No hay solución óptima ante la crisis

Cuando prácticamente nos habíamos olvidado de él, el FMI saca fuerzas y vuelve a reclamar a España fuertes reformas en el mercado de trabajo, justo en

Cuando prácticamente nos habíamos olvidado de él, el FMI saca fuerzas y vuelve a reclamar a España fuertes reformas en el mercado de trabajo, justo en el momento en que el Gobierno intenta poner en marcha una de las más importantes de la legislatura: la reforma de las pensiones que ha de hacer sostenible un sistema inviable (ver aquí o aquí).

Vamos de reforma en reforma, y cada una, supuestamente, justificada. ¿Quién tiene la culpa? ¿El FMI? ¿Los expertos consultados? ¿El sistema institucional español? ¿Alemania?

Cuando un grupo de expertos, verdaderamente plural, con gente de izquierdas, ha elaborado el informe sobre la reforma de las pensiones, y aun así recibe críticas, está claro que algo falla. Estamos padeciendo una ruptura entre la visión de la opinión pública y la política económica, y el origen de la misma puede ser la erosión de la clase media que ha provocado la crisis. Y no sólo la clase media económica, sino la social, que es el centro de gravedad del país.

El riesgo de esto es empezar a encontrarnos una radicalización de los votantes, reflejada en las posturas económicas cada vez más demandadas. Esto es peligroso, porque caemos en la tentación de arreglar la crisis con medidas radicales, pero excesivamente simples, muy sesgadas a favor de cierta variable o problema concreto aislado del equilibrio general. Es comprensible que los parados reclamen protección, pero también que los ahorradores quieran resguardo de sus ahorros, y a la vez debemos dar seguridad a los inversores de que no estamos despilfarrando. ¿Cómo se hace todo esto a la vez? No se puede, y lo que nos interesa a nosotros, como analistas, es tener capacidad de explicarlo.

Crónica de tres crisis solapadas: la perspectiva del ciudadano

El inicio de la crisis financiera trajo consigo dos consecuencias previsibles, aunque en cierto modo contradictorias: una mayor demanda de análisis económico -el ciudadano quería comprender lo que estaba pasando- junto con un impulso inicial de culpar a los economistas por “no haber visto la crisis llegar”. Esta primera crisis era, para el ciudadano medio, algo generado fuera de nuestras fronteras y que poco nos afectaría más allá de forzar el 'aterrizaje suave' de la vivienda. España tenía todavía “el sistema financiero más sólido del mundo” y el veredicto del ciudadano medio era por entonces casi unánime: la culpa de todo la tienen los grandes bancos internacionales y sus gestores (la famosa 'crisis ninja').

Estamos padeciendo una ruptura entre la visión de la opinión pública y la política económica, y el origen de la misma puede ser la erosión de la clase media que ha provocado la crisis. Y no sólo la clase media económica, sino la social, que es el centro de gravedad del paísLa segunda crisis comienza con la dificultad de nuestro sistema económico de adaptarse a las nuevas circunstancias. La estructura fiscal no puede financiar los servicios públicos prometidos y el sistema de cajas de ahorros comienza a tener problemas para ocultar la magnitud del agujero generado. Pero, sobre todo, se acentúa nuestro drama más acuciante: el sistema laboral, poco amigo de la destrucción creativa y poco adaptado a entornos cambiantes y a la competencia externa, se muestra incapaz de crear empleo. Por último, el reguero de casos de corrupción se convierte en un enorme río que revela la complejidad social y cultural en la que vivíamos, donde los comportamientos delictivos se habían tolerado mientras el crédito fluía, pero ahora surge la necesidad de atajarlos.

Por último, si las dos primeras crisis eran en cierto modo evitables, poco puede España hacer contra la tercera: la crisis demográfica. La población adulta ha comenzado a disminuir en 2013 y ello ejercerá una presión negativa y continua sobre el PIB que rondará hasta el -1% anual, lo cual implica un menor crecimiento del PIB y un mayor gasto en pensiones.

En busca de un diagnóstico

Seis años después, tras un sinfín de complicaciones que nadie podía haber previsto en 2007, el diagnóstico del ciudadano ha cambiado radicalmente. La crisis ha golpeado ya a la mayoría de las familias de España y su voluntad y capacidad de comprensión se encuentran bajo mínimos. Cuando la necesidad y la desesperación aprietan, es fácil ceder a la tentación de buscar un sólo culpable: “No es una crisis, es una estafa”, “las élites extractivas”, “los mercados”, “los amos del mundo”, “la derecha” (hoy), “Zapatero” (hace dos años). Pero por muy frustrante que sea, las causas, y las soluciones, distan de estar localizadas en un solo punto.

