¿Salvará la prostitución las cuentas públicas?
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Ignacio de la Torre

El Observatorio del IE

Por

¿Salvará la prostitución las cuentas públicas?

“El oficio más antiguo del mundo incrementa el producto interior griego un 25%”.  No se trata de un ejercicio de esperpento. Es la portada del Financial Times del 28 de

El oficio más antiguo del mundo incrementa el producto interior griego un 25%”. 

No se trata de un ejercicio de esperpento. Es la portada del Financial Times del 28 de Septiembre de 2006. ¿Qué lo justificaba? Grecia había mantenido durante muchos años una rivalidad intensa con Turquía, lo que conllevó, entre otras cosas, un gasto militar muy por encima de sus posibilidades. El déficit fiscal crónico impidió a Grecia entrar en el primer pelotón del euro (donde se pedía, entre otros requisitos de Maastricht, un déficit no superior al 3% del PIB), así que procedió a emplear todo tipo de artificios para que el gasto público no apareciese en su presupuesto (algo reconocido más tarde por el propio gobierno heleno). Con todo, a pesar de los esfuerzos y de la expansión económica de 2005-2006, los déficit fiscales seguían siendo excesivos, por lo que tuvo que atajar el problema por el denominador del requisito (el tamaño del PIB) en vez de por el numerador (gastos menos ingresos). En septiembre de 2006 Grecia procedió a incrementar el tamaño de su PIB un 25% mediante la contabilización de actividades como la prostitución y el juego. La deuda pública griega, que representaba un 107% del PIB, pasó de la noche a la mañana a representar un 87%.

La contabilidad creativa se practica especialmente en años de penuria económica. De ahí que sea inteligente formarse en estas técnicas de contabilidad creativa en los años de euforia para identificarlas cuando se ponen de manifiesto más a menudo, en los años de vacas flacas. Los métodos (legales y/o ilegales) para que la deuda no figure en el balance de situación son hoy bien conocidos por cortesía de empresas como Parmalat o Enron, amén de otras muchas empresas más respetables. Menos conocidas son las maniobras de los gobiernos para que los gastos no aparezcan en las cuentas públicas (como el “sistema alemán”, que popularizó el gobierno de Aznar para cumplir con Maastricht, consistente en construir infraestructuras hoy y que se paguen mañana) o que la deuda no figure en su balance (aquí tienen especial relevancia las empresas mixtas tan comunes en las Comunidades Autónomas).  Sin embargo, los funcionarios de Eurostat se pusieron manos a la obra y hoy en día torpedean estas triquiñuelas, en aras a una contabilidad pública presentable (la Unión Europea ha conseguido por fin que sus cuentas sean auditadas, eso sí, con salvedades, después de decenas de años sin lograrlo).

Con todo, la recesión económica está produciendo un vertiginoso aumento de los déficits fiscales y hace unos días el mismísimo tesoro alemán tuvo que suspender una subasta de bunds debido a la escasa demanda. ¿Qué harán los gobiernos para financiar tan gigantescos déficit? ¿Podrán mantener los alabados AAA de las denostadas agencias de calificación? ¿Cómo maquillar los alarmantes niveles de deuda sobre PIB a los que nos encaminamos?

Mi moraleja: si los políticos han aprobado las normativas internacionales de contabilidad para en teoría lograr la transparencia de las empresas europeas ¿no deberían aplicarse el cuento? ¿Por qué requieren los eurócratas auditorías al sector privado (sin salvedades si la empresa cotiza) cuando no se las exigen a sí mismos? ¿Por qué se establece conocer los déficit de los fondos de pensiones de las empresas cuando las naciones se niegan a informar de los déficit (fondo de reserva menos compromisos adquiridos, o sea el diluvio) del sistema público de pensiones? La culpa no es de la mediocridad del burócrata público, es nuestra, como sociedad civil, por no denunciar estos abusos, esta hipocresía y este sin sentido.  Despertemos por tanto como ciudadanos, y exijamos a nuestros políticos que cumplan al menos lo que ellos nos piden a nosotros.

Y como esto no lo veo sucediendo rápido y los gobiernos tendrán que defender sus triples A propongo algo estrambótico que puede pasar. Hace tres semanas “The Economist” debatía los diferentes modelos que existen sobre la regulación de la prostitución. Desde la prohibición absoluta hasta la total permisividad (los casos de Holanda y Nueva Zelanda son buenos iconos). En el caso de España nos encontramos en la zona gris. No está prohibido pero tampoco está legalizado.  A falta de mejor imaginación, a lo mejor el gobierno estudia legalizar la prostitución. Quizás así aumente en doble dígito nuestra economía y de repente nuestra nación, gracias a la prostitución, aparecerá un poco menos endeudada.