Cuando unos pierden y otros ganan: desplome del turismo en la UE

El hundimiento del turismo en 2020 provoca efectos muy diferentes en Europa según los países, que harán muy difíciles los acuerdos

Foto: Dos parejas pasean por la isla de La Graciosa. (EFE)
Dos parejas pasean por la isla de La Graciosa. (EFE)

Algo de lo que se está hablando muy poco hasta ahora, pero que ya está empezando a provocar fuertes roces en el seno de la UE, es el impacto muy diferente que está causando el hundimiento del turismo en función de las características de cada país. En la UE, existen países fuertemente especializados en la recepción de turistas y otros que son grandes emisores netos de turismo. Entre los primeros, destacamos sobre todo España, Grecia y Portugal, mientras que entre los segundos, los principales son Alemania y el Reino Unido (cuyo estatus emisor no se altera por el hecho de dejar de pertenecer a la UE).

Es bien conocido el efecto sobre el crecimiento económico que tiene el turismo en los países. En España, este estudio encontró que por cada 5% de crecimiento en el turismo, el efecto sobre el crecimiento económico era de 1,5 puntos porcentuales. Eso entra dentro del rango habitual encontrado en otros trabajos en diferentes países (ver aquí o aquí), en que se han encontrado efectos multiplicadores entre dos y cuatro.

Tomando un valor intermedio de tres, podemos calcular con facilidad el impacto que el desplome del turismo tendrá sobre los diferentes países europeos. Según la Organización Mundial del Turismo, este año veremos caídas en el turismo internacional de entre el 60 y el 80%. Si adoptamos el valor intermedio del 70%, podemos ver este impacto en el gráfico siguiente.

Como vemos, para la UE el impacto es ligeramente negativo (siete décimas del PIB), pero las disparidades son enormes. Alemania será el país más beneficiado, pues el hundimiento del sector aportará al PIB alemán un impulso de 2,8 puntos del PIB, para Suecia, 1,2%, y para el Reino Unido, 1,5%. La cruz de esta situación son Francia (-1,3%), Italia (-1,9%), pero especialmente España (-8,1%), Portugal (-12,5%) y Grecia (-15,8%). A la vista de estos datos, se entiende bien el porqué de las discrepancias a la hora de reabrir el sector, que van mucho más allá de las consideraciones sanitarias. Si bien es probable que una reapertura precipitada y masiva del turismo internacional podría ser contraproducente de cara al control de la pandemia, no cabe duda de que ese cierre va a suponer un impacto letal sobre las economías más débiles de la UE, entre las que lamentablemente nos encontramos.

¿Se está haciendo lo suficiente para controlar este desplome inducido en los países del sur sobre la economía por el hundimiento del turismo? Lamentablemente no, y es fácil de comprobar viendo lo que está pasando con las economías de EEUU y de la eurozona.

Observemos lo que está ocurriendo en EEUU con el balance de su banco central —la Reserva Federal—, que ha pasado de 4,16 billones de dólares el 24 de febrero a 7,09 billones el 22 de junio. Esto es equivalente al 43% del PIB del periodo en 2019. Como puede apreciarse, la expansión de su balance ha sido mucho mayor que durante la Gran Recesión, y sobre todo mucho más rápida. De hecho, lo que ha ocurrido es que se han aplicado, 'de facto', los principios poskeynesianos de gestión de una crisis drástica de este tipo, más o menos equivalente a la parada de la maquinaria de guerra tras un conflicto bélico total como fueron la primera y la segunda guerras mundiales.

Balance de la Reserva Federal. (Fuente: Fed)
Balance de la Reserva Federal. (Fuente: Fed)

¿Por qué y cómo se ha hecho esto en EEUU? La razón fundamental ha sido suplir aproximadamente la demanda esfumada por la crisis desatada a raíz de la pandemia, aunque en mi opinión todavía es probable que las medidas se hayan quedado bastante cortas. Esto se ha hecho mediante emisiones masivas de deuda pública. Al comprar la Fed el grueso de estas emisiones, nos podemos fijar en qué es lo que ha ocurrido con el tipo de interés del bono principal de EEUU, el bono a 10 años, que en lugar de subir se ha desplomado, lo que demuestra que un banco central solvente, como es la Fed, tiene un inmenso margen de maniobra tanto para estimular la demanda como para controlar los tipos de interés. La inflación, por supuesto, ni está ni se la espera, pues ha pasado del 2,3% en febrero al 0,1% en mayo.

Tipo de interés del bono estadounidense a 10 años. (Fuente: CNBC)
Tipo de interés del bono estadounidense a 10 años. (Fuente: CNBC)

Por contra, la expansión del balance del Banco Central Europeo ha sido, en términos del PIB, la mitad de lo que hemos visto en EEUU. Eso a pesar de que la caída de la economía de la eurozona ha sido mucho peor que la vista en EEUU, como se ha visto en los PMI compuestos de ambas áreas económicas. Eso hubiera justificado una intervención mucho mayor por parte del BCE, que hubiera necesitado, como es lógico, como contrapartida una fortísima expansión del gasto público que no se ha dado ni remotamente en la medida de lo necesario.

Estamos, pues, ante dos modelos muy diferentes de gestionar una situación crítica. Por una parte, el estadounidense, más parecido a lo que se vio tras la Segunda Guerra Mundial, preocupado sobre todo por recuperar la actividad mediante el estímulo público de la economía, y el de la eurozona, más parecido al visto tras la Primera Guerra Mundial y que condujo a una economía desastrosa durante el período de entreguerras con la vuelta al patrón oro y que culminó en la Gran Depresión. Entonces se llamaba liquidacionismo. Hoy, no tan radical pero sí muy timorata, se llama austeridad.

Cualquier lógica económica lo que reclama a gritos es recuperar la soberanía cedida a quienes nos tratan como ciudadanos europeos de segunda clase

El hecho de que los países de Sur de Europa hayamos renunciado al instrumento fundamental para paliar un terrible 'shock' económico como el que está suponiendo la pandemia, y nos hayamos integrado en un área económica que aplica políticas más propias de hace una centuria que del estado actual del conocimiento económico, es trágico. Que nos apoyemos en un sector tan vulnerable como el turismo que está siendo tan brutalmente golpeado lo es más. Y que los países del Norte de Europa, beneficiados por la caída del turismo, carezcan de la mínima solidaridad hacia nosotros lo es si cabe aún más. La situación para nuestros países no es justa en modo alguno, y cualquier lógica económica lo que está reclamando a gritos es recuperar la soberanía cedida a quienes nos tratan como ciudadanos europeos de segunda clase.

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