En 2021, el catedrático de economía de HarvardDani Rodrik publicó un influyente artículo titulado; ¿Por qué la Globalización alienta el populismo? Desde David Ricardo y sus principios de Tributación de 1817, los economistas defendemos que el libre comercio aumenta la riqueza de las naciones. Esto sigue siendo cierto, ya que los países que ponen restricciones al comercio se acaban empobreciendo.
Pero eso es cierto en media y el PIB, pero todo cambio en los precios relativos de los bienes que consumimos provocan efectos de distribución de la renta y siempre hay ganadores y perdedores. Hasta la entrada de China en el comercio mundial en 1980, los economistas defendíamos que los ganadores eran muchos más que los perdedores y compensaban los costes de la apertura comercial. Eso fue lo que pasó en la economía española en 1959 con el Plan de Estabilización y en 1986 con nuestra entrada en el Mercado Único Europeo; aumentó el empleo y el salario medio.
El problema con China es que es tan grande y ha tenido tanto éxito en su proceso de acumulación de capital y desarrollo tecnológico que en muchos sectores hoy tiene niveles de productividad y costes laborales mejores que sus competidores europeos y estadounidenses y eso afecta muy negativamente a zonas industriales.
Lo mismo sucede con la inmigración. Suelen cubrir trabajos que los locales no quieren o atrae talento que el país no ha sabido formar y tienen una aportación positiva al crecimiento, pero también generan perdedores. España lleva décadas de retraso en el fenómeno migratorio con nuestros socios europeos y con EEUU y podemos anticipar sus efectos. Los principales son aumentar la oferta de mano de obra en los segmentos de menor cualificación y eso provoca un efecto negativo sobre el salario real y aumenta la precariedad y la desigualdad. Y el otro efecto es la presión sobre la demanda y el precio de la vivienda. Se concentran en diásporas y en barrios concretos y presionan al alza también el precio en la periferia de las ciudades, intensificando el efecto de gentrificación y favoreciendo el fenómeno de burbujas inmobiliarias.
El efecto conjunto de salarios precarios y precios de la vivienda altos es una bomba de relojería que favorece la aparición de partidos populistas. En EEUU Donald Trump, en Francia, Le Pen, en AlemaniaAlternativa y en España Vox. Cuando Pedro Sánchez llegó a la Secretaria General del PSOE y en sus primeras elecciones, Vox sacó el 0,2% de los votos. Hoy, diez años después, hay encuestas que sumando Se Acabó la Fiesta les aproximan al 20%, similar al momento culmen de Podemos en la crisis y Alternativa en Alemania.
Vox acaba de proponer la misma política migratoria que Trump en EEUU para España y ha dicho no sólo que cortará la entrada de inmigrantes, sino que deportará a millones de ellos sin precisar bien el criterio. Y al ser un partido ultraconservador discriminará por temas culturales, especialmente por religión. Deportar a millones de personas, además de incumplir tratados internacionales operativamente, no es posible, ya que los países de acogida no facilitarían nunca el proceso. Pero ese tipo de demagogia cala bien en su electorado, principalmente joven que ve como no pueden acceder a una vivienda e independizarse, voto obrero perjudicado y con salarios precarios y otros inmigrantes que ya están establecidos y no quieren que vengan más.
El problema es que, igual que hizo antes Aznar, Zapatero y Rajoy, Pedro Sánchez asocia llegada de inmigración y crecimiento del PIB a éxito económico de su gestión y eso es queroseno para que siga subiendo el populismo. La realidad es que el modelo económico de Aznar, de Zapatero, de Rajoy y de Sánchez ha sido un fracaso. España ha dejado de converger en renta por habitante con nuestros socios europeos desde el año 2000 y con los países más dinámicos diverge.
El principal problema es la falta de incorporación de tecnología a nuestra producción de bienes y servicios y concentrar nuestro capital y empleo en sectores de baja productividad y salarios precarios como es el turismo y la hostelería. Hay que tener turismo y hostelería, pero no tanto, necesitamos más industria y empresas tecnológicas para aumentar los salarios y frenar al populismo que pone en riesgo nuestra democracia y la estabilidad necesaria para continuar con el proceso de acumulación de capital y aumentar la riqueza de nuestra nación.
Frenar la llegada de inmigrantes ilegales es más sencillo que deportarlos. Y mejorar radicalmente la burocracia para que vengan con contratos en origen, como fueron la mayoría de españoles a Francia y Alemania en los años cincuenta y sesenta, mucho más aún. Hoy la inteligencia artificial puede realizar más de la mitad de los trámites que hacen los funcionarios y eternizan los procesos. Si eso sucede, los salarios en el segmento de menor cualificación subirán por presión demanda. Cuando eso pase, los empresarios tendrán que mejorar la eficiencia y lo harán incorporando tecnología y los que no sepan hacerlo desaparecerán y el proceso capitalista y de aumento de la riqueza de las naciones mejorará. Eso con un plan masivo de vivienda social acabaría con el populismo.
España forma parte del euro y dispone de tipos de interés suficientemente bajos para que esas inversiones compensen la rentabilidad del capital y la banca española dispone de 600.000 euros de depósitos dispuestos para financiar esas inversiones sin necesidad de aumentar la deuda externa, como sucedió entre 1998 y 2007. Lo que falta es liderazgo en los dos grandes partidos para retornar al sistema bipartidista de alternancia que tan bien funcionó entre 1982 y 2015 y conseguir desinflar la burbuja de los partidos populistas. La de Podemos se pinchó sola tras su paso por el Gobierno y ahora es necesario pinchar la burbuja de Vox para conseguir que la economía española vuelva a generar riqueza, especialmente para el 30% de la población que vive en situación de pobreza.
En 2021, el catedrático de economía de HarvardDani Rodrik publicó un influyente artículo titulado; ¿Por qué la Globalización alienta el populismo? Desde David Ricardo y sus principios de Tributación de 1817, los economistas defendemos que el libre comercio aumenta la riqueza de las naciones. Esto sigue siendo cierto, ya que los países que ponen restricciones al comercio se acaban empobreciendo.