La crisis y la emigración

El pasado martes, la Organización Internacional para las Migraciones presentó su informe Impactos de la Crisis sobre la Población Inmigrante, en el que detalla exhaustivamente las

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    El pasado martes, la Organización Internacional para las Migraciones presentó su informe Impactos de la Crisis sobre la Población Inmigrante, en el que detalla exhaustivamente las consecuencias que la situación económica está teniendo para los inmigrantes asentados en España. De las conclusiones que recoge, dos me parecen especialmente significativas, aunque no sorprendentes. La primera es que el desempleo y la pobreza se han incrementado más rápidamente entre la población inmigrante. La segunda, que la crisis aumenta las posiciones de rechazo hacia la inmigración.

    Efectivamente, el estudio cifra que en 2011 la tasa de desempleo de los inmigrantes (39,1%) duplicaba la de los españoles autóctonos (18,4%). En esa misma línea, la EPA del tercer trimestre de este año, sitúa la tasa de paro de los españoles en el 23,3%, frente al casi 35% de los extranjeros. La diferencia entre los dos datos viene dada por los inmigrantes que han obtenido la nacionalidad española. Y no sólo se ven más afectados por el desempleo, sino que son más vulnerables, ya que el año pasado la cobertura a los parados sólo cubrió al  28% de los extranjeros, frente al 68% de los españoles. Además, los empleos que aún mantienen son, en general, de peor calidad y peor remunerados, puesto que sus salarios medios reales se han reducido de media un 10% en el periodo 2006-2010.

    Como decía, también la crisis ha incrementado el porcentaje de rechazo hacia la inmigración hasta el 37% de la población española y los que defienden la expulsión de los inmigrantes irregulares ha aumentado del 12% en 2007 al 20% en 2010 y, seguramente, a estas alturas aún serán más.

    A pesar de estos datos y de la dureza de la crisis, en España sigue sin observarse un clima de rechazo general hacia los inmigrantes. Al menos en público. Es más, las críticas a la inmigración siguen siendo un tema tabú y es poco habitual encontrar a responsables políticos o sociales clamando contra ella.

    Más paro, peor empleo y más rechazo social, deberían ser ingredientes suficientes para que el número de inmigrantes se redujera significativamente en España. Pero los datos disponibles no muestran que este fenómeno esté ocurriendo. Más bien lo contrario. Se han ido muchos, vienen menos que antes, pero según  el INE, hasta 2011 el saldo migratorio seguía siendo positivo en unas 60.000 personas, sobre todo por los procesos de reagrupación familiar.

    Si de entrada puede resultar sorprendente que siga aumentando el saldo migratorio, más sorprendente resulta que, con un 25% de desempleo, los españoles apenas hayan salido a buscar trabajo fuera y que, los que lo han hecho, sean jóvenes formados o profesionales cualificados que no encuentran oportunidades en nuestro mercado laboral. Justo lo contrario que ocurrió en los anteriores procesos de emigración económica que tuvimos, en los que fue la población menos formada y de nivel económico más bajo la que emigró dentro y fuera de nuestras fronteras. Todo esto deberíamos llevarnos a reflexionar sobre muchos aspectos de cómo realmente está impactando la crisis en determinados colectivos y de los mecanismos de defensa que aún existen en nuestra sociedad y en nuestra economía. 

    El Observatorio del IE
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