El economista humanista
Por
Europa ya va a dos velocidades y España no está en la primera
Pedro Sánchez no fue invitado a la reunión previa al Consejo de los 20 países y parece que le ha molestado
La agresión de Trump, amenazando con invadir Groenlandia, ha hecho aterrizar a los líderes europeos a la nueva realidad. En Davos el discurso ya cambió y esta semana se han reunido en un Consejo informal con un único punto de orden del día: mejorar la competitividad de la economía europea.
En la década de los años sesenta nacían en Europa 7 millones de niños cada año, ahora nacen menos de 4 millones. Cuando un país envejece, deja de crecer la población, hay menos oferta de mano de obra y las economías necesitan crecer aumentando la productividad por trabajador. Para aumentar la productividad es necesario aumentar el capital por trabajador, aquí se incluye el conocimiento y la formación, la maquinaría, etc. Y otra forma es aumentar la innovación que es muy relevante ya que desde los años ochenta el mundo vive su momento más intenso de desarrollo tecnológico de la historia.
Además de nuevas tecnologías, los países europeos hemos perdido peso en el PIB mundial y han aparecido nuevos competidores que también quieren aumentar su tasa de empleo, subir sus salarios y desarrollar un estado del bienestar como tenemos los europeos. Europa se ha adaptado mal a esos dos cambios y la buena noticia que por fin los líderes, los medios de comunicación y la mayor parte de los ciudadanos hemos asumido que estamos en crisis. Esto es una condición necesaria para solucionar una crisis, pero no suficiente. Podemos diferenciar dos tipos de países en Europa, los que ya han asumido que están en crisis y los que aún no son conscientes de ello.
Antes del Consejo informal se reunieron veinte países para fijar posición, la Europa de las velocidades ya es una realidad. El primer ministro belga fue el más beligerante y exigió medidas concretas, no sólo relatos, antes de final de año. Las claves son: i) avanzar en el mercado único y eliminar barreras al comercio interno, ii) simplificación administrativa, iii) reducir los costes energéticos y iv) y diseñar una política comercial ambiciosa y pragmática, el reciente acuerdo con India es un buen ejemplo.
Los cuatro puntos es una melodía que nos suena bien a los economistas, aunque los que ya llevamos años analizando la política económica europea estamos como el apóstol y necesitamos meter los dedos en las llagas para creerlo. Alemania está liderando todo, con un Canciller que ha puesto mejorar la competitividad como prioridad política de su mandato. Los alemanes ya han conseguido reinventarse varias veces desde 1945 y si son creíbles. Francia con una deuda pública elevadísima, un déficit público insostenible y una economía plagada de rigideces que limitan la actividad económica y la innovación necesaria para crecer no es creíble. Italia que es uno de los países del mundo que menos ha crecido desde 1980 menos aún.
El primer ministro alemán Merz ya ha pedido silencio administrativo positivo, algo que es habitual en EEUU. Cuando tu solicitas algo al estado si no contestan por ejemplo en seis, se considera un sí y puedes hacer lo que solicitaste. Merz hizo la comparación con China para construir plantas solares, ellos tardan meses y en Europa tardamos años. Vale igual para desarrollar, suelo, construir viviendas, desarrollar redes eléctricas, construir presas, canales de regadío, instalar nuevas fábricas, poner puntos de recarga de coches eléctricos, etc.
Opinión Antonio Costa, hoy presidente del Consejo Europeo y desde 2015 primer ministro de Portugal, lo aplicó en su país y funcionó. Portugal va infinitamente más avanzado que España en la transición energética en instalación de plantas solares y eólicas, baterías de acumulación, centrales de doble bombeo hidráulico, puntos de recarga de coches eléctricos. Hace dos años le propuse a un asesor de Pedro Sánchez que me dejara el BOE 24 horas para traducir el decreto de Antonio Costa al Castellano y publicarlo y probar seis meses después si se había reducido la burocracia. Su respuesta, además de innecesariamente desagradable, anticipó por qué España no está en la primera velocidad europea.
España es un país que crece desde 1960, cuando aplicamos la receta de liberalización económica que ahora quiere aplicar Europa. Pero también hemos envejecido, el año que murió Franco nacieron en España casi 700.000 niños y ahora nacen unos 300.000 y unos 75.000 son hijos de inmigrantes. También tenemos una deuda pública elevadísima, un déficit público alto y estructural, concentrado en el sistema público de pensiones, el pilar de nuestra competitividad sigue siendo tener salarios más bajos y se retroalimenta con la llegada de inmigración y nunca se nos ha dado bien el desarrollo tecnológico ni la innovación.
Pedro Sánchez no fue invitado a la reunión previa al Consejo de los 20 países y parece que le ha molestado. Si en Moncloa hubiera algún indicio de vida inteligente analizarían las causas y cambiarían la estrategia para que les inviten a la próxima y que España vuelva a ser influyente en el momento más crucial para la economía europea desde 2010. Sánchez fue él único presidente de la OTAN que se negó asumir los nuevos compromisos de defensa. Sánchez y los socialdemócratas europeos se niegan a liberalizar la economía europea y hablan del eufemismo de la regulación de calidad. Cuando un político habla de mejorar la calidad de la regulación, por mi experiencia, es que o no quiere cambiar nada o quiere meter más burocracia aún.
Opinión Sánchez lleva tres años sin presupuestos y es lógico que el resto de líderes le pierdan el respeto, todo el mundo sabe en Europa que el Gobierno de España no gobierna porque no tiene apoyos mayoritarios en el Congreso para aprobar leyes. Las pocas leyes que ha conseguido aprobar este gobierno desde la Pandemia han sido para meter más rigideces y más burocracia en la economía española. Esas pocas leyes necesitan el apoyo de los nacionalistas vascos y catalanes que llevan diez años aprovechando esa debilidad para avanzar en las competencias para las comunidades autónomas, aumentando la fragmentación del mercado único dentro de España, todo lo contrario que piden los países de la primera velocidad.
El Gobierno alemán ya ha reconocido que fue un grave error el cierre de sus centrales nucleares y Pedro Sánchez está obsesionado en cerrar Almaraz, lo cual aumentará el coste de la energía para la industria española, aumentará el consumo de gas y las emisiones contaminantes y nuestra dependencia exterior, condicionando la política comercial europea. España estuvo a punto el año pasado de dejar sin luz a los más de 300 millones de ciudadanos europeos, eso no sucedió porque Francia cortó la interconexión y protegió su red. Macron esta misma semana lo ha contado en una rueda de prensa. España sería el país que produce la electricidad más barata y deberíamos liderar el desarrollo del mercado único eléctrico europeo pero estamos fuera de las reuniones importantes donde los líderes toman las decisiones.
Cuando ves a 20 países europeos que se reúnen y no te invitan y piensas que todos van en dirección contraria, lo más probable es que seas tú el que va mal y lo más sensato es parar urgentemente el coche y conducir en la misma dirección que el resto.
La agresión de Trump, amenazando con invadir Groenlandia, ha hecho aterrizar a los líderes europeos a la nueva realidad. En Davos el discurso ya cambió y esta semana se han reunido en un Consejo informal con un único punto de orden del día: mejorar la competitividad de la economía europea.