La oligarquía de la transición debe ser destruida

Terminaba mi artículo de la pasada semana parafraseando al viejo Catón, “España hacia el suicidio 2”, con una conclusión de carácter categórico: “Oligarquia politica delenda est”,

Terminaba mi artículo de la pasada semana parafraseando al viejo Catón, “España hacia el suicidio 2”, con una conclusión de carácter categórico: “Oligarquia politica delenda est”, o la oligarquía política (derivada de la Transición) debe ser destruida. No decía adecuada ni reformada, para eso ya es demasiado tarde, decía destruida.

El grado de corrupción de alto nivel –no me refiero al que se lleva crudos uno o 20 millones de euros- es el mayor expolio a un pueblo que haya existido jamás en la historia de España y Europa. Me estoy refiriendo al que se lleva 1.000, 10.000 o 20.000 millones, es decir, las oligarquías empresarial y bancaria. Me estoy refiriendo también a las oligarquías económicas, que son las que legislan en su beneficio, en contra de la clase media y trabajadora, a quienes están empobreciendo como nunca en el pasado. 

Me estoy refiriendo, por ejemplo, a casos como el del Ministro de Economía, que  afirmó hace un año que “el rescate bancario no costará un euro al contribuyente” y, sin embargo, ya ha costado más de 60.000 millones sin que pase nada. Nadie –empezando por el Ministro– responde al respecto. Me estoy refiriendo también a la gigantesca estafa de Sareb, que se queda al doble de su precio de mercado con todos los activos basura de la banca, algo que unido a lo desastroso de su gestión, costará a los españoles más de 30.000 millones de euros.

El grado de corrupción de alto nivel –no me refiero al que se lleva crudos uno o 20 millones de euros- es el mayor expolio a un pueblo que haya existido jamás en la historia de España y Europa

Me estoy refiriendo a que estos miserables que nos gobiernan, entre efectivo, garantías y avales, han dedicado al rescate bancario más de 300.000 millones de euros. Esta gigantesca cantidad, según la última estimación del FMI, supondrá una pérdida final para los españoles que superará los 140.000 millones de euros, porque los 60.000 perdidos hasta ahora, ( no 40.000 como dice el Ministro) son solo la primera parte. Ningún rescate bancario mundial costará tanto a una nación como el pactado entre la oligarquía política y la financiera. Cifras tan increíblemente brutales que hubieran llevado a la cárcel a todos los responsables políticos y bancarios en cualquier otro país. Aquí, sin embargo, nos roban con total impunidad.   

Me refiero también a actos y comportamientos que son delitos graves en todo el mundo civilizado, mientras que aquí son producto de la vida diaria. Se legisla para y por la oligarquía; los errores, los robos y el expolio son contemplados como algo normal,  como “business as usual”. Que los pobres y la clase media paguen por el latrocinio y los errores de los ricos es considerado lo normal.

Que las puertas giratorias lleven a los políticos corruptos, cuando termina su mandato, a las poltronas de los grandes bancos y empresas como pago de los favores realizados, es lo normal. Que las grandes instituciones como el Banco de España mientan, permitan la manipulación de los balances y legislen para que sea mas fácil ocultar y engañar, también es habitual. Que la CNMV haya permitido sin castigo posterior el expolio de cientos de miles de familias engañadas por los bancos es lo normal, aquellas que cambiaron sus ahorros de toda la vida por productos basura donde han perdido casi todo. Que cientos de miles de enchufados se hayan asentado en las Administraciones Públicas y ocupado los cargos mejor retribuidos, arrinconando a los verdaderos funcionarios, es algo considerado perfectamente normal.

En definitiva, estos hechos hacen que España hoy sea un país postrado a nivel político, económico y moral. Una situación que no se arregla con reformas (que ni se van a hacer ni a cumplir) porque quienes tienen que hacerlas son los grandes culpables y beneficiarios de la situación. Por eso solo cabe una solución: la oligarquía de la Transición debe ser destruida y dentro de ello, muy principalmente, el modelo autonómico que ha sido fuente de todos los despilfarros y corrupciones.

Se legisla para y por la oligarquía; los errores, los robos y el expolio son contemplados como algo normal, como “business as usual”

Pero ¿cómo hemos llegado a esta calamidad histórica? Todo empezó con la gran traición. Cuando se esperaba la libertad política después de Franco, apareció una oligarquía política aliada con la oligarquía empresarial y financiera que nos hurtaría la democracia para después dividir España en 17 trozos contrarios en su mayoría a la realidad  histórica. Todo ello gracias a la traición del Partido Socialista y del Partido Comunista, que se integraron de lleno en el bloque neo franquista que cuajó Suárez.

