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José Carlos Díez

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La economía de los incendios

La causa de los incendios es global y no la controlamos, la lucha política es innecesaria y nos agota a los ciudadanos

Foto: incendio que afecta a la vertiente leonesa a los Picos de Europa. (EFE)
incendio que afecta a la vertiente leonesa a los Picos de Europa. (EFE)
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España arde. La principal causa es la ola de calor que es más intensa y, sobre todo, más duradera de lo habitual. En los últimos 25 años las olas de calor en España han sido el doble que en los 25 años anteriores y los científicos anticipan que, por culpa del cambio climático, será aún peor en la próxima década. Y el mayor cambio es que en zonas de montaña, donde se concentra la masa arbórea y los incendios, por la noche la temperatura no baja lo necesario para enfriar el bosque.

Esto es un problema global en el que España e incluso Europa tienen escasa capacidad para resolver, ya que el mayor crecimiento de emisiones que intensifican el cambio climático se generan en China y no asumen los objetivos de las Cumbres del Clima. Aunque China va a toda velocidad en su proceso de transición climática, sustituyendo carbón por renovables para producir electricidad y en movilidad de coche eléctrico.

¿Qué podemos hacer en España? Primero, como en los protocolos de cuidados intensivos en un hospital, mantener la calma. Estamos en lo peor de la crisis de incendios y buscar soluciones en caliente no suele dar buenos resultados a largo plazo. Segundo sedar al enfermo, en este caso la opinión pública, que le domina la impotencia y necesita creer en soluciones fáciles. Por ejemplo, Vox, que ahora promete más brigadas en invierno para limpiar los montes, pero cuando estuvo en el gobierno de Castilla y León las recortó. Tampoco son creíbles PSOE y PP cuando prometen más recursos en caliente, cuando ambos han recortado esas partidas en las CCAA que gobiernan y en el Gobierno central sin presupuestos desde hace ya tres largos años.

En España casi se ha doblado la masa arbórea desde la muerte de Franco, pero desde la crisis de 2008 los presupuestos para cuidar esos montes son cada vez más limitados. La realidad es que la sanidad en los presupuestos autonómicos y las pensiones en el de la administración central se comen el crecimiento de la regla de gasto y no hay dinero para más. Y la realidad es que los ciudadanos no estarían dispuestos a asumir recortes en sanidad ni pagar más impuestos para aumentar las plantillas y pagar mejor a los héroes que se han jugado la vida para apagar los incendios, con la mayor recaudación de impuestos y deuda pública sobre PIB de la historia.

Foto: incendios-forestales-cambio-climatico-espana-1hms Opinión
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Entonces ¿qué se puede hacer? Una economista llamada Elinor Ostrom nos ayudó y por sus propuestas consiguió ser la primera mujer en conseguir el premio Nobel de Economía. Ostrom analizó casos de éxito de gestión privada de bienes públicos y curiosamente en España analizó la gestión comunal de los bosques de pinares de Soria y Burgos en la sierra de la Demanda. Los bosques son de dominio público, pero los gestionaban los aserraderos de la zona con una tala controlada y los beneficios se repartían entre los vecinos que residían en los pueblos todo el año. Y esa labor se complementaba con el pastoreo muy habitual en zonas de montaña. En esos bosques no se recuerda incendios desde hace siglos y es muy habitual ir a asar chuletas de cordero al monte, pero todos se ocupan de llevar agua para apagar las ascuas y el que no lo hace recibe la crítica de los vecinos y les obligan a apagarlo sin necesidad de que intervenga la Guardia Civil.

La realidad hoy es muy diferente, el riesgo de incendio en esa zona es infinitamente mayor y si una ola de calor calienta el bosque y prende una chispa habría un incendio de quinta generación desde la Laguna Negra de Vinuesa en Soria hasta el Monasterio de la Virgen de Balvanera en La Rioja a 70 km de distancia. Tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, los aserraderos quebraron y se acabó la demanda natural de esos montes. Los pastores fallecen y no hay reemplazo y el pastoreo en zonas de alta montaña no suele ser rentable y difícilmente sostenible económicamente.

