Mis predicciones para el segundo semestre

Sigo opinando que la economía de la zona euro acabará creciendo más que la de los EEUU, por segundo año consecutivo. El consenso aún dice lo contrario, pero poco a poco se acerca

Foto: Flujo de dinero.
Flujo de dinero.

Como saben los lectores de esta columna, doy poca validez a las predicciones económicas, empezando por las mías. Como decía Greenspan, “pronosticar el futuro de una divisa es como tirar una moneda al aire”, de ahí que varios autores den a los pronósticos económicos la misma validez que al zodiaco. Con todo, en el muy incierto mundo de la economía y los mercados, entre las tinieblas de los datos, estamos forzados a intentar orientarnos, ya que de dicha orientación dependen importantísimas decisiones para familias, empresas y gobiernos. Con este preámbulo, aporto aquí mi humilde visión del entorno que viviremos hasta diciembre.

Sigo opinando que la economía de la zona euro acabará creciendo más que la de los EEUU, por segundo año consecutivo. El consenso aún dice lo contrario, pero poco a poco se acerca. Así, por ejemplo, el FMI acaba de revisar su pronóstico y da a EEUU un crecimiento tan solo un 0,2% superior a la zona euro. Creo que se equivoca y que Europa crecerá más. Si la zona euro sigue acelerando su crecimiento y los EEUU siguen desacelerándose, las implicaciones son profundas.

Por un lado, la retórica agresiva de la Fed pronosticando subidas de tipos continuadas hasta el 3% y el eventual anuncio de una reducción de balance en septiembre podría ponerse en cuestión. En mi opinión, la Fed anunciará en otoño una reducción de balance flexible, de forma que tengan margen para que sea más o menos acentuada en función de la economía. La subida de tipos en diciembre la veo peligrar, y la intervención verbal se moderará. Este contexto debería traducirse en una debilidad continuada del dólar.

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Por otro lado, la fortaleza de la economía de la zona euro es tan evidente que la política monetaria extraordinaria del BCE deja de ser coherente. En mi opinión, las intervenciones verbales en sentido de un endurecimiento de la política monetaria, tipo la reciente de Draghi en Sintra —que provocó una tormenta en los mercados de bonos globales—, se sucederán con intensidad gradualmente al alza los próximos meses. En otoño, el BCE anunciará con efectos en enero un 'tapering' o reducción del volumen de compra de bonos desde los actuales 60.000 millones mensuales, a razón de 10.000 millones menos al mes, hasta extinguir el programa en verano de 2018. Además, el BCE eliminará el tipo de interés negativo en los depósitos antes de que acabe 2017. Estas medidas deberían provocar más fortaleza del euro y una subida de los tipos de interés a largo plazo, lo que se traduciría en mayores tipos fijos en las nuevas hipotecas. Otros bancos más o menos satélites del BCE, como el sueco, el danés, el noruego o el suizo, tendrán que adoptar medidas similares.

Mario Draghi. (Reuters)
Mario Draghi. (Reuters)

En China, tras el congreso del Partido Comunista de octubre, se retomarán e intensificarán las medidas conducentes a limitar los enormes riesgos de inestabilidad financiera debido a la burbuja inmobiliaria y a la fragilidad de su sistema bancario y parabancario. El banco central chino acentuará la retirada de liquidez, lo que debería hacer subir los tipos de interés chinos y globales, y la economía sufrirá una bienvenida desaceleración a partir del cuarto trimestre, lo que presentaría implicaciones bajistas en los mercados de materias primas.

Japón mantendrá su actual política (inyección de 80.000 millones de yenes al año), anclando sus bonos a 10 años al 0%... Sin embargo, las derrotas electorales del primer ministro, Abe, principal aliado del gobernador del banco central, Kuroda, así como las crecientes mejoras en el crecimiento japonés, llevarán al mercado a especular sobre una posible reducción del volumen de 'quantitative easing', desde 80.000 millones de yenes a 60.000, lo que posiblemente presente un impacto marginalmente alcista en los tipos globales a largo.

Por lo demás, otros bancos centrales más pequeños, como el británico, el australiano o el canadiense, procederán a realizar ligeras subidas de tipos, bien porque la inflación es elevada (Reino Unido, cortesía del Brexit y la depreciación de la libra), bien porque la economía está recalentada y se ha gestado una burbuja inmobiliaria (Canadá, Australia).

Las subidas de los tipos a largo serán la consecuencia de esta marea de fondo aquí descrita, y dichas subidas deberían provocar caídas en los precios de muchos activos que se sitúan hoy en territorio de burbuja. Dicho esto, no esperaría dichos cambios en cuestión de días, sino que serán graduales, algo de lo que se cuidarán los bancos centrales. ¿Tienen margen de maniobra para que el proceso sea gradual? Dado que la inflación subyacente se sitúa en el 1,1% en la zona euro y en el 1,4% en EEUU, la respuesta es que sí.

El mayor riesgo, por lo tanto, sería una sorpresa en forma de mayores salarios, provocando inflaciones subyacentes superiores al 2% en muy corto periodo de tiempo, algo que sucedió en 1982, cuando la inflación subyacente de los EEUU subió del 0% al 4% en 10 meses… En este escenario, los bancos centrales no tendrían capacidad para vigilar que el proceso de ajuste fuese gradual.

Hemos pasado una década terrible, acuciados por la peor recesión desde los años treinta. Nos toca vivir años en los que subirá el precio del dinero, pero subirá porque nuestra economía afronta años buenos. Disfrutémoslos sin dejar de percibir los riesgos, pero también sin dejar que nos pueda el fatalismo.

El Observatorio del IE

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