¿Está la civilización industrial abocada a su fin?

Mediante un sencillo modelo matemático puede aventurarse que esto podría pasar hacia 2065Hace cuatro años Hall, Balogh y Murphy publicaron* en Energies un artículo sumamente interesante en

Foto: ¿Está la civilización industrial abocada a su fin?

Mediante un sencillo modelo matemático puede aventurarse que esto podría pasar hacia 2065

Hace cuatro años Hall, Balogh y Murphy publicaron* en Energies un artículo sumamente interesante en el que hablaban de cuál sería la mínima tasa de retorno energético (TRE) de las fuentes primarias de energía que permitirían mantener la civilización industrial. Su conclusión era que el mínimo debería rondar 3:1, es decir, que necesitamos que un gasto en producir energía de 1 unidad produzca un retorno de 3 unidades.

Esto es así debido a que existen multitud de actividades secundarias en toda sociedad que son necesarias para su mantenimiento, como son la producción de alimentos, vestido, vivienda, transporte, crianza de los niños, mantenimiento de los ancianos y personas impedidas para colaborar en el proceso productivo, etc. Una civilización compleja como la nuestra, además, tiene estructuras e instituciones imprescindibles para su funcionamiento que consumen gran cantidad de recursos: justicia, administración, infraestructuras de transporte y comunicaciones, fuerzas policiales y centros educativos entre otros.

En la actualidad los cálculos más afinados nos hablan de que la TRE del conjunto de las fuentes de energía primaria puede rondar 20:1, básicamente por la enorme TRE de buena parte de los combustibles fósiles que aún quedan.

Uno de los hechos más preocupantes a los que estamos asistiendo es que los costes de producir gas y petróleo están subiendo de una forma exponencial desde prácticamente principios de siglo, como se ve en el gráfico. 

Desde un índice 120 a finales de 2005 pasamos a finales de 2012, en sólo 7 años, a un índice 230, es decir, una subida del 92% o un 11,5% anual, mientras que la inflación en EEUU ha sido de poco más del 2% en el mismo período, con lo que el incremento real rondaría el 9% anual. Sin embargo, en el gráfico podemos ver que gracias a la introducción de nuevas técnicas a partir de 2009 hemos conseguido que esa tasa de aumento disminuya hasta el 4% anual, una vez descontada la inflación. Aun así, el escenario es radicalmente distinto al anterior, en el que una vez descontada la inflación los costes decrecían incluso ligeramente cada año.

Esto es debido a que los nuevos yacimientos que se explotan para sustituir a los que se van agotando son más profundos, más pequeños y están situados en zonas mucho más difíciles (océanos, regiones árticas o subárticas) y por lo tanto requieren inversiones mucho mayores.

Y aquí es donde llegan los problemas, ya que precisamente estamos hablando de tasa de retorno energético decreciente. Si damos por bueno el dato de que actualmente es 20:1 y que la TRE está disminuyendo a un ritmo del 4% anual, podemos calcular sin dificultades cuándo llegaríamos al fatídico límite de 3:1 que Hall dice en su artículo. Y no está nada lejos: concretamente el año 2065, es decir, que lo verían sin problemas la mayor parte de los jóvenes adultos de hoy día.

Ese es a día de hoy nuestro principal impedimento, el imaginar y llevar a cabo esa nueva forma de organización económica y social que nos permita evitar el peor escenario

Aunque muchas personas confían en que las renovables puedan sustituir sin problemas a las energías fósiles, es bastante dudoso que eso pueda llegar a pasar, ya que un análisis económico de estas nos indica que su rendimiento es bajísimo o incluso negativo con la posible excepción de la eólica, muy limitada en cuanto a capacidad. Si bien existen progresos técnicos que permiten mejorar este pésimo rendimiento, también los materiales están sometidos al mismo proceso de agotamiento que la energía fósil, por lo que a largo plazo la situación no sólo no mejorará, sino que empeorará. Otras esperanzas como los reactores de torio o la fusión nuclear no son sino proyectos que tienen pocos visos de llegar a ser viables. Como decía un físico, “desde que era niño vienen faltando 20 años para ver los reactores comerciales de fusión, y ya estoy cerca de la jubilación”.

Si bien el progreso tecnológico opera, como se ha visto después de la crisis de 2007, como un amortiguador de la implacable realidad geológica, también vemos que no es suficiente. Sólo sirve para ganar tiempo y conseguir hacer una transición ordenada hacia otro tipo de economía que no se base en el uso irresponsable de los recursos naturales y en el del medio ambiente como basurero de nuestros desechos.

Claro está que el futuro no está escrito pero, como decía Marx: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.” Y precisamente ese es a día de hoy nuestro principal impedimento, el imaginar y llevar a cabo esa nueva forma de organización económica y social que nos permita evitar el peor escenario.

*What is the Minimum EROI that a Sustainable Society Must Have? Charles A. S. Hall * email, Stephen Balogh and David J.R. Murphy. Energies 2009, 2(1)

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