España, en trayectoria de colisión con Bruselas

Casi nadie en los grandes partidos parece comprender la situación que se avecina para 2019

Foto: El comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, y la ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño. (EFE)
El comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, y la ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño. (EFE)

“O Bruselas tumba estos Presupuestos o estos presupuestos tumban España”. Esta fue la frase de Pablo Casado hace unos días, una frase que solo contiene una verdad, y es que existe una alta probabilidad de que a partir del verano de 2019 veamos cómo la economía española, tras algo más de cinco años de respiro, besa otra vez la lona. Y poco, realmente poco, van a tener que ver en todo eso los Presupuestos elaborados por el tándem PSOE-UP, unos Presupuestos con medidas interesantes y en la buena dirección, pero que servirán de excusa para que sus oponentes políticos les ataquen sin piedad cuando las cosas empiecen a torcerse.

Ni siquiera en una coyuntura económica favorable parece muy razonable que los ingresos aumenten en 27.000 millones de euros, como ya analicé en este artículo, pero es que ese optimismo sobre la situación económica ya se encuentra sobrepasado por lo que está pasando ahora mismo, por lo que la situación será aún peor de lo que comenté. Esto lo vemos en los dos principales indicadores adelantados de nuestra economía, que precisamente fueron los que anticiparon, cuando ningún analista se lo olía, el gran batacazo de 2008-2009: el PMI de servicios y el índice de confianza del consumidor (ICC). Esto lo vemos en los dos siguientes gráficos, con el PMI en su peor nivel desde el otoño de 2013, cuando aún teníamos cifras negativas en prácticamente todos los indicadores de producción y demanda, y el ICC en su peor nivel desde 2014, cuando venía remontando más de año y medio.

El dato del PMI es especialmente muy preocupante, ya que su correlación con el PIB es altísima e implica que podemos esperar cerrar el año 2018 con un crecimiento económico en el entorno del 1%, algo que tiene todos los visos de reducirse para 2019.

Por mucho que cacareen los políticos del PP y Ciudadanos, la responsabilidad del Gobierno de Sánchez es casi nula, al igual que casi nula fue la responsabilidad del primer Gobierno de Rajoy en el hundimiento que sufrimos desde que ganó las elecciones hasta finales de 2013, y nula también en la recuperación que dura ya casi cinco años. Como he explicado en multitud de ocasiones, la economía española es extraordinariamente dependiente de factores externos, especialmente de los flujos financieros internacionales (somos un activo de riesgo y por tanto el dinero entra y sale con mucha violencia), incluyendo en esto la política monetaria del BCE, de los precios del petróleo, del comercio internacional y especialmente europeo, del turismo y del tipo de cambio del euro.

Todo se le puso de espaldas a Mariano en 2012 y 2013, y a partir de entonces las cosas cambiaron bruscamente y los vientos de cola llevaron en volandas a la economía española, mientras Mariano se colgaba medallas como si él tuviera algo que ver en todo ese asunto. Su único mérito fue realmente darle la razón a Bruselas en todo lo que le decían.

La economía española es extraordinariamente dependiente de factores externos, especialmente de los flujos financieros internacionales

Esos vientos de cola en 2018 han empezado a desvanecerse a toda velocidad, aunque por fortuna no por completo, y es por eso por lo que todavía la economía española está creciendo con debilidad.

En primer lugar, tenemos la evolución de los flujos financieros, que podemos ver en los datos de la cuenta financiera de la balanza de pagos. A pesar de que el BCE está dejando de regar con su maná las economía de la eurozona, por fortuna la balanza financiera, por la enorme fortaleza de la inversión directa exterior neta en la primera mitad del año (casi 20.000 millones más que en el primer semestre de 2017), y a pesar de la debilidad de la inversión de cartera (bonos públicos y privados, sobre todo), ha contribuido todavía más a la buena marcha de la economía, con unas ocho décimas adicionales de PIB en términos anualizados.

El tipo de cambio del dólar, cuya fuerte bajada en 2014 favoreció mucho las exportaciones, tuvo un impacto más o menos neutro en 2015 y 2017, pasando a tener un impacto algo negativo en 2017 y primera parte de 2018 y ligeramente positivo en estos momentos.

Lo que sí ha evolucionado rápidamente hacia posiciones muy negativas es el turismo. Si el año pasado los ingresos por turismo crecieron un 12,4%, con una contribución positiva al PIB de unas nueve décimas, en estos momentos (últimos cinco meses) está creciendo solo al 1,3%, lo que significa que su contribución al crecimiento del PIB está siendo de solo una décima en términos anualizados.

