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Recortes en el presupuesto europeo
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José Carlos Díez

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Recortes en el presupuesto europeo

La Comisión acaba de presentar sus nuevos presupuestos para el próximo sexenio y la señal es muy contundente; recuperar la competitividad perdida tendrá costes

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (EFE/EPA/Olivier Matthys)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (EFE/EPA/Olivier Matthys)
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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, antes de acabar su anterior mandato pidió a Mario Draghi un informe sobre la competitividad europea. El informe hizo un diagnóstico frío y despiadado sobre la situación, identificando varios problemas que perjudican a la industria europea, incluyó aquí industria digital, que no les ayuda a conseguir ganar cuota de mercado mundial contra sus competidores asiáticos y americanos, principalmente.

Draghi destacaba los excesos de regulación, en Europa durante ese mandato se aprobaron el triple de regulaciones que en EEUU. Como reconocen en privado en Bruselas, nosotros siempre tenemos la mejor regulación y los americanos las mejores inversiones y los mejores empleos. Los principales excesos de regulación que aumentan significativamente los costes de producción de las empresas europeas han sido vinculadas a la sostenibilidad. Otro grave problema es nuestro ecosistema tecnológico y las dificultades para que nazcan startup que acaban convirtiéndose en grandes empresas, como sucede en China y en EEUU. Y el otro foco fue la energía, donde la industria europea tiene costes muy superiores a la china y la estadounidense.

La Comisión acaba de presentar sus nuevos presupuestos para el próximo sexenio y la señal es muy contundente; recuperar la competitividad perdida tendrá costes. No se renueva el Next Generation que los países han sido incapaces de gastar en su totalidad, se dispara el gasto en defensa y se crea un fondo de competitividad de 400.000 millones para mejorar la financiación de las pymes europeas con alto potencial de crecimiento. Europa pasa de políticas de demanda, mal llamadas keynesianas, a políticas de oferta.

Ahora la pelota pasa al Consejo donde es necesaria la unanimidad de los 27 países miembros y las negociaciones serán durísimas y durarán muchos meses. La realidad es que Alemania, el gran financiador del proyecto europeo, está en una grave crisis industrial y va a gastar su dinero dentro y Francia tiene una grave crisis fiscal y ya ha anunciado recortes en su propio país.

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Como era de esperar, los fondos agrícolas serían los grandes damnificados. El sector agrícola europeo supone el 2% del PIB y consumía el 30% del dinero del presupuesto europeo. La PAC se creó para mantener la seguridad alimentaria y ese principio debe continuar, pero en épocas de escasez el sector debe mejorar su eficiencia. La realidad es que la PAC no deja de ser una política proteccionista como la que criticamos a Trump y que genera enormes excedentes con un fuerte impacto ambiental al tener consumo de agua que acelera el cambio climático y necesita atraer inmigración que acaba generando problemas de integración que aprovecha la extrema derecha con demagogia para subir en votos.

Los países necesitan ahora una estrategia para adaptar su política de competitividad a la nueva realidad del presupuesto europeo y especialmente a la nueva realidad de los aranceles de Trump. Alemania y Francia siempre han gastado muchos recursos en política industrial de sectores estratégicos y Francia ha invertido mucho dinero público en la industria digital, no es casualidad que el único unicornio europeo en inteligencia artificial sea francés.

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España concentra todo el crecimiento de su gasto público en pensiones y sanidad, desde los años ochenta no hace política industrial y vamos muy atrasados en desarrollo digital. Hemos desaprovechado la oportunidad de los Next Generation, la Comisión acaba de suspender a España por no cumplir su compromiso de digitalizar al Estado, y hemos gastado el dinero principalmente en el Kit Digital para que las micropymes renueven su portátil.

En España la agricultura, la pesca y la ganadería tienen un grave problema de sucesión y necesitaban un plan de reestructuración desde hace años. Igual que hicimos en la minería o en la siderurgia en los años ochenta hay que reducir el exceso de capacidad del sector y dar una salida digna a la jubilación a miles de agricultores, pescadores y ganaderos. La rentabilidad está en el regadío, pero España es el país europeo con mayor estrés hídrico, especialmente en el arco mediterráneo.

Recientemente conocí en León a una startup tecnológica de las que Mario Draghi recomienda apostar para crear empleos de calidad y pagar impuestos para financiar las pensiones futuras. Se llama iRiego, gestiona comunidades de regantes, digitaliza y hace uso de satélites y drones para riegos inteligentes con desarrollo tecnológico propio e invierte en nuevas infraestructuras para reducir el consumo de agua por hectárea, lo cual ahorra costes, mejora la competitividad y ayuda a mitigar el cambio climático. La empresa ya tiene 100 trabajadores y tiene ambiciosos planes de crecimiento, la mayoría de sus oficinas están en zonas rurales y contrata y forma a jóvenes de esas comarcas frenando la despoblación. El nuevo fondo de competitividad propuesto por la Comisión debería apoyar a esta empresa para expandirse internacionalmente, convertirse en una multinacional y crear sus empleos de mayor calidad en León.

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En la industria, España ya ha identificado en los PERTE los sectores estratégicos de futuro. Ahora toca hacer un plan de política industrial que dé continuidad a los Next Generation con dinero a cargo de los presupuestos nacionales o autonómicos. La clave es potenciar el desarrollo tecnológico y financiar el crecimiento de las nuevas inversiones a largo plazo con costes financieros competitivos. La banca española tiene exceso de depósitos y si se relaja la regulación y los excesivos costes de capital para este tipo de créditos, se podría complementar la financiación pública con privada, como ha recomendado hacer el Banco Mundial en la reciente Cumbre de financiación en Sevilla.

En lo digital en España está todo por hacer. Lo primero es acabar ya con la demagogia y la demonización de la inteligencia artificial por temas morales. El propio Pedro Sánchez, en su plan para combatir la corrupción, anunció en el Congreso que hará uso de la inteligencia artificial en la licitación y control del dinero público. Nadie discute que los robots y las máquinas tengan que cumplir la ley y que la persona o empresa que lo desarrolle y la incumpla tendrá que asumir todo el peso del código civil y penal. Lo que pedimos los economistas es que esas leyes no impidan el desarrollo tecnológico que estamos importando de China y del Silicon Valley, donde se crean los mejores empleos y se pagan los mejores salarios. El fuego también tenía riesgos, pero si nuestros antecesores del paleolítico lo hubieran prohibido, como hace Bruselas y la regulación española con los excesos de la protección de datos, hoy seguiríamos con taparrabos.

El problema de España es que para hacer todos estos cambios necesita un Gobierno fuerte que pueda aprobar unos presupuestos y que negocie con las comunidades autónomas. El actual Gobierno está a otras cosas y un gobierno de PP con Vox también estaría a otras cosas. España necesita volver al bipartidismo donde el PSOE y el PP compiten; compiten en las elecciones, pero son capaces de llegar a acuerdos puntuales sobre decisiones claves que necesita la economía para progresar, crear más y mejores empleos para reducir la tasa de paro y la tasa de pobreza y la desigualdad, que siguen siendo inmoralmente altas en nuestro país.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, antes de acabar su anterior mandato pidió a Mario Draghi un informe sobre la competitividad europea. El informe hizo un diagnóstico frío y despiadado sobre la situación, identificando varios problemas que perjudican a la industria europea, incluyó aquí industria digital, que no les ayuda a conseguir ganar cuota de mercado mundial contra sus competidores asiáticos y americanos, principalmente.

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