Por qué la Historia se repite

Por qué la Historia se repite

En el año 378 las legiones del emperador romano Valente fueron arrasadas por los godos en las llanuras de Adrianópolis, actual Turquía europea

Foto: Templo romano en Córdoba. (EFE)
Templo romano en Córdoba. (EFE)
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En el año 378 las legiones del emperador romano Valente fueron arrasadas por los godos en las llanuras de Adrianópolis, actual Turquía europea, derrota que también costó la vida al augusto emperador romano occidental. Fue una de las batallas más importantes de la Historia, ya que la aniquilación de las legiones (suprimidas desde entonces por su inutilidad) y de su emperador preparó el terreno para la invasión masiva. Esta se acometió poco después, hacia las navidades del año 405, cuando las tribus germánicas cruzaron el helado Rin, acabaron saqueando Roma en 410 y aboliendo el imperio romano 66 años más tarde.

¿Por qué la todopoderosa Roma imperial fue arrasada por los rústicos pueblos bárbaros? Es una pregunta que ha fascinado a muchos historiadores. Con todo, muy pocos se formularon la cuestión clave: ¿hay elementos en la decadencia y caída de Roma ante un pueblo más rústico que se repitan en la caída de otros imperios, como el babilonio, el asirio, el persa, el macedónico o el imperio de la China Han? En otras palabras, ¿se rige la Historia por una serie de leyes que permitan vislumbrar un cierto carácter cíclico en el auge y declive de civilizaciones?

A pesar de esfuerzos más o menos brillantes durante la antigüedad, fue un musulmán, el tunecino Ibn Jaldún, el primero en plantearse seriamente esta pregunta. Jaldún había sido un importante cortesano y político en Túnez, en la Granada que negociaba con Pedro el Cruel (Pedro, gran impulsor del Alcázar de Sevilla, era admirador del islam, y le hizo una oferta de trabajo que elegantemente rechazó) y en la Damasco asediada por Tamorlán, en la que Jaldún descendió de las damasquinas murallas en una jaula para poder parlamentar con el feroz Jan de los mongoles. Este último también le hizo una oferta de trabajo, de nuevo amablemente rechazada.

Jaldún se retiró tres años a un remoto castillo en Argelia, y escribió el 'Muqaddimah' (introducción, en árabe), una vasta obra que intenta proporcionar una visión de conjunto sobre por qué ascienden y decaen las civilizaciones. El concepto central del pensamiento es la cohesión interna ('asabiyya'). Así, un pueblo modesto como Roma puede forjar un imperio con una enorme cohesión interna y líderes fuertes, lo que le permite la convicción para poder derrotar a muchos enemigos y así extender su territorio y dar auge a su civilización. Sin embargo, cuando el poder y la afluencia sonríen al imperio, se gesta su propia decadencia a medida que el lujo substituye la cohesión por la disensión, aparecen líderes débiles, suben los impuestos y el ejército cada vez es más desafecto, gestándose las bases para que con el tiempo un pueblo atrasado pero cohesionado (en este caso, los bárbaros) derribe a la antaño poderosa pero decrépita Roma. En opinión de Jaldún, este concepto explica el auge y declive de muchas civilizaciones a lo largo del mundo conocido.

El impacto de Jaldún en el mundo occidental fue muy relevante desde que sus escritos fueron dados a conocer en el siglo XIX. Hoy en día se le considera uno de los principales filósofos de la historia. Además, muchos le señalan como un precursor clave de la sociología, ya que el método de Jaldún se centra mucho en las realidades sociales de los pueblos, por encima incluso de los avatares bélicos, ya que, en su opinión, decide mucho más la realidad social que una batalla, pensamiento precursor de la escuela europea de los Annales, ya del siglo XX, que sigue un enfoque parecido. Jaldún también expone interesantes teorías fiscales, a saber: que un imperio en ciernes mantiene reducidas tasas fiscales y recauda mucho más que un imperio decadente, que sube mucho las tasas y acaba recaudando menos. Es un prolegómeno de la famosa curva de Laffer, hasta el punto de que Ronald Reagan hizo mención a Jaldún cuando anunció su bajada de impuestos en los años ochenta.

Origen de la sociología

El recién aparecido libro 'Ibn Khaldun: an Intellectual Biography', de Robert Irwin (Princeton), expone la intensa vida política, diplomática e intelectual del pensador árabe, y cómo su pensamiento va evolucionando a medida que reflexionaba sobre importantes eventos como la pérdida de territorio por los musulmanes en España, o en el mismo Oriente Medio a manos de los mongoles (aparte de Tamorlán, 100 años antes los mongoles habían conquistado Bagdad, y como no podían derramar sangre real, al último y decadente califa abbasí lo rodearon de alfombras y lo mataron a patadas).

El pensamiento hindú, mucho más antiguo que Jaldún, ya mantenía una visión cíclica de la historia, visión que inspiró a los escritores romanos como Hesíodo, que plantean el ciclo a partir de la edad de oro, asociada a los dioses; la de plata, de hombres semidivinos; la de bronce, vinculada a héroes, y finalmente la de hierro, construida sobre seres humanos decadentes. Si a partir de ahí la Historia degenera aún más o bien se destruye hasta dar paso a una nueva edad de oro es todo un debate que fascina a los politólogos más actuales.

John Adams, segundo presidente de los EEUU, afirmó sobre la guerra de la independencia contra Inglaterra: “Hemos luchado una guerra como guerreros, para conseguir que nuestros hijos sean comerciantes, para conseguir que nuestros nietos sean poetas”.

Estamos ahí, como bien supo percibir Jaldún hace casi 700 años.

El Observatorio del IE

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