La recuperación solo llega muy parcialmente a las familias

Pese a que el Gobierno presume de que la recuperación ya es completa, el gasto de las familias dice lo contrario

Foto: Un carro de la compra en un supermercado. (EFE)
Un carro de la compra en un supermercado. (EFE)

Son bien conocidas las declaraciones del Gobierno de que la economía española se ha recuperado ya totalmente de la crisis que la asoló entre los años 2008 y 2013. Sin embargo, son numerosas las encuestas sectoriales (comercio al por menor, servicios, industria, ventas de grandes empresas, construcción…) que nos dicen justo lo contrario. Todos los datos sectoriales (incluyendo empleo) reflejan que la caída fue más fuerte de lo reconocido por los sucesivos gobiernos y una recuperación firme, pero que ni mucho menos ha sido capaz de compensar el declive anterior.

Hoy hablaremos del gasto de las familias, fiel reflejo de la renta disponible para estas (si descontamos pequeñas variaciones en el ahorro). Como se ve en el primer gráfico a precios corrientes, el máximo se produjo ya empezada la crisis, en el año 2008, y el mínimo en el año 2013. Se ve perfectamente cómo el gasto en 2016 es aún inferior al de 2008.

Pero el cuadro obviamente está sesgado por la inflación, por lo que recurrimos a los mismos datos a precios constantes. Como se ve, el cuadro ahora es bastante diferente. La caída del gasto fue mucho mayor y la recuperación, más leve e incompleta. El máximo una vez más se dio en 2008 y el mínimo en 2013, pero en este caso el descenso llegó al 17,1% y en el año 2016 todavía estaba en el 13,2%. Es decir, que una vez más se vuelve a comprobar una importante discrepancia entre la evolución del PIB y la de otros indicadores de la economía española. Desde luego que esta evolución del gasto familiar cuadra mucho más con el desplome del comercio o las ventas empresariales que la mucho más modesta caída del PIB, y ni qué decir tiene que con lo que se vio a pie de calle. La recuperación del gasto familiar, aunque firme, ha sido solo del 4,7% desde 2013 a 2016.​

Otro dato de esta encuesta que llama la atención es cómo se truncó la tendencia descendente en el porcentaje de gasto en alimentos, algo propio de las sociedades que van siendo cada vez más ricas; aumentó un punto porcentual entre 2007 y 2013 y tampoco ha recuperado el nivel de ese año. A pesar de ello, el desplome en el consumo fue tan impresionante que el gasto en alimentos llegó a descender un 8% en términos constantes.

Del resto de partidas del gasto familiar destacan las enormes caídas en mobiliario, equipamiento del hogar y mantenimiento (38%), vestido y calzado (37%), transporte (32%), ocio y cultura (29%), hoteles y restauración (28%) y otros gastos (17%).

Mucho menor fue el descenso en bebidas alcohólicas y tabaco (8%, probablemente por las subidas de impuestos), salud (4%) o comunicaciones (8%). En estas dos últimas partidas del gasto es posible que influyera en su menor caída el envejecimiento de la población española, por un lado (salud), y la natural evolución hacia un mayor uso de las tecnologías de la comunicación.

Sorprendentemente, hubo dos sectores en que ha aumentado el gasto a pesar de la crisis. El primero ha sido el gasto en vivienda, incluyendo electricidad (15%), y el otro ha sido la enseñanza (26%). La explicación del aumento del gasto en vivienda es, a mi modo de ver, sobre todo reflejo del poder del oligopolio eléctrico y la desastrosa gestión de los diferentes gobiernos en el tema energético, por un lado, y por otro probablemente debido a un mayor peso de los alquileres imputados.

El incremento en el gasto en enseñanza está causado, a mi modo de ver, principalmente por dos factores. El primero es el aumento de las tasas universitarias y la depauperación de la universidad pública, que ha empujado a muchos estudiantes a la enseñanza privada. Y el segundo ha sido que al acabar en el paro una buena parte de la población (sobre todo joven), eso ha causado que las familias hagan un gran esfuerzo para mejorar la formación.

Como se ve, en la economía española desde hace una década la realidad queda totalmente velada por la propaganda interesada y una aparente inexactitud grave de algunas estadísticas (especialmente la cifra del PIB), y solo tras un esfuerzo de análisis importante se puede llegar a obtener una imagen más fiel de la realidad.

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