Las exportaciones van bien pero menos, Sr. Presidente

A pesar del discurso triunfalista del Gobierno respecto al sector exterior, la realidad es que las exportaciones españolas disminuyeron en septiembre.El miércoles 21 de noviembre los

A pesar del discurso triunfalista del Gobierno respecto al sector exterior, la realidad es que las exportaciones españolas disminuyeron en septiembre.

El miércoles 21 de noviembre los analistas económicos observamos atónitos cómo el presidente Rajoy se vanagloriaba ante las cámaras de lo bien que iba el sector exterior español. La razón de esta sorpresa no fue otra que el hecho de que lo que decía el presidente en absoluto se corresponde a la realidad, que es que las ventas de las empresas españolas al exterior en septiembre cayeron en términos reales (es decir, descontando inflación) un 2,8%. Sólo en cinco de los nueve primeros meses del año las exportaciones aumentaron, y en el conjunto de ese período la subida de las exportaciones fue un tímido 1,62%.

Sin embargo, sí que es cierto que el déficit exterior mejoró, y la explicación de este hecho es que las importaciones sí que han disminuido con mucha fuerza durante 2012. De hecho, sólo en uno de los nueve primeros meses del año las importaciones han aumentado, y en septiembre se redujeron a una tasa máxima desde 2009 (-12,2%). En estos tres primeros trimestres han bajado un 6,8%. Teniendo en cuenta que los precios del petróleo han sido un 10,5% mayores, la razón real de esta bajada drástica de las importaciones es un colapso en el consumo y la inversión, que están reduciéndose de una forma sumamente brusca.

Esto queda reflejado, por ejemplo, en los consumos de gasóleos, que bajan nada menos que un 14,9% en septiembre y un 6,2% en lo que va de año. Actualmente, su consumo se está reduciendo al mayor ritmo desde que empezó la crisis hace cinco años. Sin embargo, y dada la subida de precios que hemos comentado, realmente hay otros sectores mucho más afectados por el desplome de la capacidad de compra de empresas y familias.

 

Las importaciones de productos industriales terminados han sufrido una reducción impresionante, reflejo de que la inversión empresarial está bajo mínimos. Concretamente, la caída en lo que va de año es del 12,1%, acelerándose hasta nada menos que el 23% en septiembre. Por su parte, las importaciones de productos no energéticos también se reducen con mucha fuerza, un 8,3% en los tres primeros trimestres.

 

Las súbitas caídas afectan a todos los grupos de productos. De hecho, la importación de bienes de consumo en los tres primeros trimestres baja un 9,9%, y hasta la de alimentos lo hace un 4,6%. Una vez más, la extrema debilidad de la inversión se pone de manifiesto en el hundimiento de las importaciones de los bienes de capital (-13%).

No se entiende bien, pues, cómo puede alegrase el presidente de semejante panorama, en que la balanza comercial mejora a costa de hundir la inversión empresarial y deprimir todavía más el nivel de vida de los ciudadanos españoles. Especialmente grave es el problema de falta de inversión empresarial, que conducirá, de forma inevitable, a que las exportaciones españolas se vean comprometidas en un futuro próximo. La falta de inversión está causada básicamente por dos factores. El primero es el hundimiento del crédito bancario, que no ha sido compensado por los poderes públicos, y que es fruto de la gravísima crisis financiera. El segundo es la depresión del mercado interno, que hace que muchas de las empresas exportadoras, que también se nutren de este, se vean en graves dificultades financieras. Como reflejan las encuestas, las grandes empresas -principales exportadores- están siguiendo en los últimos dos años una trayectoria totalmente insostenible en que se trata de aumentar cuota de mercado exterior a base de recortar márgenes empresariales.

España es un país situado en un rango medio-alto en cuanto a costes laborales en el concierto mundial, y que, sin embargo, está especializado en productos en los rangos medio y medio-bajo en cuanto a valor añadido. Es evidente que sin acciones decididas por parte de los poderes públicos en la dirección de favorecer la evolución de nuestro aparato exportador hacia productos más adaptados a nuestro nivel salarial, los salarios de forma inevitable acabarán deprimiéndose y el nivel de vida de los españoles rebajándose aún más. Y estas acciones no están ni se las espera.

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