distribución salarial provoca que la media suba incluso aunque los salarios nominales se mantengan inalterados. Esto no significa que los sueldos en la banca no hayan crecido durante todos estos años, sin duda lo han hecho, pero no con la intensidad que muestra el avance del 20% del salario medio.

La concentración del empleo de la banca en las 'ciudades financieras' hace que el salario medio suba de forma inevitable, ya que en estas oficinas se sitúan algunos de los sueldos más elevados de todo el país. El resultado es que el salario medio en la banca alcanzó los 4.619 euros brutos al mes (excluidas las cotizaciones sociales a cargo del empleador) en 2020. Solo un sector, el de la energía, tiene ahora salarios más altos. Sin embargo, si se compara con el salario medio de España, el de la banca es un 143% superior, lo que invita a reflexionar sobre cuál es el valor añadido del sector sobre la economía si su actividad es tan poco rentable como para necesitar decenas de miles de despidos, pero al tiempo mantiene a aquellos trabajadores con unas retribuciones más elevadas.

El efecto territorial

La distribución por territorios del empleo en la banca evidencia que esto es justo lo que ha ocurrido durante este periodo. Si se compara el empleo del sector financiero por comunidades autónomas, se aprecia la intensa destrucción de trabajo desde el año 2009. Todas las comunidades han sufrido una pérdida de empleos superior al 20%, y en algunas regiones llega hasta el 30%, en especial en aquellas donde han desaparecido entidades históricas, como Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Asturias o Castilla y León. Sin embargo, destaca sobre todas ellas Cantabria, sede social del Banco Santander, que ha perdido desde 2009 nada menos que uno de cada tres empleos de banca. Datos que contrastan con el crecimiento de la Ciudad Financiera del Santander en Boadilla del Monte, Madrid.

Sin embargo, hay una autonomía en la que el empleo en la banca no solo no se ha reducido, sino que ha crecido: Madrid. En 2020, durante la pandemia, había en la comunidad casi 3.500 afiliados más que en el pico de la burbuja financiera. Eso no significa que en Madrid no se hayan cerrado oficinas, ya que ha ocurrido como en el resto de España. Sin embargo, los grandes bancos han concentrado sus servicios centrales en torno a la capital, donde disponen de cercanía con el poder político y económico así como mano de obra cualificada.

Una parte del empleo perdido en las oficinas, esto es, en las provincias, se ha sustituido por trabajadores muy formados en las oficinas centrales de Madrid. Un ejemplo más de cómo la concentración de empresas contribuye a la despoblación de una buena parte del territorio nacional en favor de la capital. Lo que esconde este dato es que el ajuste del empleo ha sido más intenso que los 73.000 trabajos perdidos que muestran los datos de la Seguridad Social, ya que esta cifra está compensada con la incorporación de trabajadores a los servicios centrales. Si se excluye Madrid, en el resto de España se ha perdido nada menos que el 27% del empleo en el sector financiero desde 2009 hasta 2020.

Se trata, además, de un proceso de sustitución de empleos, ya que los trabajadores que salen no tienen la cualificación para ocupar los nuevos empleos. En las ‘ciudades financieras’ se demandan ingenieros, informáticos, matemáticos, analistas, abogados… Perfiles que no se pueden cubrir con los trabajadores de las oficinas comerciales.

El ajuste de la banca tiene, por tanto, implicaciones evidentes, no solo sobre el empleo, sino también sobre la distribución de la renta dentro del país. Los ERE afectan especialmente a las provincias, en especial a las pequeñas y medianas ciudades, mientras que se fortalece la economía madrileña y obliga a emigrar a la capital a muchos trabajadores cualificados que quieren trabajar en el sector financiero.

Lo que el Gobierno no supo ver (o no quiso) de la venta de Bankia a CaixaBank es que abría la puerta a una nueva ola de despidos en el sector. En los próximos meses, serán despedidos o prejubilados más de 10.000 trabajadores, mientras los salarios en las cúpulas siguen dando vértigo. El Ejecutivo está intentando recomponer su situación, pero difícilmente podrá evitar los ERE que ya están en marcha. La estrategia de criticar los sueldos de los directivos es muy eficaz desde el punto de vista del mensaje político, pero es difícil que consiga traspasar el trecho que hay hasta los hechos.

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