El petróleo también está subiendo sus precios fuertemente. De un precio medio de 54 dólares en 2017 hemos pasado a los 80 dólares actuales, lo que supone que en estos momentos está contribuyendo de una forma negativa al PIB en unas nueve décimas en términos anualizados.

Por último, el comercio exterior está en términos generales mucho más débil en toda Europa este año que el pasado. Si en los siete primeros meses de 2017 las exportaciones crecían en España al 9%, en 2018 lo han hecho solo al 3%, por lo que de mantenerse la tendencia, veremos cómo esto resta alrededor de 1,3 puntos de crecimiento a la economía.

Es decir, que de los cinco grandes factores externos que impulsaban nuestra economía, solo uno de ellos (la inversión exterior) ha mejorado, otro permanece neutral (tipo de cambio) y tres han empeorado. El balance es que el impacto negativo sobre el crecimiento es de algo más de dos puntos porcentuales, lo que aproximadamente corresponde a la estimación hecha por el PMI de servicios, que ha pasado de reflejar un crecimiento de más de un 3% a uno de aproximadamente un 1%.

De los cinco factores externos que impulsaban nuestra economía solo uno (la inversión exterior) ha mejorado y otro permanece neutral (tipo de cambio)

¿Y qué podemos esperar durante los próximos meses? Pues la respuesta es simple: nada bueno. La desconfianza internacional está aumentando rápidamente en términos generales, y el dinero está empezando a huir del riesgo, como demuestran las tormentas cambiarias o, más recientemente, la fuga de dinero desde los bonos americanos de alta rentabilidad. Las posibilidades de que esto empeore aún más son altísimas, ya que la senda de subida de tipos en EEUU parece imparable, impulsada no por la Reserva Federal, como creen muchos, sino por la propia fortaleza de su economía, la escasez de mano de obra y por tanto las tendencias inflacionistas. Si finalmente esto desemboca en una crisis financiera el año próximo es algo que aún no sabemos, aunque es inevitable que tarde o temprano lo haga.

La tendencia alcista del petróleo es igualmente imparable. La subinversión crónica continúa y solo muchos meses de crecientes precios harán que la situación se corrija. El camino a recorrer es aún larguísimo, probablemente de unos tres años hasta que volvamos a tener sobrecapacidad y por lo tanto retomemos la senda bajista en los precios.

Existen más dudas sobre la evolución del comercio exterior y del turismo, pero si continúa el debilitamiento de la economía europea, todavía poco palpable, es probable que agrave su mala trayectoria.

Solo parece que pueda haber buenas perspectivas sobre el tipo de cambio del dólar, que de empeorar la situación global es bastante probable que se fortalezca, especialmente si, como comentaré para cerrar el artículo, las cosas se ponen especialmente mal en la eurozona. Esto, por una parte, nos perjudicará por la factura del petróleo, pero se verá ampliamente compensado por la mejora de la balanza comercial que aparejará.

El debilitamiento de nuestra economía ocasionará que los Presupuestos queden en papel mojado

Es decir, que el debilitamiento de nuestra economía ocasionará que los Presupuestos queden en papel mojado, con ingresos menores y gastos mayores debido a los estabilizadores automáticos. Y la desviación no será pequeña.

Sin embargo, nuestra principal amenaza es la situación de la eurozona. El enfrentamiento entre Roma y Bruselas amenaza de una forma clarísima con convertirse en una auténtica guerra durante el año que viene. Una prima de riesgo en 300 puntos básicos no augura nada bueno, máxime teniendo un Gobierno cuyo capital político depende de no doblegarse ante Bruselas.

La repetición de la situación griega en Italia pero a escala 10 veces mayor está probablemente a la vuelta de la esquina. Esto coincidirá con un deterioro del déficit público español, lo que hará, si se produce la expulsión de los mercados de la deuda italiana, que el contagio sobre España sea inevitable, agravando mucho más nuestra situación. Si bien lo razonable es suponer que el Gobierno italiano acabe cediendo y el BCE salve otra vez los muebles, el daño para entonces estará ya hecho, y el cumplimiento de los Presupuestos será imposible, por lo que Bruselas obligará a un draconiano plan de ajuste. Todos estos acontecimientos no son, obviamente, inevitables, pero tal y como se presentan las cosas, son muy probables. ¿Ha previsto el Gobierno español esta contingencia? Estoy seguro de que no.

Mientras, mi recomendación es, en primer lugar, no creerse nada de la tormenta de propaganda política que sufriremos, echando la culpa de todo al Gobierno español, un títere en todo este teatro global. Y, en segundo lugar, no endeudarse a nivel personal si se puede evitar, porque las incertidumbres que se ciernen sobre 2019 y 2020 son brutales.

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