¿Quién saldría perjudicado si Cataluña se independizara?

Se pueden estimar los PIB de equilibrio de España y una eventual Cataluña independiente

Foto: Un joven porta una estelada durante una manifestación a favor de la independencia en Cataluña. (EFE)
Un joven porta una estelada durante una manifestación a favor de la independencia en Cataluña. (EFE)

Se leen multitud de comentarios apasionados sobre qué ocurriría en caso de que finalmente hubiera una ruptura de la unidad política de España y Cataluña se independizara. Sin embargo, nadie o casi nadie se ha aventurado a realizar un cálculo medianamente serio sobre lo que realmente podría pasar basándonos en los fundamentales de la economía catalana y de lo que sería, después de la ruptura, España. En este artículo, trato de abordar este asunto desde un punto de vista técnico.

Para ello, se puede utilizar como primera aproximación, aun conscientes de que se requieren refinamientos posteriores, un modelo keynesiano en que se estime la demanda interna final, teniendo en cuenta que en economías tan endeudadas con el exterior como la española no es posible ya mantener déficits exteriores de forma persistente. Requerimos por tanto saber cuál es el flujo de bienes y servicios entre Cataluña y el exterior, así como entre Cataluña y el resto de España.

Afortunadamente, los estadísticos de Idescat han hecho por nosotros ya una buena parte del trabajo, que es la de calcular los flujos de bienes y servicios entre Cataluña y el resto de España y Cataluña y el extranjero. Tomando estos datos, se calcula cuál sería la situación macro a nivel exterior de esos hipotéticos dos países independientes.

Lo primero que llama la atención es que Cataluña mantiene un abultadísimo superávit exterior de casi el 12% del PIB. Para poner esta cifra en contexto, Alemania tuvo en 2013 (último dato en Eurostat) un 6,1% del PIB y dentro de Europa solo superarían a Cataluña Irlanda y Luxemburgo.

Lo segundo es que el superávit exterior español se reduciría en algo más de un tercio en esa eventual ruptura del Estado, pero que aún seguiría en positivo en un 1,7% del PIB.

Suponiendo que se estableciera un nuevo equilibrio con el exterior en un punto similar al que se encuentra España actualmente debido al estrangulamiento financiero que sufre (3% de superávit exterior) y que impide estimular más la demanda interna, y aplicando un modelo keynesiano simple, podemos calcular el nuevo PIB de equilibrio para ambas economías.

Con una propensión marginal a importar de aproximadamente 0,3 en la economía española, eso supondría que el nuevo equilibrio de la economía del resto de España se establecería en un nivel un 4% inferior al actual, lo que quiere decir que entraría en recesión durante el primer año tras la ruptura con un decrecimiento de aproximadamente un 1% (3% de crecimiento actual menos 4% de impacto de la ruptura). Como vemos, la repercusión tampoco sería demasiado importante y en todo caso mucho menor que la vista en la crisis de 2007-2013.

El impacto en Cataluña, sin embargo, sí que sería mucho más significativo, ya que el crecimiento sería extremadamente potente y la economía catalana alcanzaría el equilibrio en un nivel de PIB aproximadamente un 30% superior al actual (9/0,3). Es decir, que subiría desde los 28.000 euros per cápita actuales a 37.000, es decir, un nivel superior al francés y ligeramente inferior al alemán, entrando por lo tanto plenamente en el club de los países más ricos de Europa.

Sería enormemente beneficiosa para la economía catalana, ya que su industria exportadora y su sector turístico son los más potentes de España

Está claro que, sin tener en consideración factores políticos de los que hablaré ahora, desde el punto de vista puramente económico la independencia de Cataluña sería extremadamente beneficiosa para la economía catalana, ya que su industria exportadora y su sector turístico son los más potentes de España.

Sin embargo, hemos de tener en cuenta que vivimos en un mundo complejo en que los factores políticos tienen una gran importancia. En primer lugar, está el problema de que la mayor parte de la población española fuera de Cataluña está en contra de que Cataluña se independice. Eso quiere decir que en caso de que finalmente se produzca este hecho, será muy conflictivo, lo que inevitablemente se traducirá en unas consecuencias de tipo económico.

España presionaría para que Cataluña quedara fuera de la UE, y si así fuera, ello permitiría tomar a España, el mayor socio comercial de Cataluña, represalias en forma de aranceles. Aun así, hay que tener en cuenta que España forma parte de la OMC, y que por lo tanto estos aranceles estarían muy limitados y tendrían un escaso impacto en el comercio entre ambos países. Más allá de esto, es dudoso que las probables campañas propagandísticas entre la población catalana y española en pro de vetar a los productos del otro país tuvieran una importancia grande, especialmente a largo plazo.

Sobre la decisión que finalmente tomara la UE sobre si sería de aplicación la Convención de Viena sobre sucesión de estados en materia de tratados de 1978, en principio, al tener todas las partes implicadas firmada esta convención, Cataluña heredaría absolutamente todos los tratados firmados por España, incluidos el de pertenencia a la UE y el de Maastricht. Sin embargo, esto no se puede dar por hecho y en caso de que no fuera así se abrirían graves incertidumbres para la economía catalana, que sin duda repercutirían de forma muy negativa en la necesaria refinanciación de la deuda que seguramente se heredaría de España (tema complejo si la ruptura es por las malas y en el que no entraré en este artículo). Pero una vez más, y dada la muy ventajosa situación macro de la economía catalana tras la independencia, es seguro que esta situación sería transitoria.

En conclusión, los análisis que se están haciendo de la situación en que quedarían ambas economías tras la ruptura son muy simplistas y absolutamente exagerados y no tienen en cuenta los fundamentales económicos. España casi con seguridad sufriría una breve recesión y el impacto sería muy limitado, mientras que Cataluña, en caso de haber problemas políticos, sufriría también una recesión que tendría una duración corta seguida de una fortísima expansión económica, mientras que si la ruptura fuera amistosa ni siquiera sufriría tal recesión.

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