11 años después de la crisis

11 años después de la crisis que asoló la economía española, hacemos un balance de la situación actual

Foto:  Foto: iStock.
Foto: iStock.

Agosto de 2007 marcó el pistoletazo de salida de la Gran Recesión, que afectó especialmente a los países muy endeudados del sur de Europa (Grecia, España, Portugal e Italia), cuya crisis se prolongó mucho más tiempo que en otros países. En España, la crisis se alargó nada menos que seis años y medio, llegando las caídas de la actividad a niveles más bien propios de una depresión económica mayor. En este artículo, repasaremos cuánto se han recuperado los principales indicadores económicos: empleo, industria, construcción, comercio, servicios en general, grandes empresas y comercio exterior.

En primer lugar, vemos la evolución del empleo, que desde máximos del tercer trimestre de 2007 tocó mínimos en el primero de 2014, acumulando en el proceso una pérdida del 18,3%, es decir, que casi una de cada cinco personas perdió su trabajo. Desde entonces, comenzó una fuerte recuperación del empleo que continúa a día de hoy. A pesar de ello, sigue un 6,8% por debajo de los valores precrisis, por lo que harían falta otros dos años y medio de recuperación para alcanzar los niveles de 2007.

A la industria es al segundo sector al que peor le ha ido con la crisis, ya que el desplome fue tremendo (-30,2%) y la recuperación ha sido muy leve, pues la producción aún está un 22,5% por debajo de los niveles precrisis. Es decir, que casi la cuarta parte de nuestra industria ha desaparecido.

La construcción es evidentemente el peor de los sectores, epicentro de la burbuja crediticia y del desplome. Sigue sumido en la más profunda de las depresiones, pues el consumo de cemento (indicador de la actividad del sector) se hundió el 84% y actualmente está un 77% por debajo de los máximos precrisis. Si tomamos los niveles de consumo previos a la burbuja (por ejemplo, 1997), vemos que están un 52% por debajo, lo que da idea de lo que le queda aún al sector para recuperar niveles normales de actividad.

Los servicios sufrieron muchísimo en la crisis, llegando a desplomarse un 34,4% (corregidos de inflación). Después de tocar fondo en marzo de 2013, iniciaron una fuerte recuperación, pero a pesar de ello aún están un 20% por debajo de los del periodo previo a la crisis. Haría falta que continuara esta recuperación unos seis años más para que los servicios recuperaran su actividad. Dentro de los servicios, al comercio minorista le ha ido francamente mal, ya que llegó a bajar un 28,1% (algo menos que los servicios en general) y sigue un 19% por debajo de 2007.

El siguiente gráfico es muy interesante, pues recoge cómo ha afectado la crisis y la recuperación a las grandes empresas. Como se ve, su situación se ha suavizado debido a que están mucho más internacionalizadas que las empresas pequeñas, y la crisis, como sabemos, fue mucho más suave en el exterior. Aun así, como gran parte de sus ventas se realizan en España, no han recuperado ni remotamente el nivel de actividad previo a la crisis, excepto en lo que atañe a exportaciones. Como se ve, la crisis también ha sido un fuerte incentivo para la internacionalización.

Las ventas totales de estas grandes empresas se hundieron un 31,4%, y aún están un 14,5% por debajo de las de 2007. Es decir, que la crisis les afectó tanto como a las pequeñas empresas, pero su recuperación ha sido mejor. ¿Esto ha sido porque han acaparado más del mercado interior o porque exportan más? Es muy fácil verlo si atendemos a las ventas interiores, que llegaron a bajar un 38,7% y actualmente están un 26% más bajas que en 2007. Es decir, que la caída de la demanda interna les afectó más que a las pequeñas empresas y la recuperación del mercado interno ha sido más débil. Lo que quiere decir que sus relativamente mejores cifras se pueden achacar íntegramente a la búsqueda de negocio en el extranjero.

