El teléfono móvil inteligente que nació en 2007 ha cambiado el mundo y España y Europa han dejado de funcionar. La socialdemocracia debe también adaptarse y debe plantear propuestas ilusionantes para los jóvenes
Jordi Sevilla, economista y exministro. (Europa Press/Alberto Ortega)
Jordi Sevilla acaba de presentar un manifiesto para abrir un debate de regeneración en la izquierda más necesario que nunca en España y en Europa. Los medios, como es lógico, se centran en la parte política de crear una corriente interna al sanchismo en el PSOE, pero lo más destacado para mí del comunicado es que cuestiona el modelo de crecimiento que genera precariedad laboral y malestar social. Cuando nació el euro en 1999, la renta media de un alemán era el 93% de la de un estadounidense, la de un francés un 86% y la de un español un 71%; 25 años después es del 81%, 73% y 63% respectivamente. En EEUU ya hay 68 millones de ciudadanos de origen hispano con un salario medio muy superior al de España y que generan mucho más PIB que nosotros.
La socialdemocracia nació hace un siglo con dos objetivos: dotar al movimiento obrero de nivel intelectual para conseguir mayorías parlamentarias, aprobar leyes reformistas para transformar la realidad social, garantizar el progreso de la mayoría de los ciudadanos y luchar contra el comunismo que consideraban incompatible con la democracia. En el año 2000, el centro-derecha tenía el 40% de los votos en las elecciones al Parlamento Europeo, los partidos socialdemócratas el 35% y la extrema derecha el 5%; hoy los tres partidos están próximos al 25%. En España, cuando Pedro Sánchez llegó a la Secretaría General del PSOE en 2014, Vox tenía menos del 1% de los votos; hoy las encuestas le dan cerca del 18%.
Por lo tanto, más allá del morbo orgánico del PSOE, el debate que plantea Jordi Sevilla ylos socialistas que han firmado ese manifiestoes más necesario que nunca. Yo no soy militante, pero he votado al PSOE desde que cumplí mi mayoría de edad; dejé de hacerlo en 2015 y soy uno de los cientos de miles de españoles que en cada elección deposito mi sobre en la urna vacía y voto en blanco, y a mí el manifiesto de Jordi Sevilla me representa. Primero, en la necesaria regeneración democrática. Principios básicos como pasar de la polarización al diálogo, de las consignas a los argumentos, del bloqueo a los acuerdos, priorizar el respeto a las instituciones frente al tacticismo y la verdad a la propaganda. Yo, con los partidos políticos actuales, hasta que el PSOE no tenga un líder que respete esos principios básicos del manifiesto, seguiré votando en blanco.
Jordi sacó una oposición de economista del Estado y fue asesor económico de Felipe González en Moncloa y jefe de gabinete de Pedro Solbes, y le tocó gestionar la crisis de 1992. Luego apoyó a Zapatero en las primarias contra el aparato y fue ministro con él, luego apoyó a Pedro Sánchez en las primarias y fue presidente de Red Eléctrica con él, y ahora dice que el PSOE ha dejado de ser un partido político para convertirse en un club de fans que aplauden al líder.
Jordi representa bien el deterioro que hemos visto en los partidos políticos y en la democracia española, especialmente desde la crisis de 2008. Consiguió por méritos una plaza de funcionario de élite bien pagada, pero se dedicó a la política por convicción. En sus cargos de responsabilidad cometería errores, como todos los seres humanos, pero siempre basaba sus decisiones en argumentos y criterios técnicos. Por ejemplo, sin cuestionar el desarrollo de las renovables, Jordi Sevilla solicitó al Ministerio de Transición y a la Comisión Nacional de la Competencia en el año 2000 cambios necesarios en la regulación de la red de alta tensión para garantizar la estabilidad y evitar un apagón. Pedro Sánchez apoyó a Teresa Ribera y el relato; nos dejaron sin luz eléctrica el pasado año a todos los españoles y cinco años después Beatriz Corredor está ejecutando por fin los cambios que solicitó Jordi Sevilla, aunque sin comunicárselo a la sociedad para mantener la propaganda.
Si Pedro Sánchez y el PSOE hubieran aplicado los principios básicos del manifiesto, no hubiéramos tenido apagón, tendríamos mejor regulación eléctrica, más inversión, tendríamos más baterías y centrales hidráulicas de doble bombeo, más desarrollo de red de alta tensión, más fábricas, más empleo industrial, mejores salarios, menos desigualdad y, paradójicamente, menos consumo de gas y menos emisiones contaminantes.