Engaño a todo un pueblo.

Aunque durante todo el franquismo la única oposición había procedido de grupos totalitarios -el Partido Comunista y los asesinos de ETA-, en su etapa final la oposición democrática empezó a tomar forma. En toda España había grupos organizados independientes que apoyaban activamente la idea de la ruptura democrática contra la reforma neofranquista perfilada por Suárez.

Cuando se esperaba la acción democrática de todos los partidos integrados en las organizaciones creadas y coordinadas por Antonio García Trevijano (Junta Democrática de España y Plataforma de Convergencia Democrática , fundidas en la popularmente llamada Platajunta), se produjo de repente una cadena de traiciones inaugurada por el PSOE, que fue continuada por los nacionalistas catalanes y vascos para después ser rematada por el Partido Comunista.

Cuando Trevijano facilitó la fusión de toda la oposición democrática en un solo organismo, sabía ya que Felipe González estaba preparando la gran traición. El ministro de asuntos exteriores de Mitterand,  amigo de Trevijano, le explicó que Kissinguer había acordado con Billy Brant el apoyo a un cambio de gobierno en la monarquía española basado en tres principios:

1. No someter a discusión la jefatura del Estado en la monarquía de Don Juan Carlos.

2. Nombrar un nuevo presidente de la generación de Don Juan Carlos para sustituir al gobierno de Carlos Arias.

3. Impedir que Trevijano consiguiera la unidad de la oposición mediante la legalización del PC para así evitar que se produjera el dominio de la izquierda en España, ya que el socialismo, que llevaba 40 años de vacaciones, era inexistente, y había que conseguir tiempo para situarle en primera fila.

Cuando Trevijano facilitó la fusión de toda la oposición democrática en un solo organismo, sabía ya que Felipe González estaba preparando la gran traición.

A partir de ese momento, la suerte de Trevijano estaba echada. Sería encarcelado por Fraga y sometido a la más vil campaña de desprestigio por el PSOE, además de la implantación de una democracia real en España. Adolfo Suárez, principal artífice de la Transición, decidió desde el principio, por razones tácticas, impedir la introducción en España de una democracia moderna con verdadera separación de poderes. Evitó la elección directa del Presidente del Gobierno con un control riguroso de las cuentas públicas y no esa farsa denominada Tribunal de Cuentas.

En su lugar, en plena sintonía con el PSOE, el Partido Comunista y los nacionalistas pondrían en marcha una oligarquía basada en los partidos políticos con un sistema electoral impuesto unilateralmente. Con ello, deformó las proporciones de participación en beneficio propio, exactamente igual que piensa hacer hoy Rajoy con el apoyo del PSOE para frenar a Podemos, o al menos eso creía.

Suarez sometió su Ley para la reforma política a referéndum, en el que solo podía optarse por el “si” o el “no”. Como el “no” era el miedo a un nuevo enfrentamiento civil según la gigantesca patraña montada por esta nueva casta política, solo podía ganar el “si”, la “libertad sin ira”, es decir, la demagogia en estado puro. Esta mentira fue algo inaudito, pues como se ha visto en todos los procesos posteriores de transición del comunismo a la libertad en los países del Este, un enfrentamiento civil era imposible.

Como el “no” era el miedo a un nuevo enfrentamiento civil según la gigantesca patraña montada por esta nueva casta política, solo podía ganar el “si”, la “libertad sin ira”, es decir, la demagogia en estado puro.Las negociaciones bajo cuerda a espaldas de los ciudadanos se convertirían en norma de conducta, llevando a cesiones, ambigüedades y contradicciones de todo tipo. En ellas, solo contaban los intereses personales y de partido. No se plantearía en ningún momento, ni por unos ni por otros, el interés de España y de los españoles.

Así, las elecciones de junio de 1977, en las que ganó Unión de Centro Democrático (UCD), llevaron la creación de “instituciones predemocráticas” para repartirse España como si fuera un solar. Era un partido de aluvión creado por Suárez lleno de franquistas y oportunistas, cuyo denominador común era la ambición ilimitada de sus dirigentes a quienes solo interesaba el dinero y el poder.

Con una irresponsabilidad jamás vista en la historia de Europa, decidieron iniciar la fragmentación política y económica de una de las naciones más antiguas del mundo. Lo llevaron a cabo concediendo la autonomía provisional “a las regiones cuyos diputados, constituidos en asamblea parlamentaria, así lo soliciten”, es decir, a todos los golfos y mangantes ávidos de un poder y un enriquecimiento sin límites.

