Desaceleración de España, ¿y ahora qué?

España crece al 2,5%, ¿es algo grave? En mi opinión, la respuesta es no

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Durante los meses de verano, comenzamos a recibir evidencia de que la economía española por fin había entrado en una fase de desaceleración. Tras haber crecido a un ritmo cercano al 3% los últimos años, todo parece indicar que el nuevo crecimiento estará más cercano al 2,5%. En realidad, dicha desaceleración ya parece haber impactado el segundo trimestre, en el que la economía creció a un ritmo del 0,56% frente al trimestre anterior. Otros indicadores, como los índices de gestores de compras (PMI), tradicionalmente en la zona del 55 (consecuentes con un crecimiento al 3%), han caído hasta niveles de 53. Este dato no es aislado.

Así, se ha producido un deterioro de la confianza del consumidor (desde 103 a 96, que en cualquier caso sigue en niveles elevados), también ha experimentado desaceleración la confianza empresarial (ICEA), las ventas minoristas (ya que la carestía del petróleo ha hecho mella en nuestra capacidad de compra vía inflación) o el turismo internacional (cuyo gasto ha pasado a crecer apenas por encima del 2%, frente a incrementos cercanos al 10% de los últimos años). El conjunto de estos factores explica que el crecimiento agregado se haya reducido hacia el 2,5-2,6%, de ahí que el Gobierno se viera forzado a reducir su estimado de crecimiento esta semana (del 2,7% al 2,6%).

Ya constatando la realidad numérica, corresponde realizar un análisis sobre su significado. España crece al 2,5%, ¿es algo grave? En mi opinión, la respuesta es no.

Primero, el efecto 'base de partida' es muy importante para calibrar futuros crecimientos. España exporta bienes y servicios por un valor equivalente a un 34% de su PIB, más que China, EEUU, Italia, Francia o Reino Unido. Pretender que sobre una base tan ingente de exportaciones se sigan manteniendo tasas elevadas de crecimiento no es realista.

Segundo, un crecimiento al 2,5% es meritorio en un contexto en el que las grandes economías occidentales crecen por debajo de ese ritmo. Así, la zona euro, por debajo del 2%, Japón, en la zona del 1%, y EEUU, una vez termine el 'chute' de la reforma fiscal, entrará en crecimientos que no llegarán al 2%, con un incipiente riesgo de recesión.

Tercero, la desaceleración es preocupante si esta es constante. Si España fuese a crecer por debajo del 2% en 2019-2020 y continuara esta reducción en el crecimiento, entonces serían malas noticias. Sin embargo, todo parece indicar que la economía mantendrá al menos un par de años este ritmo de crecimiento, lo que afianzará el mercado de empleo, el consumo y las inversiones.

Cuarto, aunque no soplen ciertos 'vientos de cola' que han beneficiado al crecimiento español, como el petróleo barato o el 'boom' turístico internacional, en mi opinión emergen nuevos 'vientos' que ayudarán a que el crecimiento se mantenga en niveles razonables. A saber: la incipiente recuperación en sueldos, que fomentará el consumo, la recuperación de la promoción inmobiliaria, que generará unos dos puntos de PIB y abundante empleo, y la reactivación del turismo nacional, que compensará en parte el menor crecimiento del internacional.

Casi más importante que el análisis sobre el nuevo escenario de crecimiento es una actualización del riesgo asociado a dicho crecimiento. En mi opinión, es benigno. Así, si en 2006 España precisaba de tres euros de nuevo crédito para que creciera un euro la economía (proporción suicida), hoy en día dicha 'intensidad de crédito' es inferior a uno. En otras palabras, crece más la economía que la deuda total y, como consecuencia, el país se desapalanca. Es una de las muy pocas economías del mundo que pueden afirmar esto, algo que nos protegerá en caso de turbulencias financieras globales.

Crece más la economía que la deuda total y, como consecuencia, el país se desapalanca. Es una de las muy pocas economías que pueden afirmar esto

Por otro lado, si en 2006 España presentaba un desfase entre ahorro e inversión nacionales (déficit de cuenta corriente) cercano al 10% de su PIB, el segundo mayor del mundo en términos absolutos, hoy en día España vive de su ahorro, y se permite el exportar capital al resto del mundo en forma de superávit de cuenta corriente, superávit que encadena ya varios años consecutivos, algo que el país no podía afirmar desde hace décadas. Los riesgos asociados al sector exterior están también acotados, ya que nuestro principal cliente, la zona euro, mantiene un crecimiento razonable y no basado en crédito, y además las cifras de competitividad de los trabajadores españoles son muy saludables.

Sobre los riesgos políticos, ya he puesto de manifiesto cómo se exacerba la capacidad de la política para hacer el mal a la economía. Además, el que los tres partidos políticos más convencionales en el marco europeo presenten intenciones de voto cercanas a dos tercios nos sitúa en una posición más halagüeña que otros vecinos; en cualquier paso, las instituciones europeas (Ecofin y BCE) limitarían cualquier decisión arbitraria que pudiera dañar la estabilidad a futuro.

Un país con el nivel de desempleo del nuestro no debería contentarse con un menor crecimiento. En cualquier caso, nos esperan años de bonanza

No hay que ser conformistas. Un país con el nivel de desempleo del nuestro no debería contentarse con un menor crecimiento. En cualquier caso, nos esperan años de bonanza. La clave ahora es movilizar a la sociedad civil y a la política para atajar los riesgos de medio plazo, que los hay: entre otros, pensiones, educación, eficiencia y sostenibilidad del gasto público.

Esos son los temas que deberían marcar los incipientes procesos electorales. A todos nos va mucho en ello.

El Observatorio del IE

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