Lo más determinante de su éxito fue su incorporación a la Unión Europea en 2004. Su referente era España. Se inspiraron en nuestra Transición desde la Dictadura, en nuestra Constitución y, sobre todo, en nuestra integración en la UE
Una bandera polaca en una celebración en Varsovia. (Reuters/Kacper Pempel)
Según el FMI, Polonia adelantó en 2025 a España en renta por habitante. Decía el gran economista Flores de Lemus que los economistas tendíamos a medir troncos de leña en balanzas de precisión y describe bien este análisis. Medir la actividad de una economía donde se hacen millones de transacciones cada día es muy pretencioso. Los economistas usamos la contabilidad nacional para ello, pero el margen de error en las estimaciones es elevado. El FMI, tras su creación en Bretton Woods en 1944, desarrolló los estándares de contabilidad pública y, al menos, casi todos los países del mundo medimos el PIB igual y los errores de estimación son similares.
Los países tenemos diferentes divisas y diferentes estructuras de precios; por esa razón, el FMI usa la técnica de la paridad de poder adquisitivopara corregir ese efecto y hacer que los datos de los países sean comparables. Normalmente, se usan los índices de precios al consumo para ello y, de nuevo, surgen los problemas de medición. Con rentas y salarios próximos, los precios de los servicios domésticos suelen ser también similares y eso reduce el margen de error de estimación. No obstante, por ejemplo, hay una crisis de vivienda en España y en Polonia, y el IPC mide muy mal los precios de la vivienda, especialmente para los jóvenes que tienen que comprar o alquilar por primera vez al independizarse.
Tras esta aclaración metodológica, yo trabajé en Polonia en el año 2002 y entonces la renta por habitante de un polaco, según el FMI, era la mitad de la de un español. ¿Qué explica que a los polacos les haya ido tan bien y hayan alcanzado nuestro nivel de desarrollo económico? El mismo fenómeno ha sucedido también en la República Checa y, por lo tanto, hay causas comunes. Pero el fenómeno no ha sucedido en Hungría, en Rumanía o en Bulgaria, por lo que hay causas de éxito solo polacas o checas. Polonia ha convergido también con Alemania y España ha dejado de converger desde 2002, por lo que los españoles se lo hemos puesto muy fácil a los polacos para alcanzar nuestra renta por habitante.
Yo llegué a Varsovia con estudio Lamela Arquitectos para construir la nueva terminal de su aeropuerto. El proyecto básico se desarrolló en Madrid, con el apoyo de unos socios de arquitectura e ingeniería polacos, y cuando empezó la construcción del edificio desplazamos un equipo de arquitectos a Varsovia. La construcción la hacía Ferrovial, que había comprado Budimex, la tercera constructora polaca por volumen de negocio.
Todo era complicado para hacer negocios en Polonia en 2002. Abrir una cuenta en un banco era un infierno burocrático; por suerte, había un banco español con oficina allí y nos resolvió estos problemas. Contratamos un asesor contable y fiscal y todo era complicado con ellos, hasta que descubrí que en Polonia el asesor fiscal asume responsabilidad civil y penal por las cuentas de sus clientes. Ferrovial tenía el contrato con PPL, AENA polaca, y nosotros teníamos un consorcio con el compromiso de cobrar cuando ellos cobraban, y cerramos un acuerdo con nuestros socios y proveedores localescon las mismas condiciones. PPL era como un ministerio soviético aún, con una burocracia brutal, y tardaron muchos meses en firmar el contrato y pagarnos. Nuestra sucursal polaca tenía muchos gastos: personal, oficina, pisos, comidas, colaboradores, etc., e incurrió en pérdidas. Mi asesora fiscal me recomendó facturar, a sabiendas de que no íbamos a cobrar, y pagar el impuesto de sociedades para evitar una inspección fiscal y una sanción.
Salvo la calle Nowy Swiat, el equivalente a la calle Serrano de Madrid en Varsovia, el resto de la ciudad estaba cansada, con construcciones racionalistas de estilo soviético muy deterioradas, tras décadas de bajo nivel de inversión. El Stare Miasto, su plaza mayor, era un decorado para los turistas, ya que había sido totalmente destruida por los nazis y la habían reconstruido fielmente. En la biblioteca de la facultad de economía había aún manuales en polaco con modelos de hacía décadas que el resto de economistas habíamos dejado ya de utilizar.
La gente mayor era muy ordenada, aburrida y responsable, tras décadas de dictadura soviética, pero los jóvenes ya habían asumido la libertad
Pero, al mismo tiempo que observabas este desastre, pasaban cosas raras que ayudan a explicar su éxito. Yo era muy pequeño en la Transición española, pero todo me recordaba a aquella época. Había mucha movida en Varsovia, podías salir de copas hasta la madrugada cualquier día de la semana, y había muy buen ambiente en locales concretos. La gente mayor de 40 años era muy ordenada, aburrida y responsable, tras décadas de dictadura soviética, pero la gente joven ya había asumido la libertad, era muy creativa y se comportaba igual que la juventud en España.
