Economía: Empleo en España: verdades, medias verdades y mentiras. Blogs de Gráfico de la Semana

Empleo en España: verdades, medias verdades y mentiras

De entra todo lo que se escucha y lee sobre la evolución del empleo no hay que creer ni mucho menos todo

Foto: Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)
Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)

“La economía española ya ha recuperado los niveles previos a la crisis” (Rajoy, julio de 2017). “Los datos de empleo de 2017 conocidos reconfortan y suponen un estímulo para seguir avanzando y actuando en la misma dirección” (Rajoy, enero de 2018).

A la vista de las declaraciones del máximo representante del gobierno de España cualquiera pensaría que nuestro país, en el día a día para sus ciudadanos, es un lugar próspero en que la vida resulta relativamente sencilla en lo material. Por desgracia, y si salimos de los despachos enmoquetados en que suele moverse el presidente, la realidad del día a día se empeña en desmentir sus aseveraciones, que más bien deberíamos calificar de propaganda política.

No cabe duda que la producción en España lleva cuatro años seguidos aumentando, para el conjunto de los sectores económicos. Pero como he defendido en numerosas ocasiones desde esta columna, ello se debe a una serie de afortunadísimas circunstancias exógenas que poco tienen que ver con el Gobierno: política monetaria del BCE, precios del petróleo y recuperación mundial. Sí que es cierto que el Gobierno de Rajoy, de la mano de un sumiso Luis de Guindos, supo ofrecerle a la Troika lo que necesitaba, es decir, garantías de que iban a poder salvar la cara ante los parlamentos, medios de comunicación y poblaciones centro y noreuropeas sobre el fin de la supuesta orgía de gasto desenfrenado en que habíamos estado sumidas las poblaciones del sur de Europa. Por supuesto, nada de esto era cierto y lo que realmente se estaba dirimiendo era si los países del sur de Europa se rendían o no a una política neoimperialista encabezada por Alemania y aplaudida por sus satélites. Y bien que se rindió España, y de forma casi incondicional y sin presentar la menor resistencia, tanto con el abyecto presidente Zapatero en mayo de 2010 como con Rajoy en 2012. Tan solo pudieron salvar, en la negociación, los privilegios de la oligarquía local, a costa de condenar a la población a sufrir toda una serie de políticas supuestamente beneficiosas para todos pero de las que el grueso de la población no recogería más que unas migajas del crecimiento a cambio de renunciar a multitud de derechos.

Y bien que se rindió España, y de forma casi incondicional, tanto con el abyecto presidente Zapatero en mayo de 2010 como con Rajoy en 2012

Estas son las élites que tenemos, que con tal de que les sigan manteniendo a cargo del virreinato les da igual lo que sea de sus súbditos, que no ciudadanos. Tampoco hemos de escandalizarnos tanto, ya que al fin y al cabo desde el Tratado de Utrecht vienen haciendo exactamente lo mismo. Curiosamente desde que la Casa de Borbón se sienta en el trono de España. Los escasos intentos de escapar a esta posición subordinada en el concierto internacional se han saldado con aplastantes derrotas: desde un Rafael del Riego arrastrado y vilipendiado por las calles de Madrid camino del patíbulo hasta una Segunda República destrozada por lo más salvaje de las fuerzas reaccionarias y pasando por una Primera República abandonada a su suerte por casi todos y tristemente finiquitada en muy poco tiempo. Y siempre con una gran parte de la población bramando el “¡vivan las caenas!”.

Pero para que griten bien alto ese “¡vivan las caenas!” la maquinaria de la propaganda tiene que trabajar a destajo, manipulando las noticias, ocultando lo que les parece y hablando de lo que les conviene. Una supuesta libertad de información que finalmente es solo ficticia, ya que los gobiernos, bancos y grandes empresas ya se han ocupado de destrozar el mercado, haciendo que la entrada de nuevos actores se haga casi imposible. Los gobiernos a través de la concesión selectiva de publicidad institucional, instrumento que también usan bancos y grandes empresas. Los bancos además influyen a través de la deuda que la mayor parte de los medios mantienen con ellos. Bastaría con que se rebelaran contra la línea del agrado del banco de turno para que inmediatamente se vieran en situación de quiebra. Y lo mismo vale para los medios en superávit, como algunas televisiones. Que probara alguna de ellas a seguir una línea hostil a los intereses de la oligarquía y ya veríamos lo que tardaba en esfumarse su publicidad y en consecuencia su superávit.

Y dentro de este lavado masivo de cerebro que intentan, y en buena medida consiguen, sobre la población tenemos el tratamiento informativo de los datos económicos y especialmente del empleo. En esta columna de hace unos meses mostraba una serie de datos que demostraban que realmente no hemos recuperado ni la mitad de la riqueza perdida durante la crisis. La explicación de por qué los datos del PIB dicen otra cosa ya la he hecho en varias ocasiones desde aquí mismo (graves problemas en la estimación de este agregado económico desde 2007), por lo no incidiré más en ninguno de los dos temas. Lo que sí que está claro es que de poco vale que digan que se ha recuperado la riqueza anterior a la crisis si esto no se traduce ni en una recuperación del empleo, de las ventas de las empresas ni de la producción industrial.

Lo que sí que está claro es que de poco vale que digan que se ha recuperado la riqueza anterior si no se traduce ni en una recuperación del empleo

Hoy hablaré de los datos de empleo desde la perspectiva de las horas totales trabajadas que, aunque no es tampoco una medición perfecta del nivel de empleo (ya que habría que tener en cuenta también la calidad de este, algo que tal vez sea el tema de otra columna), al menos sí que evita problemas como la variación de la duración de la jornada media o el número de horas extraordinarias. En el primer gráfico vemos la evolución de este dato desde los mínimos del IV trimestre de 2013. El incremento es del 6,3%. Este dato es significativo pero muy inferior al aumento total del empleo que refleja la EPA, que es del 10,9%. Es decir, que el 42% del empleo aparentemente creado es realmente humo, o reparto de empleo producido seguramente como consecuencia de la reforma laboral.

Pero los problemas del discurso oficial del Gobierno no acaban aquí, ya que si ampliamos el período temporal hasta 2008 se ve cómo la situación empeora mucho más. Esto lo vemos en el siguiente gráfico.

Aunque la serie homogénea solo llega hasta 2008, podemos extrapolar los datos de máximos de empleo (IV trimestre de 2007) a partir de los datos anteriores de la EPA, lo que nos llevaría a unos niveles de empleo un 1% mayores que en el IV trimestre de 2008. Es decir, que aún estamos un 12% por debajo de los niveles de empleo del año 2007. Solo hemos recorrido un tercio en el camino de la recuperación del empleo. Al ritmo mariano (por Mariano pero más bien por Mario) de creación de empleo tardaremos otros ocho años más en recuperar los niveles de empleo previos a la crisis. Si alguien se atreve a pronosticar que tendremos ocho años de bonanza antes de que tengamos una nueva crisis de alcance mundial que levante la mano, porque desde luego algunos no nos lo creemos en absoluto.

Al ritmo mariano de creación de empleo tardaremos otros ocho años más en recuperar los niveles de empleo previos a la crisis

Lo dicho, que mucho ojo con la propaganda interesada respecto al empleo. Las cosas han mejorado, pero ni lo han hecho por lo que suelen decir ni mucho menos tanto como dicen. Para muestra, la foto de las 7.000 personas que, según estimaciones, se presentaron hace unos días ante un hotel de Madrid para optar a uno de los 100 puestos de trabajo que parece que van a ofertar. No es precisamente como para estar orgullosos del país que tenemos.

Gráfico de la Semana

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