Los retos de los EEUU

La enorme división del electorado de los EEUU expresado ayer hace emerger las dudas sobre cómo una nación dividida podrá afrontar los enormes retos a los que hace frente

Foto: Manifestantes piden que la gente decida las elecciones y no el Supremo. (Reuters)
Manifestantes piden que la gente decida las elecciones y no el Supremo. (Reuters)
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Afirma Philip Tetlok que “reconocer lo que no conocemos es mejor que pensar que conocemos lo que no conocemos”. La enorme división del electorado de los EEUU expresado este miércoles hace emerger las dudas sobre cómo una nación dividida podrá afrontar los enormes retos a los que hace frente. Reflexionemos sobre ellos.

Primero: la deuda pública total, incluyendo Estado federal y entes locales, asciende ya a una cifra cercana al 130% del PIB. Por contrastar, la deuda pública al acabar la Segunda Guerra Mundial en 1945 alcanzó un máximo de un 102% del PIB. Los fuertes crecimientos económicos nominales que siguieron a la guerra ayudaron al país a reducir rápidamente su ingente endeudamiento. Sin embargo, la situación actual invita a un menor optimismo. El crecimiento económico estructural de un país depende de dos factores: las horas trabajadas y la productividad por hora trabajada. Tras la guerra, el dividendo demográfico se traducía en fuertes incrementos de horas trabajadas. Además, una base baja de partida propició que un marco adecuado de inversiones se tradujera en fuertes crecimientos de la productividad. Ambos factores son mucho menos halagüeños a futuro. EEUU está, como Europa y China, en declive demográfico. A su vez, la revolución tecnológica, paradójicamente, no se ha traducido en mejoras de productividad relevantes. Los crecimientos de esta última permanecen anémicos. Por lo tanto, costará mucho más esfuerzo reducir el enorme endeudamiento futuro, y eso a su vez provocará menor capacidad de crecer, con lo que se generará un círculo vicioso.

Segundo: si los EEUU afrontaron la guerra y la posguerra como una nación cohesionada, el país actual encuentra niveles de polarización de los más elevados de su historia. Las iniciativas legislativas apoyadas por ambos partidos son cada vez menores, y la 'política de identidad' dificulta el plantear soluciones nacionales a problemas nacionales

Tercero: por causas muy profundas asociadas a la cuarta revolución industrial, la desigualdad de ingresos, de riqueza y geográfica (grandes urbes vs. el resto del país) ha alcanzado cotas históricamente elevadas en EEUU. Los fenómenos que han desencadenado esta situación son extremadamente complejos, muy ligados a la automatización. Las soluciones que plantean los populistas de uno y otro partido son soluciones sencillas para dicho complejo problema, mágicas recetas que adoran los votantes. No funcionarán. Los problemas que han desencadenado el aumento de la desigualdad solo se pueden afrontar 'mirando el toro a los ojos', lo que lleva a aplicar complejas soluciones, principalmente una reforma sustancial de la educación en toda la vida de un trabajador. Por desgracia, nadie parece interesado en hacer frente a dicho reto.

Cuarto: la inflación subyacente de los EEUU alcanza ya un 1,6% y es superior si analizamos la cesta de bienes y servicios que realmente se consume en un periodo de covid. Un contexto de enormes déficits fiscales financiados por bancos centrales supone un alarmante riesgo de inflación a medio plazo. Si esta se manifiesta, la Fed no será suficiente para hacerle frente, hará falta el respaldo de una política fiscal más restrictiva en forma de mayores impuestos o menor gasto público… Pero esto provoca perder elecciones futuras…

Quinto: muchos años de tipos de interés bajos se traducen necesariamente en inflación del precio de los activos, y en ocasiones en fuertes incrementos de deuda. En EEUU, se observan ambos fenómenos, especialmente si nos fijamos en la evolución del endeudamiento empresarial. Hablamos de inestabilidad financiera. La historia nos enseña que esta desemboca antes o después en crisis financieras y económicas. Acotar la inestabilidad financiera requiere de valientes reformas, reformas no fáciles de emprender por un país dividido y con intereses contrapuestos.

EEUU es una de las naciones más exitosas de la historia de la humanidad. Milton Friedman decía que si intentabas anteponer la igualdad a la libertad, acababas sin obtener ninguna de las dos, y solo si anteponías la libertad a la igualdad podías conseguir ambas. EEUU ha conseguido en sus casi 250 años de historia generar una enorme prosperidad para sus habitantes en un contexto de libertad y, hasta hace poco, de limitada desigualdad, lo que se ha traducido en niveles de felicidad consistentemente elevados. Además, su economía y su sangre fueron cruciales para derrotar el totalitarismo en la Segunda Guerra Mundial, algo por lo que el mundo siempre deberá estar agradecido. Todo esplendor se puede marchitar en forma de disensión, declive demográfico, populismo… Lo sabemos muy bien de la Roma del siglo III. La pregunta que surge es si esta sorprendente y exitosa nación será capaz de hacer frente a estos enormes retos.

Como dijo Burke en 1774: "Tu representante te debe no solo su trabajo, sino su buen juicio; te traiciona si, en lugar de servirte, sacrifica su juicio en aras de tu opinión". Según Burke, el sistema político no debería ser un reflejo de embajadores con intereses hostiles sino una asamblea de una nación, con solo un interés: el del conjunto. Veamos si el liderazgo de la nación hasta ahora más importante del mundo está a la altura de dicho axioma.

El Observatorio del IE
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