La economía española se sostiene… a costa del sector exterior

La economía española está manteniendo niveles de crecimiento notables, pero el sector exterior está deteriorándose rápidamente

Foto: Foto: Reuters.
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La economía española está aguantando mucho mejor que el resto de las economías europeas el crecimiento económico, pero esto, lejos de ser una buena noticia –salvo probablemente para Pedro Sánchez y sus aspiraciones electorales–, se trata de algo de lo más preocupante.

Como vemos en la evolución de la balanza por cuenta corriente, esta ha pasado de ser positiva durante todo o casi todo el año a serlo cada vez menos y durante menos meses. Esto sucede porque la actividad económica española sigue creciendo pero la economía de nuestros clientes exteriores está estancada o casi en buena parte de ellos, especialmente los clientes europeos. Es decir, que es un crecimiento basado en el aumento de la demanda interna.

Evolución de la balanza por cuenta corriente. Fuente D. G. de Análisis Macroeconómico. S. G. de Coyuntura y Previsiones Económicas.

No obstante, la situación de la balanza por cuenta corriente no tendría por qué ser preocupante, puesto que aún es positiva. Esto significa que la economía española aún no se está endeudando (más) con el exterior. Pero desafortunadamente sí que lo es por la situación que arrastramos de la época del 'boom' inmobiliario, que se ve reflejada en el siguiente gráfico, en que vemos la posición neta de inversión internacional de la economía española, que es 'grosso modo' la deuda que mantenemos todos los españoles con el exterior. Aquí vemos cómo durante la locura de la expansión crediticia, en la que llegamos a tener déficits por cuenta corriente del 10% del PIB, llegamos a amasar una deuda de aproximadamente un billón de euros, que solo se ha reducido de forma testimonial. Tan delicada es la situación de elevadísimo endeudamiento exterior que nos hemos tenido que refinanciar parcialmente a través del BCE, lo que se traduce en que el Banco de España sea titular de más de 200.000 millones de esa deuda externa. Si no hubiera existido esa posibilidad no cabe duda de que nos hubiéramos visto sometidos a presiones indescriptibles para poder encontrar ese dinero en los mercados internacionales.

La pregunta evidente que surge ante esta situación es que por qué esto debería ser un problema, a lo que posiblemente nuestro presidente, economista de formación, haya respondido que por ninguna razón. Pero Pedro Sánchez, desgraciadamente, se equivoca.

El pacto por el cual se ha permitido a España refinanciar esta inmensa deuda exterior, la segunda mayor del mundo, con el Banco de España, incluye el compromiso tácito de no utilizar los mecanismos habituales de la economía española para estimular la demanda (expansión del gasto público y expansión crediticia). Y España ahora mismo lo está haciendo, con una fuerte creación de empleo público y aumentos muy importantes en la concesión de nuevo crédito. Esto, y no otra cosa, es lo que está sosteniendo el crecimiento. Pero como las causas de este crecimiento no son mejores salarios y mayores exportaciones fruto de incrementos en la productividad –la única forma sostenible en el tiempo de crecer– nos encontramos con que la economía española, salvo que la economía europea se reactive antes de final de año, se enfrenta de forma inevitable a que Europa reaccionará de forma violenta y sumamente desagradable ante la ruptura del acuerdo por parte de España.

Como publicó recientemente la Fundación BBVA (ESENCIALES Fundación BBVA – Ivie No. 33/2019), estos problemas a los que se enfrenta la economía española no son casualidad, sino fruto de la enorme negligencia de los gobiernos sucesivos que hemos venido padeciendo desde hace décadas. Si analizamos la evolución de la productividad total de los factores de la economía española vemos que, de los países analizados, es la peor con diferencia, casi igualada con Italia. EEUU ha tenido una trayectoria relativamente positiva (aunque la productividad está estancada desde hace más de una década) y Alemania, tras sufrir mucho con la crisis, otra vez está viviendo fuertes aumentos de la productividad desde 2009. Francia tuvo una buena época en el período estudiado, los diez primeros años, pero desde 2006 la productividad ha ido disminuyendo; síntoma inequívoco de la cada vez peor situación de Francia.

Me comenta muchas veces la gente joven lo difíciles que están las cosas para ellos. Y es verdad. Pero esto ocurre precisamente por esta razón, pues una economía sin inversión inteligente está abocada a la decadencia, y a que las personas vivamos cada vez peor. Y esa inversión, sin el apoyo decidido del sector público, nunca se dará, como estamos comprobando.

Los cantos de sirena de la izquierda parlamentaria sobre que el problema es que hay que repartir mejor no son más que un modo bastante estúpido de desviar la atención del problema fundamental. Es cierto que debemos aspirar a una sociedad más igualitaria, pues las encuestas de opinión son claras al respecto, pero si no creamos más riqueza solo lograremos repartir miseria. Y la derecha es aún peor, pues se desentiende tanto del problema de la desigualdad como del de la falta de inversión, fiándolo todo a un 'deus ex machina' –el libre mercado– que se supone que hará todo por nosotros sin que nos tengamos que preocupar por nada. Un desastre para nosotros que sufrimos por desgracia en nuestro día a día.

Gráfico de la Semana
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