Por qué 'Bill Gates' invierte en España
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Ignacio de la Torre

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Por qué 'Bill Gates' invierte en España

Cuando observo el revuelo mediático generado por la inversión de Bill Gates en FCC siento cierta melancolía. Un titular: Bienvenido Mister Gates

Cuando observo el revuelo mediático generado por la inversión de Bill Gates en FCC siento cierta melancolía. Un titular de ayer exponía: "Bienvenido Mister Gates", emulando lo que nos une a la España berlanguiana.Es exactamente la misma reacción mediática que se congratula cuando un político en el cargo defiende una tesis doctoral de dudosa autoría, en vez de cuestionar su originalidad, como hizo la prensa alemana.

Amigos lectores, la noticia son los fundamentales, que es el input, y no la inversión resultante, que es el output.Cuando España entró en superávit comercial con la zona euro en octubre de 2010, hecho histórico, apenas ningún medio resaltó la importancia de dicha noticia.Cuando, entre 2008 y 2010 la competitividad española se disparó como consecuencia de la fuerte reducción de costes laborales unitarios, la cobertura también fue limitada.Hoy, tras reflexionar sobre la anécdota de la noticia que encabeza esta columna (noticia que en realidad no lo es ya que la decisión última dudo que sea de Gates, sino del gestor de su Family Office), deberíamos calibrar el input que está detrás del output. Que conste que no tengo una opinión sobre FCC bottom up, ni pretendo tenerla, pero que en una inversión así también tienen un peso considerable los argumentos top down:

Primero, España está construyendo 38.000 casas al año (casi un mínimo histórico), frente a unas ventas de 320.000.Es decir, construimos un 12% de lo vendido, frente por ejemplo a China, que construye un 340% de lo vendido.Como a largo plazo el ratio tiende a 100%, ustedes pueden derivar dónde reside el upside y dónde el downside.A largo plazo y excluyendo ciclos, España construye unas 250.000 casas al año.Cuando volvamos a esos niveles, la actividad constructora repuntará con fuerzay con ella la cementera (el consumo de cemento también se encuentra en mínimos casi históricos).Dicho repunte tendrá una importante repercusión en creación de empleo y en demanda interna.En muchas ocasiones esta 'opción de compra'resulta gratuita.

Segundo, la inversión en 'España'muchas veces conlleva inversión en empresas parcialmente no españolas con sede en el país, ya que un porcentaje relevante de su facturación no proviene de España.Paradójicamente, la crisis emergente en ciernes afectará negativamente a Iberoamérica, y esto dañará a las empresas españolas con presencia allí.

Tercero, la competitividad española se sitúa en el momento más dulce de las últimas décadas.El resultado es que las firmas de servicios españolas podrán seguir exportando masivamente.Nuestras empresas de servicios no turísticos han subido un 44% su nivel de exportaciones desde que comenzó la crisis (frente un 24% de aumento en las exportaciones de bienes, otra proeza que alcanza dimensiones épicas), y han logrado ya un superávit de unos 8.000 millones de euros (desde un déficit antes de la crisis).

Cuarto, cualquier economía, por solvente que sea, puede caer ante la falta de liquidez, igual que cualquier empresa o familia.El tejido productivo español depende enormemente de la liquidez, especialmente la actividad concesionaria.Desde el cuarto trimestre de 2012 la llegada de liquidez a nuestro país se está disparando, ya sea en forma de inversión en deuda pública, deuda privada investment grade, deuda high yield, papel bancario, inversión directa extranjera o acciones cotizadas.La consecuencia lógica es la reactivación del tejido productivo engrasado con la liquidez pertinente, y la mayoría de ciudadanos empezarán a notar dicha mejora en 2014.

Quinto, la reactivación del crédito también favorece al sector público, que ha visto comprimir los tipos de interés a los que se financia.La consecuencia es una mayor capacidad de contratación de servicios.

Ayer apuntó el Banco de España que la economía ha vuelto a crecer tras más de dos años de recesión. Esta ha quedado atrás.Ahora la batalla es la intensidad de la recuperación, y mi convicción es que esta será mayor de lo que augura el consenso.Como expuso hace un tiempo un ilustre economista, “los Gobiernos tienden a pecar de optimistas en sus estimados cuando un país entra en recesión, y de pesimistas cuando se sale”.

Y de esta, nos salimos.

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