El BCE y el BdE deberían seguir el ejemplo del Banco de Inglaterra y Draghi debería comportarse como el tecnócrata que dice ser, reconocer su error siendo presidente del BCE y apoyar cambios en la regulación que favorezcan la competitividad
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Ken Cedeno)
Los economistas recomendamos minimizar la incertidumbre para favorecer las inversiones de las empresas, crear empleo, subir la productividad y aumentar los salarios y la riqueza de las naciones. Estamos en el peor momento de incertidumbre económica desde 1945 y eso no es muy probable que vaya a mejorar por un tiempo. Lo que ya parece claro es que las empresas europeas tendrán que pagar un impuesto, llamado arancel, por exportar a EEUU, aunque aún no sabemos cuál será el tipo y cuándo entrará en vigor y cuándo entre no hay que descartar que lo vuelva a cambiar.
Un arancel aumenta tus costes de producción por encima de los de tus competidores estadounidenses y te generan un problema de competitividad y eso no se resuelve con políticas fiscales y monetarias expansivas como sucedió en la pandemia y en la crisis de 2008. Eso requiere reformas y medidas de oferta para que las empresas tengan menos costes y más productividad. Lamentablemente, el Gobierno español quiere reducir la jornada laboral por ley, manteniendo el salario, y eso aumenta los costes por hora trabajada y empeora aún más la competitividad. Y quiere cerrar las nucleares y sustituirlas por mayor consumo de gas y eso aumentará los costes energéticos y empeorará la competitividad.
Para absorber esos costes que generan Trump y el Gobierno, las empresas a corto plazo tendrán que ajustar el resto de sus costes, incluido la masa salarial que suele ser una partida importante. Pero a medio y largo plazo tomarán medidas para adaptarse y mantener la mayor cuota posible de su mercado. Para ello, habitualmente los economistas hablamos de medidas de oferta del activo y las inversiones pero, como los economistas suelen tener una formación deficiente del sistema financiero, nunca suelen recomendar medidas que mejoren el pasivo.
Mario Draghi es un economista raro ya que tiene un excelente currículum académico, ha ocupado los mayores cargos de responsable de las políticas económicas en su país como en el Banco Central Europeo y además trabajó muchos años en los mercados financieros y tiene una experiencia práctica que muy pocos economistas tenemos. Le falta la visión práctica de gestión empresarial, algo en lo que los economistas también tienen una formación muy deficiente, y en su informe sobre la competitividad europea hizo un diagnóstico preciso del problema y dio recomendaciones para hacer políticas públicas a los Gobiernos pero el informe tiene escaso interés práctico para que los empresarios tomen medidas en sus empresas para poder adaptarse la nueva realidad competitiva de la economía mundial.
Draghi identificó como un problema de competitividad para las empresas el menor desarrollo de los mercados de capitales que en EEUU y recomendó avanzar en ese tema. Él se centraba en las empresas innovadoras que tardan muchos años en dar beneficios y necesitan quemar mucho capital para conseguir sobrevivir. Por ejemplo, Tesla tardó más de 10 años en dar beneficios y la mayoría de empresas chinas que producen coches eléctricos pierden dinero ya que necesitan destinar ingentes cantidades a investigación e inversiones.
En EEUU las pensiones públicas son muy poco generosas, en relación al último salario del trabajador, y las empresas pagan pensiones privadas a sus trabajadores y el 10% del dinero gestionado por esos fondos se invierte en capital riesgo. En Europa las pensiones públicas son muy generosas y los fondos de pensiones privados son pequeños, sólo invierten el 3% de su dinero en capital riesgo y en muchas ocasiones invierten en empresas que desarrollan tecnología en EEUU. Por lo tanto, Europa tiene menos capital que EEUU y eso es, sin duda, una desventaja competitiva y difícil de resolver.
Sin embargo, EEUU también tiene más desarrollados los mercados de deuda para el mercado de empresas con alto potencial de crecimiento donde empresas con beneficios consiguen créditos a largo plazo para financiar sus inversiones y ese mercado en el caso las pymes lo cubre la banca. En Europa, después de la crisis de 2008 el BCE, liderado por Mario Draghi, asumió la supervisión y parte de la regulación bancaria y endureció muchos el coste de capital que un banco tiene por dar un crédito de ese tipo. Si un banco compra deuda pública, no necesita poner ni un euro de capital adicional, si da una hipoteca tiene que aumentar muy poco el capital pero si da un crédito a más de 5 años a una pyme tiene que poner mucho capital adicional.
Los bancos son empresas que normalmente cotizan en bolsa y cuando necesitan ampliar capital, las reservas y los beneficios no distribuidos a sus accionistas se tiene que dividir entre más acciones y, manteniendo el resto constante, el precio de la acción cae. Las empresas en un sistema capitalista, los bancos también son empresas, buscan dar la máxima rentabilidad a sus accionistas y la regulación europea está diseñada con incentivos para financiar a los gobiernos y los déficits públicos y para dar hipotecas y penaliza los créditos a empresas.
El Banco de Inglaterra acaba de incluir la competitividad y la productividad como objetivo secundario de su regulación bancaria y, siempre que no ponga en riesgo la estabilidad financiera que es el objetivo principal, simplificará la regulación para favorecer que los bancos ingleses destinan un mayor porcentaje de su cartera de crédito a financiar inversiones de empresas que buscan aumentar la productividad para compensar los efectos negativos que los aranceles de Trump tendrá sobre el empleo y los salarios de los trabajadores británicos.
La banca española, a diferencia de 2008, dispone de más de medio billón de euros en depósitos por encima de los créditos concedidos que podría destinar a ese tipo de créditos y, gracias a su gestión prudente durante la crisis energética de 2022, sus depósitos siguen a tipos bajos, aunque ya en muchos casos por encima de las letras del Tesoro, para financiar a las pymes. Sería necesario que el BCE y el Banco de España sigan el ejemplo del Banco de Inglaterra y Mario Draghi se comporte como el tecnócrata que dice ser, reconozca su error siendo presidente del BCE y apoye cambios en la regulación que favorezcan la competitividad, como pide en su informe.