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A eso hay que añadir políticas desde Bruselas y desde Madrid desarrolladas por urbanitas cuyo único conocimiento del mundo rural es ir algún fin de semana a un pueblo, a una casa rural y salir a hacer senderismo o montar en bici. Y políticas medioambientales bien intencionadas, pero sin evaluación de impacto que acaban perjudicando más de lo que ayudan.

El ministerio de Transición y las consejerías de las autonomías deberían empezar a estudiar casos de éxito tipo Ostrom que tengan impacto positivo sobre el planeta, las personas de la zona, viabilidad económica y con mínimo impacto sobre el gasto y la deuda pública. Yo voy a contar aquí tres que conozco, pero hay cientos más. El primero es público y lo protagoniza la empresa Hunosa. Tras el cierre de las centrales térmicas, que producían electricidad a un coste muy elevado y poco competitivo y altamente contaminante, la empresa se ha tenido que reinventar. Han aprovechado una central térmica que estaba adaptada para valorizar además de carbón otros combustibles y ahora valorizará biomasa forestal. El coste de adaptación reduce la inversión significativamente sobre una nueva central y eso permite que el proyecto sea viable sin subvenciones y a un precio de la energía producida a un coste competitivo. Han hecho acuerdos con los ayuntamientos de las cuencas mineras en el centro de Asturias y generan mucho empleo durante todo el año en zonas especialmente deprimidas ya afectadas por el cierre del carbón.

El segundo caso es la comunidad de regantes de Santa María del Páramo en plena meseta. Una zona de secano fue identificada por el ministerio de agricultura para acceder a agua del embalse de Luna. Los vecinos eran reacios, ya que la inversión era elevada y no veían el negocio. El ministerio forzó, financió la obra con la empresa pública Sediasa y la gestión la hace la empresa iRiego que nació con esa operación hace 12 años y hoy ya tiene más de 100 trabajadores en zonas rurales y que digitaliza y gestiona los regadíos con apoyo tecnológico de última generación con satélites, drones e inteligencia artificial. Solo el 10% de la agricultura en España es de regadío, pero explica el 70% del total de la producción y es clave que esos regadíos sean eficientes en la gestión del agua que supone el 80% del consumo total de agua en España. Esa empresa y sus comunidades de regantes están en las zonas afectadas por los incendios y ha colaborado activamente con las brigadas, sobre todo preparando comida en colaboración con el chef José Andrés.

Foto: PONFERRADA (LEÓN), 10 08 2025.- Vista de una zona desalojada de vecinos durante un incendio en el Bierzo, este domingo. La Junta de Castilla y León ha informado este domingo de la positiva evolución del incendio de Yeres, en el término municipal de Puent

El tercer caso es la empresa Naturpellet en el municipio segoviano de Sanchonuño. Segovia tiene la mitad de su territorio con superficie forestal, una de las zonas más verdes de Europa. La empresa comenzó haciendo pallets industriales y ahora también hacen pellets para calefacciones con una gestión eficiente de sus montes. Tienen 200 trabajadores directos y unos 600 indirectos en un pueblo de apenas 1.000 habitantes que ha aumentado su población un 30% en los últimos 25 años. Ese pueblo, gracias a empresas como esta, es un milagro económico con una tasa de empleo de las más altas de Europa y tienen 4 afiliados a la Seguridad Social por cada pensionista, el sistema de reparto necesita 2,5 para ser sostenible.

La causa de los incendios es global y no la controlamos, la lucha política es innecesaria y nos agota a los ciudadanos, no hay dinero público para gastar más y hay cientos de casos privados que con una regulación eficiente y apoyo del estado pueden crecer y ayudarnos a reducir el combustible que hay en nuestros bosques y reducir el riesgo de incendios.

España arde. La principal causa es la ola de calor que es más intensa y, sobre todo, más duradera de lo habitual. En los últimos 25 años las olas de calor en España han sido el doble que en los 25 años anteriores y los científicos anticipan que, por culpa del cambio climático, será aún peor en la próxima década. Y el mayor cambio es que en zonas de montaña, donde se concentra la masa arbórea y los incendios, por la noche la temperatura no baja lo necesario para enfriar el bosque.

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