Si Trump provoca inestabilidad financiera y tenemos problemas para emitir, las previsiones de otoño de la Comisión Europea no serán tan positivas, pero, como la cigarra, nuestro Gobierno seguirá dejándose llevar sin prepararse para el invierno
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo. (EFE/Mariscal)
La Comisión Europea ha publicado sus previsiones macroeconómicas de primavera y advierte del impacto de las políticas de Trump. Aún es incierto cuál va a ser el arancel y cuándo se va a implementar y eso dificulta hacer previsiones, especialmente para este año y eso condiciona las del año que viene y, con Trump, 2027 es una eternidad. Las previsiones son un crecimiento anémico próximo al 1% por lo que cualquier adversidad podría meter a la economía en recesión. Las sorpresas positivas son mínimas ya que en el mejor de los escenarios se espera que Trump ponga a los bienes importados desde Europa un arancel del 10% y antes de llegar él a la Casa Blanca era del 1,5%. Por lo tanto, en el mejor de los escenarios, las medidas tendrán un impacto negativo sobre la industria exportadora europea y sobre el PIB y el empleo.
Los optimistas dicen que es una estrategia para negociar pero no es cierto ya que en su primer mandato en la Casa Blanca mandó parar las negociaciones que inició la Comisión Europea de un área de libre comercio sin aranceles que se iniciaron con la administración Obama y nos impuso aranceles a varios bienes, principalmente a productos agroalimentarios que es lo que más exporta España a EEUU. Cuesta entender que Santiago Abascal y Vox defiendan a Donald Trump, alguien que con sus políticas va a empeorar la vida de sus votantes, especialmente la gente del campo.
Trump acaba de amenazar a Walmart, la mayor cadena de supermercados en EEUU, para que no suba los precios de los productos diciendo que tiene elevados beneficios. Eso es lo mismo que hace Podemos en España o los peronistas en Argentina, por eso cuesta entender que haya liberales en España que aún siguen defendiendo las políticas de Trump. No deberíamos descartar que si sube la inflación y eso le afecta negativamente a sus votantes, imponga controles de precios como ya hizo Nixon en los años setenta, Franco en España, Hitler en Alemania, Lenin en la Unión Soviética o Fidel Castro en Cuba.
Para España, la Comisión ha revisado ligeramente al alza sus previsiones de crecimiento, la inflación se mantendrá estable, la tasa de paro bajará, cumpliremos el objetivo de déficit de Bruselas y se reducirá la deuda pública. A Pedro Sánchez, en su búnker de Moncloa, le habrán encantado las previsiones para continuar en una legislatura que nació mal y se le complica día a día.
Sin duda, es una buena noticia que la economía crezca y se cree empleo, pero pasan cosas que ya pasaron antes de la crisis de 2008 y deberíamos haber aprendido la lección. Cuando compartes moneda con otros países y tienes la misma política monetaria crecer más que ellos genera desequilibrios. España tiene un crecimiento nominal previsto mayor que EEUU y los tipos del BCE son del 2% y los de la Reserva Federal son del 4,5%. Esto junto a la intensa llegada de inmigrantes son las dos causas que explican el crecimiento español.
La política económica de este Gobierno no está ayudando nada al crecimiento del PIB, salvo permitir que el gasto público crezca significativamente más que el compromiso de la regla de gasto con Bruselas. No hay presupuestos desde 2023, ni se les espera y el Gobierno tiene la mayor parte de las leyes en el Parlamento varadas sin apoyos para aprobarlas. Las reglas fiscales y la Constitución exigen medidas para reducir el déficit estructural y el 100% está en el sistema de pensiones, pero un Gobierno tan débil y tan populista como el de Pedro Sánchez nunca tomará medidas necesarias a largo plazo que tengan impacto negativo en su intención de voto a corto plazo. Tenemos un problema de competitividad, diagnosticado por el informe Draghi, y la mayoría de medidas que aprueba el Gobierno van en contra de mejorar la competitividad, por ejemplo, reducir la jornada laboral para aumentar el coste laboral de las empresas.
La energía podría mejorar la competitividad de la economía española pero tras el apagón el Gobierno mantiene su decisión de cerrar las centrales nucleares y sustituirlas por consumo de gas a corto plazo lo cual además de aumentar el coste de la electricidad para nuestras empresas, aumentarán las emisiones contaminantes y el cambio climático. Tras el apagón, la exministra Teresa Ribera ha visto la luz y dice que es necesario avanzar en inversiones para almacenamiento que permitan aprovechar los excesos de producción fotovoltaica en las horas de sol que además de problemas de estabilidad en la red, hunden los precios en el mercado y provocan pérdidas de buena parte de los inversores que han invertido en ellas. ¿Por qué no lo hizo ella durante sus siete años ministra de energía? ¿Cómo van a aprobar esa ley si sus socios no le apoyan y piden la nacionalización del sistema eléctrico?
A diferencia de la crisis anterior, la deuda hipotecaria de las familias se ha reducido drásticamente en España y los bancos tienen más depósitos que créditos y no son vulnerables a la inestabilidad financiera que pueda provocar Trump. Pero la deuda pública es infinitamente mayor que en 2007, el Tesoro necesita emitir unos 300.000 millones de euros todos los años, principalmente para pagar las pensiones, y eso exige emitir todas las semanas.
Si Trump provoca de nuevo inestabilidad financiera y tenemos problemas para emitir, las previsiones de otoño de la Comisión Europeano serán tan positivas, pero, como la cigarra, nuestro Gobierno seguirá dejándose llevar sin prepararse para el invierno.
La Comisión Europea ha publicado sus previsiones macroeconómicas de primavera y advierte del impacto de las políticas de Trump. Aún es incierto cuál va a ser el arancel y cuándo se va a implementar y eso dificulta hacer previsiones, especialmente para este año y eso condiciona las del año que viene y, con Trump, 2027 es una eternidad. Las previsiones son un crecimiento anémico próximo al 1% por lo que cualquier adversidad podría meter a la economía en recesión. Las sorpresas positivas son mínimas ya que en el mejor de los escenarios se espera que Trump ponga a los bienes importados desde Europa un arancel del 10% y antes de llegar él a la Casa Blanca era del 1,5%. Por lo tanto, en el mejor de los escenarios, las medidas tendrán un impacto negativo sobre la industria exportadora europea y sobre el PIB y el empleo.