¿Es España un país de rentistas?

Existen fuertes discrepancias entre los datos de Hacienda y los del INE, que deben hacer reflexionar sobre el discurso más habitual

Foto: Detalle de varias monedas de euro sobre una mesa. (EFE)
Detalle de varias monedas de euro sobre una mesa. (EFE)

Frecuentemente, escuchamos que las rentas del trabajo no hacen más que disminuir su peso en el conjunto de los ingresos de los españoles, mientras que las del capital no hacen más que aumentar. La razón subyacente a estas afirmaciones procede de la interpretación de los datos del INE, que según se afirma ha registrado un fuerte aumento del excedente bruto de explotación (asimilable a las rentas del capital) dentro de la composición del PIB español. Sin embargo, si atendemos a los datos reales que publica el INE, vemos que realmente esto no es así, sino que ambos tipos de renta muestran en los últimos 23 años una gran estabilidad. En 1995, las rentas eran el 47,8% de la renta nacional, en 2008 pasaron a ser el 50%, y en 2018 las encontramos en el 47,5%, es decir, casi el mismo sitio donde estaban en 1995.

Respecto al excedente de explotación, vemos que en 1995 estaba en el 43,7%, pasando al 42,3% en 2008 y al 41,9% en 2018. En este caso sí que observamos una ligera tendencia a la baja, que se justifica por el incremento de los impuestos sobre la producción en este periodo (básicamente el IVA). No se entiende, pues, cómo se repite de forma recurrente el que los ricos en España cada vez acaparan más poder y riqueza que extraen del esfuerzo de los trabajadores cuando lo que se observa es una gran estabilidad e incluso un ligero aumento en la proporción de las rentas del trabajo.

Se puede entender que dentro del discurso de la izquierda se quiera dotar de más poder de negociación al trabajo a la hora de establecer salarios y otras condiciones, pero basar esas legítimas políticas en datos que no responden a la realidad no facilita para nada estos objetivos, sino todo lo contrario. Para otra ocasión dejaremos el análisis de cuáles son, en cualquier caso, los límites de esa negociación en el reparto del valor añadido obtenido durante el proceso productivo entre el capital y el trabajo, y si estos límites son asumidos dentro de lo que son las demandas más habituales de la izquierda, así como cuánta verdad encierra la afirmación que desde la derecha se hace de que se puede hacer muy poco a este respecto y que son leyes cuasinaturales que no se pueden transgredir.

Pero esto solo es una parte de la historia, porque tenemos otra fuente de datos, desde mi punto de vista mucho más fiable que el INE —que al fin y al cabo solo calcula el excedente de explotación por diferencia—, que es la Agencia Tributaria. Esta recoge datos exhaustivos de todas las rentas que se generan en España, y solo se le escapa, como es lógico, la economía sumergida; pero esto es un problema que afecta igualmente al INE, luego podemos obviarlo de cara a los objetivos de este artículo, por muy interesante que sea el análisis del volumen, evolución temporal, origen y distribución de las rentas procedentes de la economía sumergida.

Si atendemos a los datos de Hacienda, recogidos de sus informes anuales, vemos cómo la tendencia fue a la estabilidad entre 1995 y 2007 (con la excepción del año 2006). La crisis provocó una reducción de las rentas procedentes del capital, pasando del 22% en 2007 al 16% en 2010. Esto es una notabilísima caída que se achaca al desplome de las rentas procedentes de los intereses bancarios y dividendos, básicamente. Las rentas del trabajo incluso aumentaron levemente en el periodo 2007-2010, aunque solo en términos nominales.

También debemos tener en cuenta la evolución del beneficio empresarial no sujeto a IRPF, que es lo que vemos a continuación. En este caso, sí que vemos que hay una tendencia clara al incremento del porcentaje de beneficio empresarial que no pasa a renta (es decir, que no se reparte como dividendos) entre 1995 y 2007, pasando del 39% al 54%. Esto en sí mismo no implica mayor desigualdad de renta, pues no se trata más que del reflejo de una progresiva tendencia a una mayor reinversión del beneficio empresarial, algo imprescindible en cualquier economía que quiera aspirar a sectores productivos de alto valor añadido. Sí que podría dar lugar a que la riqueza, entendida como la tenencia de títulos de propiedad, esté peor distribuida, pero eso no es de lo que hablamos en este artículo, que trata solo de las rentas disfrutadas.

La crisis, como vemos, tuvo un efecto devastador sobre la inversión empresarial, ya que en 2012 el excedente de explotación de las sociedades españolas era solo el 26% de las rentas salariales. Desde entonces, el beneficio empresarial se ha recuperado con mucha fuerza, pero actualmente es mucho más bajo que antes de la crisis, ya que solo es el 44% de las rentas salariales. Como las rentas procedentes del capital han crecido mucho menos, esto quiere decir que la inversión ha aumentado mucho desde 2012, una noticia que nos debe alegrar, pues es algo imprescindible para el futuro económico del país.

Llama la atención, y mucho, cómo según Hacienda el beneficio empresarial más las rentas empresariales (empresarios individuales) y las rentas del capital (intereses, alquileres…) es mucho menor que las rentas del trabajo, cuando según el INE solo es un poco menor. Esto, dicho sea de paso, cuadraría con la tesis que he mantenido en otras ocasiones de que el PIB español está medido de una forma muy optimista, aunque como también he comentado otras veces, esto parece un mal que afecta a muchos países.

En conclusión, nada respalda la creencia de que el reparto de la renta entre capital y trabajo se está deteriorando en España. Es más, los datos de la Agencia Tributaria nos dicen a las claras que el efecto de la crisis ha sido el opuesto, y que las rentas del capital han sufrido mucho más que las del trabajo, lo que por otra parte es lógico si tenemos en cuenta que existen multitud de rentas muy protegidas, como son las pensiones, los salarios del sector público y los salarios protegidos por los convenios colectivos y el Estatuto de los Trabajadores. También es cierto que el beneficio empresarial ha crecido muy rápido desde 2013, aunque esto apenas ha afectado a la proporción de las rentas procedentes del capital debido al incremento de la inversión.

¿Se ha producido entonces incremento de la desigualdad o no? Todo indica que así ha sido, ya que millones de personas vieron drásticamente reducidos sus ingresos por perder su empleo o quebrar su empresa, pero ese incremento de la desigualdad no respondería a una situación caricaturesca en que el capitalista con chistera tiene los bolsillos cada vez más llenos mientras ríe viendo pasar a las masas de trabajadores cada vez más depauperados, sino a un aumento de la desigualdad entre sectores distintos de la propia clase trabajadora.

Por un lado, esos sectores más o menos protegidos que he mencionado (pensionistas, empleados públicos y empleados fijos, con edad media elevada), y por otro, trabajadores temporales, sin convenios y parados (preferentemente jóvenes). Una realidad que encubre una brutal insolidaridad en el seno de la sociedad española instrumentalizada y jaleada por los grandes partidos políticos, pero que de ningún modo puede achacarse a estos. Una realidad tan fea, desagradable y políticamente incorrecta que casi nadie habla de ella.

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