Cuando Pedro Sánchez nos dice todos los días que la economía va bien gracias a su Gobierno, es la misma propaganda que hacía Franco en el NO-DO en los años sesenta y setenta y la misma que hacía el PP de Aznar o el de Rajoy. La realidad es que la economía española es muy agradecida y, cuando tiene condiciones de estabilidad, crece y crea más empleo que nuestros socios europeos desde 1960. La realidad es que Pedro Sánchez es el presidente con menos escaños de la historia de la democracia española, que en 2023 perdió las elecciones y que para seguir en Moncloa tuvo que ceder a los independentistas y los partidos nacionalistas todo lo que le pedían, como hizo Puyi para seguir siendo emperador de China durante la ocupación japonesa o como está haciendo Delcy Rodríguez en Venezuela para ser presidenta durante la ocupación americana.
La propaganda y el NO-DO nos dicen que el nuevo modelo de financiación autonómica será bueno para todos los españoles. Pero en las redes sociales todos vemos a Oriol Junqueras decir que el modelo lo han impuesto ellos y que es insuficiente, ya que lo que Pedro Sánchez les prometió en 2023 es el cupo catalán y darles el 100% de la recaudación de los impuestos. La realidad es que el salario medio en España, descontada la inflación, está estancado desde hace 20 años, pero el gasto público ha pasado del 36% en 1999, cuando nació el euro, al 44% actual. Que España tiene un déficit público estructural desde 2015 próximo al 3% del PIB, que somos uno de los países con más deuda pública del mundo y que todas las propuestas de aumento de gasto público de Pedro Sánchez y de todos los presidentes autonómicos de todos los partidos se financian con deuda pública que pagarán mis hijos de 18 y 15 años y los hijos de mis dos sobrinos que van a nacer este año.
El mundo hoy ha cambiado radicalmente, con China liderando las exportaciones mundiales y con una revolución digital y tecnológica a la que la economía española y europea no han sabido adaptarse. El mundo anterior a China era más sencillo; EEUU consumía y Europa, principalmente Alemania, ahorraba y producía con más tecnología y más eficiencia. Hoy los chinos ahorran mucho más que los alemanes y producen con mejor tecnología y más eficiencia. La socialdemocracia nació reformista y debería haber aplicado el plan para mejorar la competitividad de Mario Draghi hace décadas. Si la sanidad universal y la subida de nuestros salarios desde los años setenta han aumentado espectacularmente nuestra esperanza de vida y generan un problema de sostenibilidad en nuestro sistema de pensiones que es de reparto, se analiza y se reforma, con tiempo, con gradualismo y sin recortes traumáticos como sucedió en 2010 y en 2012. Si nuestras universidades han bajado la calidad y el ecosistema de investigación y tecnológico no consigue competir con EEUU y China, se identifica el problema y se cambia. Si la llegada de inmigración masiva nos genera un problema de presión excesiva sobre los salarios en los trabajos de menor cualificación y eso reduce los incentivos a invertir en tecnología y aumentar la productividad, se afronta sin demagogia.
Antes de Platón hubo un profundo debate en la Academia Griega. Parménides, al que Platón llamaba "el Grande", defendía que el ser es y el no ser no es. Heráclito, el filósofo del cambio, por el contrario, defendía que todo cambia, nada permanece, sólo el cambio es permanente. El teléfono móvil inteligente que nació en 2007 ha cambiado el mundo y España y Europa han dejado de funcionar. La socialdemocracia debe también adaptarse y debe plantear propuestas ilusionantes para los jóvenes que han perdido la esperanza en la política. Eso exige un líder al que respeten, y no valen apparátchik que están en política principalmente para tener un empleo y pagar la hipoteca y el colegio de sus hijos.
Este nuevo mundo es complejo y no será sencillo, pero mucho peor lo tuvieron los socialdemócratas de hace un siglo y lo consiguieron. Como nos enseñó John Keynes, que hizo su tesis doctoral sobre teoría de la probabilidad, "cuando se espera lo inevitable, sucede lo imprevisto". Y para que lo imprevisto sea positivo, es condición necesaria subir el nivel del debate de ideas, como proponen Jordi Sevilla y los socialistas que han apoyado ese manifiesto.
Jordi Sevilla acaba de presentar un manifiesto para abrir un debate de regeneración en la izquierda más necesario que nunca en España y en Europa. Los medios, como es lógico, se centran en la parte política de crear una corriente interna al sanchismo en el PSOE, pero lo más destacado para mí del comunicado es que cuestiona el modelo de crecimiento que genera precariedad laboral y malestar social. Cuando nació el euro en 1999, la renta media de un alemán era el 93% de la de un estadounidense, la de un francés un 86% y la de un español un 71%; 25 años después es del 81%, 73% y 63% respectivamente. En EEUU ya hay 68 millones de ciudadanos de origen hispano con un salario medio muy superior al de España y que generan mucho más PIB que nosotros.