En la facultad de economía había manuales antiguos, pero también tenían los mismos manuales que usábamos en Alcalá y habían llegado profesores jóvenes formados en EEUU con muchísimo nivel. En Varsovia yo descubrí el alquiler turístico y las VTC. Había pocos hoteles y eran carísimos, y siempre me quedaba en unos apartamentos recién remodelados, normalmente en el Stare Miasto, con unas vistas al río Vístula espectaculares. Polonia es una especie de meseta desde el norte hasta las cadenas montañosas del sur y el viento polar llega a Varsovia sin apenas resistencia. Los taxis eran un cuasi monopolio y daban mal servicio, pero surgieron un montón de empresas que reservabas por teléfono —en esa época aún no había teléfonos inteligentes— y te iban a recoger a la puerta de casa o del restaurante. Si andabas pocos metros por la calle, a 15 grados bajo cero y viento polar, corrías riesgo de congelación. Había libertad de comercio y siempre podías comprar cosas a cualquier hora y cualquier día. Pocos países en el mundo serán más religiosos que los polacos, pero los domingos, hace más de 20 años, estaban abiertos los comercios, al menos en el centro turístico de la ciudad.
Pero lo más determinante de su éxito fue su incorporación a la Unión Europea en 2004. Su referente, tanto para Polonia como para Chequia, era España. Se inspiraron en nuestra Transición desde la Dictadura, en nuestra Constitución y, sobre todo, en nuestro exitoso proceso de integración en la Unión Europea de 1986. La adhesión les dio acceso al mayor mercado de consumo del mundo sin aranceles y a la regulación euro, que mejoraba significativamente su seguridad jurídica y su burocracia para hacer negocios.
Les llegó un aluvión de inversión extranjera, igual que a España en los años ochenta. Sus salarios eran muy bajos y recibieron mucha deslocalización, igual que pasó en España, y han triplicado su producción industrial en tan solo 20 años. España se ha beneficiado significativamente del desarrollo polaco. Además de Ferrovial, el Banco Santander tiene un banco allí; Cellnex desarrolla y opera redes de telecomunicaciones; Persán, una empresa industrial, produce allí para atender el mercado local y de los países cercanos, etc. Esas empresas generan sus mejores empleos en sus sedes corporativas en España y pagan sus impuestos en nuestro país por la actividad generada en Polonia.
No obstante, Polonia empieza a tener problemas y puede también aprender de España para no cometer los errores que hemos cometido los españoles desde 2002. Su ventaja comparativa en salarios se acabó, igual que nos sucedió a nosotros cuando ellos llegaron en 2004. Tienen un problema energético, con extrema dependencia del carbón, sin gas ruso y sin energía fotovoltaica, ya que hay pocas horas de sol. La industria polaca tiene hoy un coste de electricidad un 40% superior al de la industria española.
Les cae la población, dos millones menos de habitantes desde la pandemia. No tienen trabajadores para relevar a los que se jubilan y tienen menos consumidoresque gasten y paguen impuestos. Los polacos, igual que los españoles, necesitan ahora empresas locales capaces de hacer inversiones en entornos tecnológicos y globales cada vez más competitivos, y eso requiere otro proceso de reformas similar al que yo viví allí en 2002, lo mismo que necesitamos en España.
Los polacos, igual que los españoles, necesitan ahora empresas locales capaces de hacer inversiones en entornos tecnológicos y globales
Yo tengo especial debilidad por el pueblo polaco, uno de los que más ha sufrido en la historia, y les deseo lo mejor. Recuerdo una noche en el Stare Miasto con dos altos cargos del gobierno, eran profesores en la Universidad, y me invitaron a cenar después de una de mis clases allí con los alumnos, donde les hablé sobre la Unión Europea y el euro. Nuestro contrato con PPL era en dólares, toda su economía operaba en euros, y les pregunté por qué. Me preguntaron si había visto las fotos de cómo habían dejado la plaza donde cenábamos los nazis, quemada y arrasada.
Me dijeron que ellos sabían que les iban a volver a invadir, que no sabían si por la izquierda o por la derecha y no sabían qué era peor. En caso de invasión, me dijeron, los americanos bombardean en 24 horas y los europeos tardáis 24 meses. Yo entonces era un niño de 30 años, un auténtico ignorante de la vida; la ignorancia te hace ser osado y era un entusiasta europeísta. Hoy entiendo perfectamente a los polacos, soy más pragmático y menos entusiasta, como ellos.
Según el FMI, Polonia adelantó en 2025 a España en renta por habitante. Decía el gran economista Flores de Lemus que los economistas tendíamos a medir troncos de leña en balanzas de precisión y describe bien este análisis. Medir la actividad de una economía donde se hacen millones de transacciones cada día es muy pretencioso. Los economistas usamos la contabilidad nacional para ello, pero el margen de error en las estimaciones es elevado. El FMI, tras su creación en Bretton Woods en 1944, desarrolló los estándares de contabilidad pública y, al menos, casi todos los países del mundo medimos el PIB igual y los errores de estimación son similares.