Por eso, si alguien tiene la llave del cambio en este país, esos son los medios de comunicación, especialmente las redacciones, blogs y analistas relacionados con la economía y la política. Debemos hacer un esfuerzo extra en entender el problema (como diría Obama), con empatía. Prácticamente todos en esta crisis tienen razón en algún punto, y la vez nos faltan argumentos en otros aspectos. Por eso, queremos citar unos 'principios de divulgación' que deberían hacernos reflexionar sobre la forma en que comunicamos la compleja realidad económica.

1. Huyamos de explicaciones y soluciones simplistas. El ciudadano medio, ya agotado, demanda una explicación sencilla, pero no la hay. En la crisis se han solapado muchísimos problemas estructurales (endeudamiento, educación, pensiones, competencia, diseño del mercado eléctrico) que requerirán muchas medidas drásticas que afectan a muchos grupos sociales hoy, a cambio de beneficios futuros. Este equilibrio temporal en las medidas económicas es difícil de gestionar y, por ello, hay que explicarlo.

2. Busquemos el second best, o la mejor solución factible, abandonando la ideal. Cuando la solución que nos parece óptima es inalcanzable, ¿para qué gastar energía y espacio en repetirla día tras día? La búsqueda de consensos puede ser necesaria para encontrar soluciones aceptables para varias partes y salvar situaciones críticas. Algunos ejemplos:

Da igual que uno piense que el sistema de pensiones debería basarse más en la capitalización. A día de hoy, los pagos prometidos a toda una generación son tan grandes que no habrá espacio en las cotizaciones para un ahorro capitalizado. ¿Por qué insistir en una quimera irrealizable? Unamos los esfuerzos en divulgar la necesidad de diseñar un sistema de reparto sostenible.

Aunque pienses que los Bancos Centrales y la reserva fraccionaria son 'el enemigo', la evolución de la historia económica nos demuestra que están aquí por alguna razón de eficiencia. ¿Por qué no emplear nuestra energía en divulgar la necesidad de mejores ratios de capital?

Prácticamente todos en esta crisis tienen razón en algún punto, y la vez nos faltan argumentos en otros aspectos. Por eso, queremos citar unos “principios de divulgación” que deberían hacernos reflexionar sobre la forma en que comunicamos la compleja realidad económica3. Los derechos y las prestaciones de los trabajadores no los financia una caja sin fondos. Las pensiones o la asistencia sanitaria son la relación entre el trabajador y su propio yo futuro, su yo enfermo y el conjunto de incentivos que los relaciona. Son los trabajadores quienes tienen un acuerdo intergeneracional para procurarse una vejez digna. Ni 'los ricos' han financiado nunca el sistema ni están ahora 'dejando de financiarlo'. Si los gastos del sistema suben persistentemente por encima de los ingresos, lo que falla es el acuerdo intergeneracional, pues nadie se está apropiando de dicho déficit de ingresos. En un sentido agregado, los derechos sin responsabilidades no existen.

4. Los analistas de izquierdas deberían dejar de negar que existe una restricción presupuestaria… Todavía hay quien defiende, con el déficit alrededor del 8% del PIB y la deuda en el 90% del mismo índice, la necesidad de un estímulo fiscal para frenar “el austericidio”.

5. … y deberían dejar de ignorar los efectos colaterales de sus peticiones. La demanda de poner fin a los desahucios y de instaurar la dación en pago retroactiva está destruyendo la principal garantía de crédito con la que cuentan muchas familias y pequeños empresarios (su propia vivienda) y dificulta el acceso en el futuro a quienes quieran comprar o alquilar una vivienda.

6. Los analistas de derechas deberían aceptar que existe una demanda legítima de protección social. Para una parte de la población, el mero hecho de alcanzar la educación superior puede resultar un El Dorado inalcanzable. Las condiciones en la infancia determinan en gran medida el éxito laboral futuro, pero la malnutrición infantil ha vuelto a aparecer con la crisis en España.

7. Existe amplísima evidencia internacional de diseños institucionales que funcionan. Antes de reinventar la rueda con medidas idealistas, promulguemos ideas probadas y evaluadas, a menudo cercanas a la ortodoxia. En esta crisis no sólo debe cambiar el sector privado, sino también el público.

Estos principios pueden ser debatidos y a buen seguro que existen otros muchos a añadir. Pero los mismos deberían estar por encima de luchas ideológicas abstractas. 

El Análisis de Sintetia
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