Este ansia de poder de los barones (ladrones) de UCD era plenamente compartido por los nuevos socialistas, que del traje de pana pasarían directamente al coche oficial y las oficinas de lujo. Los nacionalistas, por lo que todos apoyaron esta fragmentación de España con absoluto entusiasmo, se presentaban ante una opinión engañada, desinformada y apática de los grandes salvadores de la Patria que nos habían devuelto la democracia.

El modelo de Estado, la Ley Electoral y la Carta Magna con los que los oligarcas de la Transición engañaron a los españoles, han sido un fraude democrático y una estafa sin precedentes a toda una nación.

“Montesquieu ha muerto” y muerto seguirá.

EL PSOE es el partido político que más desgracias ha ocasionado a este país. Fue quien planeó y organizó la Guerra Civil en 1934 precediendo al Frente Popular. Destruyó la Constitución republicana e hizo todo lo que estuvo en su mano para provocar un levantamiento militar, que esperaba sofocar con facilidad para después someter a toda España bajo su doctrina totalitaria. El plan incluía un detonante final, el asesinato de Calvo Sotelo por miembros del PSOE, en particular por la motorizada de Indalecio Prieto, un cuerpo policiaco especial de este siniestro personaje.

En la Transición sería el PSOE quien pronunciaría, de boca de su número dos Alfonso Guerra, la sentencia de muerte de la democracia y de la libertad. “Montesquieu ha muerto”, viva la oligarquía, nada de Justicia independiente, nada de poder Legislativo, nada de controles democráticos. Ellos eran la democracia, como me diría un día el alcalde de Prat de Llobregat. Me lo dijo mientras me exigía un soborno para no oponerse a la construcción del oleoducto Tarragona-Barcelona que pasaba por este municipio. Para ello no necesitaban controles de nadie.

De todas maneras el PSOE estaba dispuesto a lo que fuera para echar a Suárez, que era un desastre sin paliativos. Alejando Rojas Marcos me contó el pasado día 18, en el cumpleaños de Antonio García Trevijano, que unos meses antes del 23-F coincidió en un vuelo a Barcelona con Felipe González, y que este le dijo que había que echar a Suárez como fuera, incluso con un golpe militar para dar paso luego a unas nuevas elecciones.

En la Transición sería el PSOE quien pronunciaría, de boca de su número dos Alfonso Guerra, la sentencia de muerte de la democracia y de la libertad. “Montesquieu ha muerto”, viva la oligarquía, nada de Justicia independiente, nada de poder Legislativo, nada de controles democráticos

Ya en el poder, Felipe González buscó la homologación europea a toda costa, en la que solo ellos pudieran conceder certificados de  demócrata, así que metió a España en la entonces CEE de forma improvisada a cambio de desmantelar la industria, la cabaña lechera y la flota pesquera. Después, Zapatero haría el resto, desenterrando la Guerra Civil, pactando con los terroristas de ETA y llevando al país al mayor desastre económico y social desde la Guerra de la Independencia.

Y a día de hoy ahí les tienen ustedes, Montesquieu sigue muerto y enterrado, pero ni Felipe VI, ni Rajoy, ni Pedro Sánchez están dispuestos a acabar con la corrupción,… ni nadie. Tampoco con las puertas giratorias entre la alta Administración y los Consejos administrativos de las grandes empresas, ni menos aún con reducir el tamaño del Estado a la mitad o menos.

Sus familiares y correligionarios son sagrados, y como dice Rajoy, “eso no se toca”. Con 2,9 millones de empleados públicos, un país que puede funcionar con menos de un millón de ellos va al desastre total, por eso las cuentas no salen ni podrán salir, por lo que el endeudamiento continuará de forma imparable. 

Con 2,9 millones de empleados públicos, un país que puede funcionar con menos de un millón de ellos va al desastre total

No existe regeneración posible, la única salida es que la oligarquía partitocrática incompetente, antidemocrática y corrupta de la Transición, junto al modelo autonómico impuesto, sean destruidos. Existirá vía de escape si los culpables del desastre son procesados. Sin esto, España no levantará cabeza jamás.

Como me decía mi gran amigo Camilo José Cela refiriéndose a la Transición, “en España ya no queda ni vergüenza ni hombres, y si los hubiera, los responsables de este desastre se habrían pegado un tiro”. De momento, prefieren seguir expoliando, saqueando y legislando exclusivamente para las oligarquías empresarial y financiera en contra de las clases medias y trabajadoras, aunque para ello tengan que convertirnos en un país de mileuristas (¿ha analizado bien la última EPA?) que tendrá como consecuencia la ruina de varias generaciones de españoles.

Feliz verano a todos

 

El Disparate Económico
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