Cambia el signo para la economía española

No deja de ser bastante impactante la rapidez con que se ha pasado del pesimismo más absoluto a un notable optimismo

Foto: Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid. (EFE)
Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid. (EFE)

Se confirma que la banca tiene que comprar de forma masiva títulos del Tesoro ante la apatía del dinero exterior

Durante el mes de septiembre hemos podido ver cómo el índice de confianza del consumidor que elabora el CIS volvía a pulverizar un nuevo récord histórico (el sexto del año). Esto, a las claras, nos está diciendo que la población española cree que esta vez la recuperación va en serio. Aunque el índice de confianza no es un indicador de situación absoluta sino de velocidad de cambio de ciclo, en cualquier caso no deja de ser bastante impactante la rapidez con que se ha pasado del pesimismo más absoluto (mínimo histórico del ICC en agosto de 2012 en 37,6, lo que implicaba que por cada optimista había más de cuatro pesimistas) a un notable optimismo (máximo en 106,1 en septiembre de 2015, es decir, que los optimistas superan levemente a los pesimistas).

Las ventas de vivienda, de automóviles, los índices de servicios o de comercio, todos para arriba, también nos están diciendo que sin ningún género de dudas la demanda está mejorando. Los datos empresariales de la central de balances del BdE del segundo trimestre de 2015 han sido bastante buenos, con una buena mejora respecto al trimestre anterior y entrando casi en positivo (en el valor de lo producido) respecto al año anterior. El valor añadido sí que se afianza con fuerza en el terreno positivo, con un +3,8% respecto al segundo trimestre de 2014. Esto se suele corresponder con bastante precisión con el momento de la economía española.

Sin embargo, no todo son buenas noticias y hay algunos datos muy preocupantes que, a mi parecer, ya han anticipado el cambio de signo de esta bonanza que estamos viviendo. El primero es la cantidad de deuda pública en manos de extranjeros, que ha sido la principal vía de financiación (y refinanciación) de nuestra hiperendeudada economía en los últimos trimestres. Una intervención del BCE para salvar la situación en 2011-2012 provocó una drástica reducción en la aversión al riesgo hacia países que se habían convertido prácticamente en parias, como Italia, España y Portugal.

Los relativamente altos tipos de interés provocaron auténticas riadas de dinero hacia nuestra economía, que se tradujeron en una inversión en títulos del Tesoro de 160.000 millones en un periodo de poco más de dos años. El sector privado también se vio muy beneficiado, y la banca y las grandes empresas pudieron colocar en buena parte en el extranjero, y a tipos ventajosos, numerosas emisiones de títulos de renta fija. Esto permitió que se revirtiera en buena medida la pésima posición del Banco de España frente al Eurosistema, 280.000 millones de euros que entre 2011 y 2012 impidieron que la economía española en lugar de sufrir una fuerte recesión como ocurrió colapsara por completo, que es lo que hubiera pasado de no haber ocurrido eso.

Es lo que vemos en la siguiente tabla, en la que también se ve cómo la situación ha cambiado radicalmente de signo en 2015. Entre enero y junio la banca española, a través del Banco de España, ha tenido que tomar prestados casi 30.000 millones de euros. No estamos hablando ni mucho menos de cifras despreciables, sino que es casi un 6% del PIB del periodo.

Esto ha ocurrido porque nuevamente está aumentando la aversión al riesgo en los mercados financieros, lo que se ha traducido en que en los últimos meses la cantidad de deuda pública española en manos de extranjeros ha dejado de aumentar. Por fortuna para nosotros, este incremento en la aversión al riesgo aún no se traduce en disminuciones en esta cifra, porque si no estaríamos hablando de un problema mucho más grave. La banca española ha tenido que salir al paso y volver a invertir en deuda española. Todo esto lo podemos ver en la siguiente tabla.

Estas tensiones no se están traduciendo aún en una contracción crediticia, pues el nuevo crédito, especialmente a las familias, sigue incrementándose con fuerza. Es evidente que la banca está haciendo un gran esfuerzo en ambos sentidos en estos momentos, tanto para sostener la prima de riesgo como para aumentar el crédito. ¿A qué puede deberse esto? Fuentes del sector me comentan que se anticipa una nueva oleada de fusiones y que a las entidades les interesa presentarse con un balance lo más grande posible con el fin de tener mayor cuota de poder en las nuevas entidades. Pero esta puede no ser la única razón. Mi impresión es que tiene que haber también algún tipo de motivación política.

Recordemos que el Gobierno actual apoyó de forma muy decidida al sector desde el primer momento, y que eso ha salvaguardado los puestos de muchos directivos y el patrimonio de muchos grandes accionistas. Posiblemente lo que esté ocurriendo es que, a menos de tres meses vista de unas disputadísimas elecciones generales, los bancos estén devolviendo el favor al Gobierno. No olvidemos que las encuestas dan una ajustadísima ventaja al PP sobre el PSOE, y que Ciudadanos, casi con toda probabilidad, apoyará a la formación más votada.

Un cambio de signo de la economía de última hora tiraría por tierra toda la estrategia electoral del Gobierno -que se basa exclusivamente en la recuperación económica- y podría dar la vuelta al resultado de las elecciones del 20 de diciembre. Y eso es lo que la banca podría estar intentando evitar. Sea lo que sea ,lo que sí que sabemos es que a menos que vuelva a disminuir la aversión al riesgo -algo que la evolución de la situación actual no anticipa- la banca no podrá sostener esta guerra en dos frentes durante mucho tiempo.

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