Felipe González y cómo poner España y Europa a funcionar
"El líder debe ofrecer un proyecto de país lo menos mercenario posible para mejorar la vida de los ciudadanos, eso se nota, y además debe hacerse cargo del ánimo de los demás"
El expresidente del Gobierno Felipe González. (Europa Press/Nacho Valverde)
Esta semana he tenido el honor de moderar una charla al expresidente Felipe González. Dicen que los españoles tenemos desafección con la política, pero Felipe llenó el teatro Juan Bravo en la Plaza Mayor de Segovia, un martes al mediodía con frío y lloviendo. En octubre estuve con él en Lanzarote y también llenazo absoluto. Durante una hora y media analizó la realidad mundial, europea y española con la experiencia de quien ha gobernado durante 14 años. Tiene una capacidad extraordinaria para sintetizar la complejidad que nos rodea, quedarse solo con lo relevante, centrar su energía en pocas cosas determinantes que las lleva hasta la obsesión, para pasar inmediatamente a hablar de cómo resolver los problemas, con planes posibles y con una enorme pedagogía para que le entienda la gente.
Fue despiadado en su crítica con Donald Trump, al que definió como un hombre rematadamente loco. En un solo año ha hecho saltar por los aires toda la gobernanza global que costó 80 años construir. Destacó el discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el que anima a las naciones medianas a no seguir las políticas proteccionistas de Trump con servidumbre, ya que empobrecerán a sus ciudadanos. Los españoles sufrimos esas políticas en los años cuarenta y cincuenta durante el franquismo y 3 millones se vieron forzados a emigrar.
Fue optimista con el futuro de Europa. Recordó la grave crisis que afrontaba Europa en 1982, cuando él llegó al poder, buena parte de la industria no era competitiva tras la brusca subida de los precios del petróleo y había que reconvertirla, había enormes excedentes agrícolas y acabaron alimentando a los pollos con mantequilla en el pienso y sabían a queso al cocinarlos, nos contó. Felipe cree que Alemania ya está afrontando su crisis industrial y confía en que lo harán con éxito, como hicieron en los años ochenta.
Felipe ve clave seguir las hojas de ruta del informe Draghi y el informe Letta y coincide con el canciller alemán en su discurso en Davos en poner el foco en recuperar la competitividad, el liderazgo político de lo que hay que hacer y no dejar las decisiones a los burócratas de Bruselas. Solo una mejora de la competitividad y la productividad permitirá una mejora de los salarios y reducirá la desafección de una parte de la ciudadanía con el sistema.
Hizo una defensa de la PAC sin ambages, defendió a los agricultores y replantear las políticas de sostenibilidad europeas. Dijo explícitamente que basar la sostenibilidad en que los humanos no puedan vivir del campo y en las zonas rurales no es sostenible. Se acordó de su padre que era vaquero y dijo estar muy orgulloso de sus orígenes humildes. Aplaudió los esfuerzos de la Comisión por buscar mercados alternativos a EEUU y sus aranceles y destacó el acuerdo anunciado esta semana de libre comercio con la India, un mercado con un número de consumidores similar a China.
Pero su obsesión y su pasión es España. Una anécdota que me encantó, al empezar la charla habían apagado las luces del teatro y desde el escenario no veíamos la cara de los asistentes y lo primero que hizo cuando tomó la palabra fue pedir que las encendieran: "Me gusta ver la cara de la gente cuando les estoy hablando". Yo le pregunté con retrospectiva cómo modernizó el PSOE abandonando el marxismo para que el partido representase a una mayoría de españoles, cómo consiguieron Suárez y él aprobar los Pactos de la Moncloa en medio de una grave crisis económica, con la inflación y la tasa de paro próximas al 20%, y cómo cumplió su promesa de su campaña de 1982 de poner a España a funcionar.
Bajó de la macroeconomía a los pequeños detalles que son los que curiosamente los ciudadanos exigimos a los políticos: "Mi prioridad fue que en todos los pueblos de España hubiera al menos un teléfono, carreteras asfaltadas, agua corriente, saneamiento, educación, sanidad, buenas pensiones, etcétera". Destacó que los españoles hemos pasado de la desafección al cabreo y que eso es un riesgo para la convivencia y eso es una de sus prioridades que le obsesiona.
Destaca la crisis de liderazgo que hay en la política española, como refleja la fragmentación del Parlamento que hace muy complicada la gobernabilidad. "El líder debe ofrecer un proyecto de país lo menos mercenario posible para mejorar la vida de los ciudadanos y eso se nota y el líder debe hacerse cargo del ánimo de los demás" y aquí hablo de la gestión del accidente de Adamuz. Otra de sus obsesiones es que el Gobierno lleve tres años sin presupuestos y que no pare de aumentar el gasto público sin tener una base legal que lo apoye y su único momento de cabreo fue cuando dijo que es incomprensible que el Gobierno de España depende de Puigdemont en Waterloo.
Felipe no bajó a los detalles de la situación actual. Pero lo que los españoles queremos es que no descarrilen los trenes, que lleguen a tiempo, que nuestros jóvenes tengan viviendas a precios más asequibles, que tengan salarios dignos con los que poder pagarlas, que no tengamos apagones eléctricos, que no haya listas de espera tan largas en la sanidad, que los niños que van a un colegio público tengan una educación de calidad, que las carreteras no tengan baches y no vaya votando el coche, que cuando vayamos a una ventanilla de la administración pública nos resuelvan el problema y no nos generen más, que nuestros políticos nos informen con diligencia, transparencia y honestidad, etcétera.
Es sencillo lo que dice Felipe, solo falta un líder con un plan que consiga ilusionar a todos los españoles y que vuelva a poner a España a funcionar.
Esta semana he tenido el honor de moderar una charla al expresidente Felipe González. Dicen que los españoles tenemos desafección con la política, pero Felipe llenó el teatro Juan Bravo en la Plaza Mayor de Segovia, un martes al mediodía con frío y lloviendo. En octubre estuve con él en Lanzarote y también llenazo absoluto. Durante una hora y media analizó la realidad mundial, europea y española con la experiencia de quien ha gobernado durante 14 años. Tiene una capacidad extraordinaria para sintetizar la complejidad que nos rodea, quedarse solo con lo relevante, centrar su energía en pocas cosas determinantes que las lleva hasta la obsesión, para pasar inmediatamente a hablar de cómo resolver los problemas, con planes posibles y con una enorme pedagogía para que le entienda la gente.