España sigue medalla de plata europea… en desempleo

A pesar de que hemos mejorado desde el 26,9% de hace tres años, seguimos lejísimos de la media europea

Foto: Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)
Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)

En el gráfico de esta semana, podemos ver las tasas de paro de los diferentes países de Europa según los últimos datos de Eurostat. En él, vemos que España sigue duplicando de largo la media europea de desempleo y ocupa con mucha diferencia la segunda posición en esta ominosa clasificación. Ominosa porque a pesar de que es la principal preocupación de la población española -como nos dice sistemáticamente el CIS-, el problema del paro está enquistado y sin resolver desde hace casi 40 años, tantos como tiene el actual régimen político.

Como vemos, solo hay cuatro países en Europa que superen de forma neta la media de los Veintiocho, y dos de ellos (Chipre y Grecia) han sufrido -en el caso de Grecia, sufre aún- una gran crisis económica. España es un caso especial, pues aun en sus mejores momentos, y con una burbuja de crédito insostenible, el paro siempre fue muy superior a la media europea. Las causas de este problema crónico, casi maldición de nuestra economía, han sido ampliamente discutidas. Los economistas neoclásicos sostienen que se debe a que los salarios están artificialmente elevados debido a las leyes laborales, y que bastaría con liberalizarlos para que el problema se resolviera. Pero a nivel micro, la hipótesis se tambalea, porque en 2015 solo cuatro de cada 10 trabajadores estaban sujetos a convenio, por lo que la negociación de salario en el resto de empresas no tendría más suelo que el salario mínimo. Como el salario mínimo no afecta más que a un porcentaje mucho menor de trabajadores (sobre todo de trabajadoras) a tiempo completo, y encima ese porcentaje permanece más o menos estable, la conclusión lógica es que el problema no es ese.

España es un caso especial, pues aun en sus mejores momentos, y con una burbuja de crédito insostenible, el paro siempre fue muy superior a la media europea

Los economistas keynesianos o poskeynesianos opinan, de forma contrapuesta, que se trata de un problema de demanda. Pero una vez más sus hipótesis se han visto desmentidas, pues cuando se ha estimulado la demanda (1983-1992 o 2000-2008), se ha visto que esta ha ido a servicios públicos y sector inmobiliario sin afectar apenas al sector industrial. Se ha creado empleo pero el sector exterior se ha venido abajo por la falta de mejoras del sector exportador. Ello siempre ha provocado el fracaso de estas políticas indiscriminadas de estímulo de la demanda.

Si por algo se caracterizan los países que son capaces de proveer a sus poblaciones de amplias redes de seguridad, servicios públicos de calidad y empleos bien pagados, es por que tienen grandes sectores industriales de alto valor añadido que generan a su vez grandes exportaciones. En un mundo posglobal, en el que las fronteras están abiertas a la circulación de mercancías, un incremento de la demanda solo se puede sostener con el correspondiente aumento del sector exportador, de manera que las cuentas externas no se desequilibren. Un desequilibrio persistente de la balanza de pagos en un país con soberanía monetaria se traduce al final en una crisis de la divisa (devaluaciones de la peseta de los años noventa), y si no la tiene, en una crisis de deuda soberana, como nos pasó hace bien poco.

Un incremento de la demanda solo se puede sostener con el correspondiente aumento del sector exportador para que las cuentas externas no se desequilibren

Como bien sabemos, los diferentes gobiernos habidos desde la muerte de Franco se han caracterizado por un lema: “La mejor política industrial es la que no existe”. Esto, a mi modo de ver, explica de forma completa el problema crónico de paro y de falta de servicios sociales que padecemos. La reconversión industrial de Felipe González, que se vendió como una necesidad ante la falta de competitividad de la mayoría de las industrias estatales creadas en el franquismo, en realidad debería llamarse desmantelamiento, y muchos analistas, yo entre ellos, creemos que fue el precio que se pagó para que nos concedieran la entrada en la UE (entonces CEE). Parece como si desde entonces hubiera habido una aceptación tácita por parte de los dos grandes partidos que se han turnado en el poder de nuestro papel subalterno en el concierto económico europeo.

La reconversión industrial de Felipe González debería llamarse desmantelamiento, y fue el precio que se pagó para que nos concedieran la entrada en la UE

Si algo nos demuestra la historia económica, y aún más la reciente, es que si es evidentemente fundamental el papel del sector privado en el desarrollo de un amplio sector industrial de alto valor añadido, no lo es menos el papel del sector público, incidiendo en varios frentes a la vez: financiación, fomento fiscal, inversión pública o público-privada, facilidades administrativas, fomento de la exportación y las patentes, inversión en universidades y centros de investigación públicos…

Parece que las cosas están cambiando de alguna manera y que se está entendiendo por parte de algunos partidos la importancia de las políticas industriales y de fomento de la I+D+i, como se refleja en algunos programas políticos. Pero falta ver si realmente, de llegar alguno de ellos al poder, los implementará de una forma decidida o si quedara todo en papel mojado. Ojalá sea así, porque si no, todos los deseos que tenemos de corregir el elevadísimo desempleo o la falta de coberturas sociales quedarán en eso, buenos deseos. Porque aunque pueda haber un amplio margen en cuanto a políticas de tipo redistributivo, o sea cierto que una reducción drástica de las prácticas corruptas en el gasto público permitiría también mejorar mucho, el límite de esas políticas es el de la riqueza real y tangible generada en el país, y en eso estamos sumamente lejos de la Europa rica.

Gráfico de la Semana
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