Empieza la cuenta atrás

La reunión que el Banco Central Europeo mantendrá hoy, marca el inicio de un otoño en el que se va a configurar el futuro inmediato de

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    La reunión que el Banco Central Europeo mantendrá hoy, marca el inicio de un otoño en el que se va a configurar el futuro inmediato de  Europa y, por ende, de España. Si Draghi, pese a la férrea resistencia del Bundesbank y de algunos sectores políticos y mediáticos alemanes, es capaz de poner en marcha los mecanismos que ha venido insinuando en las últimas semanas para reducir el coste de la financiación de España e Italia, ganaremos tiempo y tranquilidad, dos cuestiones que son absolutamente necesarias para abordar la ingente tarea que tenemos que llevar a cabo.

    Tarea que empezará por decidir si por fin pedimos el pseudo rescate a los mecanismos europeos (veremos a qué precio), por culminar el rescate bancario para tratar de sanear de una vez por todas al maltrecho sistema financiero español, esta vez con banco malo incluido, y por poner en marcha el tercer rescate, el interno, puesto que la luz roja de la liquidez ya se ha encendido en algunas comunidades y lo hará en casi todas las demás en las próximas semanas. Mientras tanto, habrá que cruzar los dedos para que las cuentas públicas se enderecen, pues todo apunta a que, salvo que la subida del IVA aporte los ingresos esperados y se reduzca sustancialmente el coste de la financiación de la deuda, va a ser muy difícil cumplir el revisado objetivo de déficit pactado para este año, lo que implicaría tener que volver a ampliar el catálogo de los recortes. Y en ese catálogo sólo queda virgen el capítulo de las pensiones, una línea roja que Rajoy se comprometió a no cruzar, aunque no está nada claro que eso pueda ser garantía de algo.

    Todo esto y lo que vaya surgiendo habrá que cocinarlo en un ambiente social y político complicado. A las protestas y movilizaciones anunciadas, se une un descontento creciente de una ciudadanía cada vez más ahogada, más desconcertada y más falta de esperanza, porque no es capaz de adivinar al final de qué túnel estará la luz. Descontento que podría expresarse en las elecciones de Galicia (un referéndum light sobre la acción del Gobierno) y del País Vasco (con una Bildu dispuesta a liderar la bancada nacionalista), y podrían tentar al Ejecutivo a volver a cometer el mismo error que en las andaluzas. Es decir, a primar la búsqueda de resultados electores, sobre todo ahora que el ruido de sables ha empezado a sonar en las filas del partido por el asunto Bolinaga, acabando con la pax romana que reinaba desde hacía tiempo.

    En paralelo, a nivel comunitario, además de poner en marcha los mecanismos para relajar la insoportable presión que la prima de riesgo supone para el flanco sur, se deberán ir concretando las decisiones tomadas en la cumbre del pasado mes de junio. Hay que terminar de definir cómo se va a hacer la unión bancaria, cómo se va a articular unión fiscal y qué va a implicar en términos de cesión de soberanía, y en que queda lo del plan de crecimiento inspirado por Hollande, porque lo que está claro es que sólo con austeridad, Europa no va a salir del hoyo. Todo ello, sin perder de vista la situación de Grecia, que cada vez parece más fuera que dentro. Para rizar el rizo, se tendrá que cerrar el presupuesto comunitario para el periodo 2014-2020, un asunto en el que España se juega mucho en lo referente a los fondos comunitarios, pero que hasta ahora ha estado en segundo plano por la magnitud de la crisis.  

    De aquí a finales de año, entramos en un periodo crucial. Aunque los chascos del pasado nos obligan a ser cautos, hoy podrían empezar a sentarse las bases de la solución de parte de nuestros problemas. Al menos, de los más acuciantes, los financieros. Pero por experiencia, ya sabemos que eso no será gratis y que todavía nos espera una travesía del desierto hasta empezar a recuperar crecimiento y empleo. El que esa travesía sea más larga o menos, dependerá de factores e instituciones de fuera, pero también de lo que haga el Gobierno. De que mantenga la firmeza en lo referente al ajuste presupuestario y de que continúe con el calendario de reformas que necesita nuestra economía y nuestra arquitectura institucional. Y, por último, sería importante que mejorase la coordinación entre sus miembros y su política de comunicación, que hasta ahora han dejado bastante que desear y sólo han conseguido confundir y desconcertar a los ciudadanos.

    El Observatorio del IE