El empleo en realidad está casi estancado

La situación real del empleo es mucho peor de lo que indican las estadísticas más difundidasSi nos atenemos a lo que nos dicen las noticias más

Foto: Oficina del INEM en el complejo de Azca, en Madrid. (EFE)
Oficina del INEM en el complejo de Azca, en Madrid. (EFE)

La situación real del empleo es mucho peor de lo que indican las estadísticas más difundidas

Si nos atenemos a lo que nos dicen las noticias más habituales sobre empleo parecería que nos encontramos en una situación de recuperación muy potente del empleo. Lamentablemente no es así, como podemos ver en diferentes estadísticas oficiales a las que se suele atender poco o casi nada en los medios.

La primera de ellas es la encuesta de coyuntura laboral, que recoge el número de horas trabajadas a tiempo parcial y completo. Si vemos la evolución del trabajo a tiempo completo, en estos momentos apenas crece.

La situación en el empleo a tiempo parcial, pese a lo que se suele decir, tampoco está mejorando mucho, con un crecimiento de solo el 0,6% si tomamos los datos del último año. En el último trimestre el crecimiento se ha reducido al 0,1%.

Teniendo en cuenta que la tasa de parcialidad es el 15%, eso significa que según esta encuesta el empleo apenas está creciendo (sobre el 0,1%).

Los datos de la contabilidad nacional referentes a empleo equivalente a tiempo completo van en la misma dirección, aunque son ligeramente peores, ya que siguen en negativo.

Estos datos son algo peores que los de recaudación por cotizaciones a la Seguridad Social, que están aumentando un 0,8%. Este incremento es ridículo comparado con lo habitual durante la última fase de expansión del empleo (1994-2007), en que las cotizaciones, sin inflación, aumentaban por encima del 4% todos los años.

Las afiliaciones están subiendo en estos momentos con fuerza, al 2% anual, lo que plantea dudas sobre las causas de estas discrepancias.

Una explicación podría ser una posible deflación salarial, que explicaría que el empleo aumentara más rápido que la recaudación, pero la encuesta de costes laborales nos dice que los salarios están estancados a nivel nominal.

Evidentemente no hay estadística perfecta, pero lo que no es honesto si queremos evaluar la auténtica situación del empleo es tomar la que beneficia a determinados intereses, en el caso los electorales del Gobierno, cuando atiende solo a los datos de afiliaciones. Lo más seguro, tomando en su conjunto todos los datos, es que la situación no sea tan mala como nos dice la contabilidad nacional (-0,2%) ni tan buena como dicen las afiliaciones (+2%). La realidad tiene todo el aspecto de estar más bien próxima a la evolución de la recaudación de la Seguridad Social, es decir, una discretísima mejoría que no llega ni al 1% anual. Un ritmo de mejora del empleo con el que tardaríamos en volver a niveles de desempleo precrisis casi dos décadas.

La combinación de un plan de rescate ciudadano unido a una política industrial a largo plazo que nos permita reubicarnos en la economía global es en estos momentos la única opción aceptable, y sin embargo no se hace

Es evidente que la estrategia económica actual, basada exclusivamente en estímulos de la demanda interna vía endeudamiento exterior es una política insuficiente además de insostenible. Camino de ocho años de crisis, tenemos cientos de miles de personas en una situación desesperada que siguen sin encontrar empleo y que a este paso la mayor parte no lo encontrarán.

La combinación de un plan de rescate ciudadano unido a una política industrial a largo plazo que nos permita reubicarnos en la economía global es en estos momentos la única opción aceptable, y sin embargo no se hace. ¿Por qué? Hay quien habla de insensibilidad hacia los desfavorecidos (que seguro que existe) o de agendas ocultas de los lobbies de presión (que hay también), pero aplicando el principio de Hanlon, lo más probable es que casi todo el disparate que vivimos se trate de pura y simple estupidez, ya que, siguiendo el principio descubierto por Laurence Peter, en el PP y en el PSOE las jerarquías han alcanzado su máximo nivel de incompetencia.

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