La inflación ya está aquí, y así le va a afectar a su bolsillo

Hemos pasado en muy poco tiempo de un escenario que provocaría temidas deflaciones, a un escenario en el que la inflación ha rebotado más rápidamente de lo que mucho analista predecía

Foto: Foto: iStock.
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Sabine Lautenschläger, exvicepresidenta del banco central alemán, y perteneciente el poderoso comité ejecutivo del BCE, declaró esta semana que estaba “encantada” de que la inflación en la zona euro alcanzara ya el 1,8%. Las críticas de la prensa y de una buena parte de la ciudadanía contra la Sra. Lautenschläger por estas declaraciones han sido virulentas. Así, el diario sensacionalista 'Bild' exponía su foto en la portada con su declaración, y un titular afirmaba “fácil de decir si tu monedero está lleno”. No es de extrañar en un país, Alemania, que aún recuerda cómo la hiperinflación de los años veinte hacía a los alemanes pedir dos cervezas a la vez, para así evitar que tras beber la primera y pedir la segunda la inflación hubiera ya hecho subir el precio de la segunda ingesta.

Hemos pasado en muy poco tiempo de un escenario en el que se nos fustigaba con la posible japonización de Occidente, que provocaría temidas deflaciones, a un escenario en el que la inflación ha rebotado más rápidamente de lo que mucho analista predecía. Este movimiento puede provocar intensos debates racionales y emocionales, ya que presenta profundas consecuencias para nuestros monederos, como acertadamente proclamaba 'Bild'.

Sabine Lautenschläger, exvicepresidenta del banco central alemán.
Sabine Lautenschläger, exvicepresidenta del banco central alemán.

Observemos primero los hechos. La inflación, que ha estado “durmiente” durante un largo periodo de tiempo, pasó en la zona euro de subir un 0,5% a un 1,8%. La inflación alemana subió hasta el 1,9%, la española al 3%, la francesa al 1,6%... En general, estos datos de inflación son los más altos de cuatro años. Suiza, fuera de la zona euro, ha visto cómo su inflación entraba en positivo después de cuatro años en negativo. El Reino Unido, acuciado por la debilidad de la libra, ha visto su inflación subir hasta el 1,8%, y los subcomponentes de precios pagados, buen indicador temprano de futura inflación, alertan de las mayores subidas desde 1992. Fuera de Europa, en EEUU hemos observado cómo la inflación alcanza ya el 2,5%, máximo de cinco años, y en China el 2,5%, también el nivel más alto en mucho tiempo; en el caso de China es quizás más preocupante. Aunque en el pasado ha actuado como una fuerza global de deflación a medida que producía bienes con un coste laboral muy reducido, las fuertes subidas salariales de los últimos años han provocado que China comience a exportar inflación… así, los precios industriales chinos suben ya al 6,9%, el mayor nivel en muchos años.

Es cierto que la subida de la energía ha desempeñado un importante papel en este sentido, y que los bancos centrales suelen fijarse más en los precios subyacentes (excluyendo energía y alimentos no elaborados) para centrar su política monetaria. La inflación subyacente europea sigue al 1,1%, y la de los EEUU en niveles del 2,3% (1,6% si se toma una variante estadística favorecida por la FED). En cualquier caso la tendencia puede ser peligrosa ya que: a) las inflaciones subyacentes aunque siguen en niveles moderados, poco a poco van subiendo; b) la inflación al alza suele provocar una mayor demanda de salarios por parte de los trabajadores, lo que puede redundar en mayor inflación subyacente (“efecto de segunda ronda”), especialmente en un contexto de desempleo a la baja; c) a medida que desaparece el exceso de capacidad productiva que se daba en Europa y los EEUU como consecuencia de la crisis las empresas tienden a subir más los precios, y por último y quizás lo más importante, d) según se acelera la expansión del crédito al sector privado la economía se calienta y la inflación tiende a subir con más intensidad; así por ejemplo los indicadores avanzados de crecimiento europeo (PMI) se sitúan en el nivel más alto de los últimos seis años, y podrían indicar crecimientos superiores al 2% anualizados, algo explicable en un entorno de aceleración del crédito.

Carlos SánchezCarlos Sánchez

En este contexto los bancos centrales tienen que reaccionar de una forma más o menos acelerada. La FED debatirá elevar tipos en marzo, y en cualquier caso subirá los tipos de interés entre tres y cuatro veces este año, proceso que continuará los próximos dos años. Además, es muy probable que Yellen inicie el proceso de reducción del balance de la FED antes de que termine su mandato a final de año, para no dejar tan espinosa decisión a un sucesor propuesto por Trump. A su vez, los buenos datos económicos europeos provocarán un cambio de la política monetaria del BCE, posiblemente hacia verano, antes de las elecciones alemanas. No es consecuente crecer por encima del 2%, observar precios creciendo casi al objetivo del BCE (2%) y seguir “imprimiendo” 60.000 millones de euros al mes. El BCE anunciará un 'tapering' (reducción de los volúmenes de compra) y las subidas de tipos de interés, y por lo tanto del Euribor, llegarán mucho antes de lo que se anticipaba.

Las consecuencias de estos procesos para nuestros bolsillos son directas. Los movimientos de la FED provocarán más subidas de tipos de interés de corto y de largo plazo en los EEUU. A medida que suben los tipos largos americanos arrastrarán a los asiáticos y a los europeos. Si el BCE anuncia el 'tapering' este proceso se agudizará en Europa. El resultado práctico es que dentro de pocas semanas será prohibitivamente caro poder pasar nuestra hipoteca variable a tipo fijo, con lo que estaremos expuestos a un enorme riesgo: que la subida del Euribor, que llegará como he expuesto antes de lo previsto, incida en nuestras cuotas hipotecarias de una forma no prevista. Mientras, la subida de la inflación por encima de las subidas de sueldos y pensiones mermará nuestro poder adquisitivo, por lo que el consumo español crecerá con menos pujanza en 2017 que en 2016.

La inmensa mayoría de los analistas, entre los que me incluyo, pronostican que la inflación al alza será contenida en niveles razonables, y evitaremos los terribles 'shocks' de los años 70, que provocaron la ruina de muchas familias y una enorme crisis económica.

Con todo, la historia nos enseña como la inflación es también un fenómeno monetario. En un mundo en el que hemos llevado a cabo el mayor experimento monetario en miles de años cualquier pronóstico puede equivocarse, y eso marcará si a Sabine Lautenschläger se le helará o no su inflactada sonrisa.

El Observatorio del IE

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