Guerra comercial entre EEUU y China: lo que nos jugamos

Llego a la conclusión de que tanto a China como a EEUU les interesa llegar a un acuerdo. Dicho esto, muchas veces en economía y en política ocurren eventos que no encajan dentro de los intereses

Foto: Una empleada china echa una ojeada al interior de una sala durante la reunión mantenida por el viceprimer ministro chino, Liu He, y el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin. (EFE)
Una empleada china echa una ojeada al interior de una sala durante la reunión mantenida por el viceprimer ministro chino, Liu He, y el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin. (EFE)

Un mensaje del presidente Trump del pasado domingo por la noche anunciando que este viernes aumentarán los aranceles hacia productos chinos del 10% al 25% ha desencadenado una tormenta en la bolsa, especialmente en la bolsa china, que cayó el lunes un 6%. Su impacto se ha extendido a muchas bolsas mundiales. Aunque el viceprimer ministro chino amenazó con cancelar un viaje a EEUU para “cerrar el acuerdo”, al final ha accedido acudir a Washington, con lo que estos días tendremos noticias en un sentido u otro.

Es importante reflexionar lo que está en juego y de ahí dilucidar el impacto global.

Primero, la globalización, que se acentuó desde la última década del siglo XX, ha permitido construir cadenas de suministro globales, estas cadenas de suministro se basan en la premisa de que existiría estabilidad arancelaria entre los países pertenecientes a la Organización Mundial del Comercio. La elección de Donald Trump ha alterado esta hipótesis. Aunque no compete al presidente sino al Congreso, la formulación de aranceles, existe una excepción “por seguridad nacional”, excepción que Trump está utilizando para cambiar los acuerdos preexistentes que, en su opinión, han perjudicado a EEUU. Al introducir esta incertidumbre, las cadenas de suministro se han visto amenazadas, lo que ha provocado una enorme debilidad en el sector industrial de todo el mundo, tanto en países avanzados como en países emergentes. En economía, lo peor es la incertidumbre. Se pueden capear buenas y malas decisiones, pero es muy difícil afrontar una incertidumbre prolongada. De ahí se deduce que la prolongación o no de la agonía del sector industrial está muy ligada a las conversaciones que tendrán lugar estos días.

Segundo, China ha actuado como principal vector del crecimiento de la economía mundial desde la gran recesión de 2009. Sin embargo, como hemos ido argumentando en esta columna, las señales de debilidad en la economía china son alarmantes. Estas señales han desembocado en el menor ritmo de crecimiento de los últimos 30 años. China presenta enormes fragilidades en su economía, y su sector exportador, responsable de más de un 20% del PIB, es muy dependiente de su mejor cliente, EEUU. Las amenazas arancelarias hicieron mella en la economía (vía menores inversiones) y en los mercados chinos el año pasado, algo a lo que el Gobierno ha reaccionado con ingentes estímulos monetarios y fiscales. Si Trump escala la guerra arancelaria con China antes de que los estímulos hayan tenido efecto, entonces el impacto en la economía china puede ser sensible. Dado que muchos países emergentes (especialmente Asean, África subsahariana y cuenca andina de Iberoamérica) y también desarrollados (en especial Australia y Japón) presentan importantes relaciones comerciales con China (vía exportaciones), un frenazo aún mayor de la economía china supondría un efecto contagio global. Además, como China es el más importante consumidor marginal de muchas materias primas, un frenazo de la demanda interna china podría suponer una bajada del precio de las mismas (algo que ya se ha hecho sentir con el cobre o el níquel), lo que podría agravar aún más la situación, especialmente en el bloque emergente.

En economía lo peor es la incertidumbre. Se pueden capear buenas y malas decisiones, pero es muy difícil afrontar una incertidumbre prolongada

Tercero, la economía de los EEUU se encuentra en desaceleración. Aunque el último dato de crecimiento del PIB fue “bueno”, en realidad, si aislamos los componentes más cíclicos (como la acumulación de inventarios), el crecimiento más tendencial fue muy decepcionante (2,3%), especialmente si observamos el crecimiento que presentaba EEUU hace menos de un año (4%). El principal motivo de la ralentización es el impacto de las subidas de tipos de la Fed y el fin de los efectos de los estímulos fiscales. Como la desaceleración o la posible recesión técnica en 2020 presentaría enormes consecuencias políticas (Trump podría perder la reelección), son de entender las insólitas presiones de la Casa Blanca sobre la Fed para que esta baje tipos. Sin embargo, la variable crítica para dilucidar qué hará la Fed es la inflación subyacente ('core' PCE). Esta se ha situado en marzo en el 1,6%, un territorio relativamente cómodo para la Fed. Sin embargo, si EEUU acaba aplicando aranceles del 25% al total de las importaciones chinas, este efecto importará inflación a los EEUU, en un contexto difícil, ya que los salarios de los norteamericanos suben ya a un ritmo de un 3%. Además, como China replicaría a los aranceles con medidas similares, el crecimiento de los EEUU podría menguar ligeramente (afortunadamente para los EEUU, este país exporta a China una tercera parte de los bienes que China exporta a EEUU, si bien el saldo comercial en la balanza de servicios es mucho más favorable para EEUU). La consecuencia de esta situación es que Trump disminuiría sus posibilidades de salir reelegido.

Reflexionando sobre este artículo, llego a la conclusión de que tanto a China como a EEUU les interesa llegar a un acuerdo. Dicho esto, muchas veces en economía y en política ocurren eventos que no encajan dentro de los intereses y de lo racional. Baste el ejemplo de dos potencias prósperas y con enormes relaciones comerciales entre ellas, como el Reino Unido y Alemania, que a pesar de todo fueron a la guerra en 1914 desafiando toda lógica.

“Dejad que China duerma, porque el día que despierte el mundo temblará”. Esta frase es atribuida a Napoleón Bonaparte. Estos días, Trump y su equipo afrontarán las decisiones pensando en la frase del inmenso corso.

El Observatorio del IE
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