Por undécimo mes consecutivo, las temperaturas globales pulverizan récords

Cada vez hay más preocupación entre la comunidad científica sobre si estamos en un punto de inflexión en el cambio climático

Foto: Una ola de calor azota Filipinas. (EFE)
Una ola de calor azota Filipinas. (EFE)

De forma poco sorprendente, marzo ha continuado con la tendencia crecientemente acelerada en la subida de las temperaturas globales. Los datos son sumamente preocupantes, ya que los indicios de que se está acelerando el calentamiento global y que no se trata de una oscilación temporal en un proceso lineal son cada vez mayores.

Los datos más importantes que podemos destacar son:

-La temperatura global ha sido 1,22ºC superior a la media del siglo XX, lo que significa que ha estado ligeramente por encima de 1,5ºC respecto a los valores preindustriales. Recordemos que 1,5ºC es el valor que se consideró en París como objetivo hace solo unos meses.

-Este valor es la mayor desviación desde que existen datos (137 años o 1.635 meses).

-Es el undécimo mes consecutivo en que la temperatura media mensual global es la mayor de la serie histórica. Esto no había pasado en los 137 años de registros.

-La temperatura en las áreas emergidas ha sido 2,33ºC mayor que la media del siglo XX, 0,43ºC por encima del anterior récord para marzo (2008).

-Es especialmente preocupante la subida de temperaturas en las zonas árticas, ya que está acelerando la fusión del permafrost (con la subida consiguiente de las emisiones de metano) y de los glaciares de Canadá y Groenlandia.

Para el primer trimestre la situación ha sido similar, como vemos en el siguiente mapa, con solo algunas pequeñas áreas con temperaturas por debajo de la media. La más llamativa es la del Atlántico Norte, que podría estar asociada con la fusión acelerada de los glaciares.

Aunque las emisiones de CO2 han descendido ligeramente en 2015 respecto a 2014, y eso se ha interpretado desde algunos ámbitos como que la economía mundial está iniciando una transición hacia fuentes de energía menos dependientes del carbono, por desgracia no se ha traducido en un menor aumento de las concentraciones de CO2 sino todo lo contrario, como vemos en los gráficos siguientes. En 2016, además, el aumento parece que va a ser aún mayor. Esto ocurre porque la Tierra ya no es un sumidero de CO2 como había pasado hasta ahora sino que se ha convertido en un emisor neto. La tendencia actual está sobrepasando las 3 ppm de aumento anual e incluso estamos empezando a ver incrementos de 4 ppm. De confirmarse esto, significaría que tan pronto como en 2040 (o incluso antes) alcanzaríamos las 500 ppm.

Por otra parte, es muy dudoso que se haya iniciado ya algo parecido a una 'descarbonización' de la economía. Más bien lo que parece es que la economía china se ha gripado y eso se ha traducido en un menor consumo de carbón. Una explicación más pedestre pero mucho más probable. Y por desgracia para lo que nos atañe en este artículo, una situación transitoria.

Otro de los gases de efecto invernadero muy importantes es el metano. Después de unos años de incremento más lento (o incluso descenso, en algunos de ellos), nuevamente parece haber tomado impulso, como vemos en el siguiente gráfico. Esto puede estar sucediendo, en parte, por los escapes de los pozos de 'fracking' por una parte y por otra por la fusión del permafrost. Este aumento en la concentración de metano refuerza el calentamiento global.

El panorama que pinta ahora mismo este proceso de calentamiento es muy preocupante por varias razones. La primera es que existen modelos, como el publicado por James Hansen recientemente, que anticipan una subida de los niveles del mar de varios metros para finales de siglo. Esto significaría una catástrofe económica sin precedentes, ya que destruiría amplias zonas costeras habitadas y numerosísimas inversiones en infraestructuras e inmuebles, incluyendo muchas ciudades costeras al completo. La segunda es que el cambio en los patrones climáticos hará que la producción de alimentos se vea sometida a presiones de adaptación muy fuertes que podrían reducir de forma drástica su producción. La tercera es que un cambio tan rápido en el clima hará que muchas especies no puedan adaptarse al cambio y se extingan, provocando alteraciones en los ecosistemas de consecuencias imprevisibles y que de forma inevitable nos afectarán. Existen también otros riesgos importantes, como son migraciones masivas o extensión de enfermedades tropicales.

Aunque desconocemos la magnitud real de estos riesgos, ya que los modelos no son lo suficientemente precisos, el principio de precaución nos dice que al ser la probabilidad de que ocurran tan alta, sería imprescindible tomar medidas drásticas para minimizar sus efectos, como se hace en muchos otros ámbitos (no hay más que recordar las campañas de vacunación, la legislación de riesgos laborales o las normas de seguridad de los vehículos de transporte). Y sin embargo, vemos que no se hace, o las medidas son tan tibias que apenas tendrán efecto sobre el curso de los acontecimientos. Por ello es más importante que nunca la concienciación pública, con el fin de que sea la presión ciudadana la que obligue a los políticos a tomar acciones, ya que si esperamos a que los efectos anticipados por los científicos sean palpables, entonces será demasiado tarde.

Gráfico de la Semana
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