España se engancha al tren de la recuperación mundial

Los dos indicadores más adelantados de que disponemos lo demuestran. Pero son necesarias reformas institucionales de calado. En los últimos días hemos conocido los dos indicadores económicos

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    Los dos indicadores más adelantados de que disponemos lo demuestran. Pero son necesarias reformas institucionales de calado.

     

    En los últimos días hemos conocido los dos indicadores económicos que tradicionalmente mejor han anticipado tanto las recesiones como las recuperaciones: el índice de confianza del consumidor y el PMI de servicios. Estos dos indicadores han sido, como se ve en el gráfico de la semana, los que antes anunciaron tanto la crisis como la recuperación. Podemos apreciar cómo comenzaron a desplomarse en el verano de 2007, mucho antes de que nadie admitiera la gravedad de lo que se nos venía encima, y empezaron a recuperarse en la primavera de 2009, cuando aún se discutía sobre si estábamos entrando en una gran depresión mundial. Igualmente, anticiparon la recaída y su gravedad en el verano de 2011. 

    En estos momentos lo que nos están diciendo es que la recesión en que está sumida la economía española se está suavizando a toda velocidad. De seguir así –algo que la fortaleza de la recuperación de ambos indicadores anticipa– es muy probable que España salga técnicamente de la recesión muy pronto. 

    ¿Qué es lo que ha ocurrido para que esto pase? Como vemos en el segundo gráfico, lo que pasa es que España se está enganchando a la recuperación mundial. En el gráfico se compara el PMI de servicios europeo y español, y se ve cómo ambos han empezado a subir al unísono. Es esperanzador que el índice español lo esté haciendo con mucha más fuerza que el europeo, aunque esto es debido básicamente a la fortaleza de la recuperación mundial en el ámbito extraeuropeo (EEUU y buena parte de Asia básicamente, incluyendo recientemente a China), y a la menor dependencia en estos momentos del sector exterior español de las exportaciones europeas: si en 2007 las exportaciones con destino fuera de Europa eran sólo el 40% de las europeas, en estos momentos son el 60%. 

    Sin embargo, no todo son, ni mucho menos, buenas noticias. Si vemos el siguiente gráfico podremos observar una preocupante correlación entre el desplome de la economía y los precios del petróleo. Como se puede ver, fue en 2007, cuando el petróleo superó los 100 dólares por barril, cuando realmente el PMI se hundió por debajo de la media de los años anteriores. El desplome de la economía mundial, unido al miedo a que se estuviera entrando en una gran depresión, hizo que los precios del petróleo bajaran con muchísima fuerza, lo que alentó una intensa recuperación de la economía (que por desgracia no ocurrió en España más que tímidamente). Sin embargo, el nuevo pico de precios de la primavera de 2011 coincidió casi exactamente con el inicio de la recaída, esta vez mucho más leve que en 2007-2009, lo que a su vez ha motivado que los precios del crudo se sigan manteniendo en niveles altos. 

    Este nuevo repunte de la economía sucede con precios del petróleo por encima de los 110 dólares, lo que hace que estemos muy cerca de la zona peligrosa para la economía. Mi interpretación es que si se confirma la recuperación veremos fuertes subidas en los precios del petróleo y una nueva caída de la actividad económica mundial cuando estos sobrepasen un cierto nivel, posiblemente situado en el entorno de los 130 dólares. 

    Estamos, desde mi punto de vista, entrando en una nueva etapa de la historia económica, una etapa en que el potencial de crecimiento de la economía mundial está siendo, y será cada vez más, mucho más pequeño de lo visto desde 1945. La razón no es otra que el hecho de que estamos topando con los límites físicos del planeta en materia de recursos y, dentro de poco, medioambiental. En este nuevo mundo sólo los sistemas productivos que se adapten mejor a la situación sobrevivirán y podrán garantizar a los habitantes de esas sociedades un nivel digno de vida, con todos los bienes y servicios a los que estamos acostumbrados, tanto públicos como privados. Y esa adaptación, en países desarrollados, pasa por tener sectores industriales punteros y eficientes, algo que en España no existe más que en muy pequeña medida ni se está promoviendo ni surgiendo de forma espontánea.

    La razón de que España se vea en esta lamentable situación, que llevará a un declive continuado de los estándares de vida de sus ciudadanos, no es otra que un sistema económico sumamente ineficiente y un desconocimiento y despreocupación casi totales de los gobernantes de esta problemática económica a la que he hecho referencia. Lo que se esconde detrás de esto no es sino el hecho de que el poder político está dominado por unas élites sumamente corruptas en connivencia con un capital empresarial que hace su negocio en nichos de mercado virtualmente de su propiedad gracias a concesiones y regulaciones hechas ex profeso. La situación ha llegado a tal punto que podríamos calificar en estos momentos, sin faltar a la realidad, el régimen español de una cleptocracia. La ciudadanía se ha hecho rápidamente consciente de la situación y reclama, cada vez con más fuerza, cambios radicales de tipo institucional.

    Los movimientos que se están viendo en este sentido en varios partidos nacionales –básicamente IU y UPyD– a los que seguramente se sumen pronto los demás (como hemos visto en las recientes declaraciones de Esperanza Aguirre), no debe hacernos perder de vista el peligro de que si las nuevas reglas de juego son elaboradas por los mismos que nos han conducido hasta aquí será muy complicado que veamos los cambios radicales que necesitamos para afrontar esta nueva época. Por ello, es imprescindible que en el caso cada vez más probable de que finalmente lleguemos a una situación de elaboración de unas nuevas reglas de juego –una nueva Constitución– los encargados de redactarla sean elegidos en una situación de igualdad de condiciones, de modo que los movimientos que han surgido con tanta fuerza en la sociedad civil en los últimos años tengan oportunidad de llegar con su mensaje en igualdad de condiciones a los ciudadanos para que estos puedan elegir en libertad. Si esto no es así, nos veremos abocados de forma inevitable a un cambio cosmético y habremos perdido para siempre un tren que no nos esperará.           

    Gráfico de la Semana
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