Esto ha repercutido muy favorablemente en que la balanza exterior sea a día de hoy mucho más equilibrada que en 2007, pues como se ve en el gráfico las exportaciones de estas grandes empresas (es decir, la gran mayoría de las exportaciones de nuestra economía) son un 35% mayores que antes de la crisis, mientras que las importaciones —reflejo de la demanda interna y de la internacionalización del comercio— son aún un 2,7% menores que en 2007.

La recuperación de la actividad económica es aún parcial, siendo escasa en industria y construcción y de menos de la mitad de lo perdido en servicios

Podemos concluir que la recuperación de la actividad económica es aún parcial, siendo escasa en industria y construcción, y de menos de la mitad de lo perdido en servicios. Sin embargo, el empleo se ha recuperado mucho mejor, lo que es reflejo de que tras tantos años de crisis muchos trabajadores están dispuestos a aceptar empleos mucho peor pagados. Esto se puede comprobar en la encuesta de costes laborales. Según esta, los salarios tocaron techo en 2009 (1.993 euros/mes de coste salarial), siendo en 2017 de 2.020 euros, que corregidos de inflación nos dan una caída salarial total del 9,2%. Esto quiere decir que ha habido un fuerte reparto del empleo, ya que si los salarios siguieran siendo iguales que en 2009, ahora solo trabajarían 17,44 millones de personas en lugar de los 19,33 millones que trabajan actualmente.

Esta es la explicación de que el empleo sea el indicador que mejor ha evolucionado en la economía. Podemos extraer dos lecciones de todo esto. La primera es que la tesis de Keynes de que los salarios se resisten a bajar y por lo tanto es un mercado cuyo precio es poco flexible a la baja es cierta, ya que con la demanda totalmente hundida vimos cómo siguieron subiendo más de dos años. La segunda es que si se deja pasar el suficiente tiempo, los salarios finalmente bajan (aunque solo en términos reales, no nominales) y se reparte el empleo, ya que es a este factor al que podemos achacar casi dos de cada tres empleos creados. ¿Y cuánta de esta bajada se puede atribuir a las reformas laborales?

Estaríamos ante un nuevo ejemplo de economía-vudú, en que se implementan medidas muy polémicas y que en realidad no sirven para nada

Pues, a mi modo de ver, el efecto ha sido totalmente despreciable, ya que los salarios ya ofrecían signos de estancamiento antes de la reforma laboral de 2010, sin observarse cambio de tendencia alguna por esta causa. Después de la más agresiva reforma de 2012, tampoco se ve ningún cambio de tendencia. Estaríamos, pues, ante un nuevo ejemplo de economía-vudú, en que se implementan medidas muy polémicas y que en realidad no sirven para nada. Sin embargo, como ese proceso de bajada real de salarios sí que se produjo (aunque fuera por otras causas), los que promovieron estas reformas han creído que fueron la causa.

La economía española ha mejorado claramente desde la crisis en un aspecto fundamental, y es en las exportaciones. Esto permite, en una economía abierta, mantener a largo plazo una mayor demanda y por lo tanto mejores niveles de empleo con nuestros salarios. Pero no es suficiente. Seguimos siendo una economía vulnerable a un 'shock' de precios del petróleo, muy endeudados con el exterior y por tanto dependientes de condicionantes políticos como la disposición de Alemania y el BCE a sostener nuestros bonos. Seguimos siendo poco productivos para nuestro nivel salarial y eso provoca nuestro elevado paro. Los salarios no se pueden reducir por decreto ni sería deseable aunque se pudiera, pero la solución razonable no es esperar a que otra década acabe de ajustar el mercado laboral. Implementar medidas para mejorar la productividad de la economía no es fácil ni barato, pero es la mejor inversión que podríamos hacer, pues haría que se pudieran sostener niveles mayores de demanda y por tanto de empleo. Por desgracia, algo como esto, que es lo podría hacer la vida menos difícil a muchos cientos de miles de españoles, no está en la agenda de ningún político.

Gráfico de la Semana

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios