Por qué España no es Italia

El mercado se equivoca al compararlos por dos razones: la intención de voto a partidos 'no populistas' en España es del 70% y las importantes reformas económicas llevadas a cabo en nuestro país

Foto: Foto: EFE.
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Siempre manifiesto que la capacidad de la política discrecional para hacer el mal está inversamente correlacionada con el ratio de deuda pública sobre PIB. La gente sonríe al escucharlo, pero en realidad hay mucho de cierto en esta afirmación, y es clave para entender la situación actual en ambos países y en la eurozona, y también para aprehender por qué los vaivenes políticos han acabado afectando al PIB mucho menos de lo que muchos profetas predicaban (acuérdense de los apocalípticos mensajes del Brexit llevando a Europa al desastre, o la crisis política catalana provocando una recesión en Cataluña y en el conjunto de España).

Como sabemos, la inestabilidad política en Italia se deriva del hecho de que se trata de un país en el que las fuerzas populistas de derechas y de izquierdas, euroescépticas a la sazón, han ganado claramente las elecciones. No tengo ningún problema en que fuerzas de uno u otro signo ganen unas elecciones. Sí lo tengo en que se engañe al votante prometiéndole la pertenencia a un club, la zona euro, que conlleva derechos y obligaciones, solo centrándose en los derechos e ignorando las obligaciones. El derecho consiste en emplear una moneda común a nuestros socios, moneda que nos permite beneficiarnos de tipos de interés más reducidos de los que tendríamos con una moneda propia.

La inestabilidad política en Italia viene de que las fuerzas populistas de derechas y de izquierdas, a la sazón euroescépticas, han ganado las elecciones

La obligación consiste en mantener una política fiscal (déficit y deuda pública) en términos que no contagien a nuestros socios, algo que a la larga provocaría mayores tipos de interés y un empobrecimiento colectivo (la deuda y el déficit, como decía Jefferson, son la mayor estafa colectiva de una generación a la siguiente). Los votantes pueden optar por mantener estos derechos y obligaciones, o rechazarlos (todos), no aceptar derechos y denegar obligaciones. De esta contradicción íntima nace la tragedia griega que ha protagonizado Syriza, sembrada ya por los anteriores desgobiernos de socialistas y conservadores. Como sabemos, Grecia ha tenido que aceptar que esta contradicción es una falsedad, y hoy en día acepta derechos y obligaciones.

El precedente griego también nos avisó de algo obvio: si la inestabilidad política devenga en aceptar derechos y rechazar obligaciones, entonces suben los tipos de interés, ya que los tenedores de los bonos los venden por miedo a que no se cumplan las promesas realizadas cuando se vendieron dichos bonos, y al venderlos suben los tipos de interés. Como la banca es un gran poseedor de bonos, al caer estos cae también con fuerza la banca, proceso que puede dañar a una economía.

En general, cuando se desencadena este proceso, la clase política suele recapacitar: a medida que calibra cómo acabar pagando más intereses por los bonos implica recaudar mayores impuestos (en general, desde la clase media) o recortar gasto social para hacer frente a los mayores intereses. De aquí se deduce la paradoja de que a más populismo, más intereses se pagan a los acreedores y menos gasto social está disponible para la población. A partir de ahí, se recula. Esto explica la máxima de la frase con la que he abierto la columna, y también explica en mi opinión lo que antes o después sucederá en Italia.

Como la parte más álgida de la crisis política italiana ha coincidido con la presentación de la moción de censura por parte del PSOE, la combinación de ambos factores ha producido también caídas en los bonos españoles, subidas de su prima de riesgo y caídas de la bolsa española, especialmente de los bancos, por los motivos arriba expuestos.

Como la banca es un gran poseedor de bonos, al caer estos cae también con fuerza la banca, proceso que puede dañar a una economía

Sin embargo, en mi opinión, el mercado se equivoca al equiparar España con Italia.

Primero, el porcentaje de los votos que recaban los partidos denominados con mayor o menor fortuna como 'no populistas' es de un 70% en España, y la intención de voto de Podemos es inferior a un 20%, lo que contrasta con el 50% de votos que consiguieron los dos partidos populistas italianos. Además, es injusto meter en el mismo saco a Podemos con los partidos populistas italianos, ya que Podemos no plantea ni escenarios de salida del euro ni estrafalarias medidas como que el BCE condone la deuda. El motivo de este posicionamiento político español es que el apoyo al euro es abrumador, a diferencia de lo que ocurre en Italia. Esto garantiza la normalidad política necesaria, en lo referente a la arquitectura de la zona euro, sea cual sea el resultado de las próximas elecciones en España.

Segundo, España ha llevado a cabo importantes reformas antes y después de la crisis. Esto ha permitido al país hacer crecer con fuerza su PIB per cápita hasta antes de la crisis, y posteriormente desde 2013, lo que se traduce en un mejor nivel de vida relativo (España ha superado ya a Italia en PIB per cápita en poder adquisitivo ajustado), y en más capacidad para hacer frente a la deuda. Italia está sumida desde hace décadas en una parálisis antirreformista, lo que le ha impedido conseguir mejoras de bienestar para sus habitantes. Este es el problema de fondo de Italia, no el BCE, aunque sea más fácil en la vida buscar un culpable externo que analizar los problemas de uno mismo. Como dijo Tolstói, “todos piensan en cambiar el mundo, muy pocos en cambiarse a sí mismos”.

Tercero, España llevó a cabo su reforma bancaria en 2012, que, aunque tardía, permitió limpiar los balances de activos falsos, y recapitalizar el sistema, factor clave para que el crédito volviera a fluir desde 2013. Italia lleva aplazando su necesaria reforma 'sine die', lo que afecta al crédito, al crecimiento económico y a la confianza en el país. El sistema bancario italiano sigue manteniendo 200.000 millones de euros en activos dudosos, torpedo en la línea de flotación de la ingente deuda pública, que alcanza un 120% de PIB (20 puntos más que España).

España no es Italia.

El Observatorio del IE

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