Las lecciones del covid-19 para España

La pandemia ha puesto de manifiesto una vez más la vulnerabilidad de nuestra estructura económica

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Según se han ido publicando los datos económicos de los diferentes países del mundo hemos podido comprobar cómo España ha soportado bastante mal el huracán que ha supuesto para la economía mundial la pandemia por el SARS-CoV-2. Aunque solo tenemos datos parciales a mes de junio, podemos tomar el índice de comercio al por menor, con una buena correlación con el devenir general de la economía, como indicador de referencia. Esto es lo que vemos en el siguiente gráfico. España en junio aún mostraba un descenso de la actividad comercial del 7,2% respecto a febrero, mientras que países de nuestro entorno ya habían vuelto a cifras positivas, como es el caso de Alemania o Francia. Otros como Portugal se encuentran en una situación aún peor, con el 15,5% de caída o Eslovenia con el 11,5%. Sin embargo, en el conjunto de Europa España sale bastante mal parada.

Aunque puede surgir la tentación de culpar a la gestión del Gobierno de estos malos resultados, lo más probable es que en el caso español no se deba a esto sino a la fuerte dependencia del turismo que tiene nuestra economía. La contribución del turismo al PIB en el caso español es del 14,6%, mientras que en el caso esloveno es del 12,3% y en el portugués del 19,1%. En el caso francés es del 9,7%, en el sueco del 2,6% y en el alemán del 4,5%. Peor aún, y como expuse en esta columna hace pocas semanas, lo más importante es la balanza turística, en la que España es fuertemente excedentaria. Debido al efecto multiplicador sobre la economía que tiene este excedente, su desaparición por los efectos de la pandemia es lo que probablemente explica la mayor parte de los malos resultados del comercio español en el mes de junio.

Eslovenia también tiene una balanza turística muy excedentaria, aunque algo menos que la española, y en el caso portugués esta es aún más excedentaria que en el español en relación al PIB. En este sentido podríamos decir descontando el impacto del turismo la respuesta del comercio en España (que tiene como he comentado una correlación fuerte con la economía en general), ha sido bastante mejor que en otros países, incluyendo Alemania, a quien el hundimiento del turismo internacional realmente le ha beneficiado ya que tiene un enorme déficit exterior por ese concepto. En el caso francés podemos ver que la respuesta está siendo especialmente positiva, ya que el comercio se está reactivando con bastante fuerza pese al leve impacto negativo del turismo (-1,3% del PIB estimado para 2020).

Cabe destacar el caso de los países nórdicos, en que el Gobierno que ha tomado menos medidas –el sueco– no es solo el que ha provocado unas mayores tasas de mortalidad, sino que de los cuatro países es el que peor se está recuperando a nivel económico.

Las noticias que llegan respecto al turismo internacional no son buenas, y aunque hay una cierta reactivación esta está siendo muy lenta y países como Japón no han dado todavía fecha alguna para la apertura de sus fronteras. No hay indicios de que vaya a haber una rápida remisión de la pandemia, lo que hace pensar que el turismo va a tardar mucho en recuperarse a los niveles anteriores. Incluso podrían plantearse escenarios plausibles en que nuevas pandemias más o menos letales fueran sucediéndose, como se puede leer en este trabajo, entre otros. De ser así, eso significaría un golpe letal para la industria turística globalizada, ya que no podrían asumirse los riesgos inherentes a una situación como esa y no quedaría más remedio que limitar de forma permanente los desplazamientos humanos a lo largo del mundo. Es decir, que la situación que estamos viviendo como excepcional pasaría a ser normal.

Además, recordemos que el turismo internacional es un importante responsable de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y que el transporte aéreo es el tipo de transporte en que más difícil será sustituir los combustibles fósiles (de hecho no se vislumbra a día de hoy ninguna tecnología mínimamente madura capaz de hacerlo). Eso también introduce una vulnerabilidad adicional en el sector, ya que es más que probable que se limite la actividad de los sectores no esenciales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero a medio plazo. Esto es porque cada vez se acumulan más evidencias de que sin cambios drásticos que incluyan un consumo de recursos mucho menor –de los cuales las energías fósiles son parte fundamental– no será posible evitar un colapso catastrófico de la civilización actual (ver por ejemplo este artículo muy reciente que estima en menos del 10% las probabilidades de que se pueda evitar ese colapso sin cambios fundamentales en el patrón de consumo de recursos naturales dado el desfase existente entre el cambio tecnológico y ese uso).

Las lecciones del covid-19 para España

Eso nos colocaría en una situación muy delicada, en que un país como el nuestro, con unos niveles ya muy bajos de empleo, sufriría sobremanera y se empobrecería mucho no solo en términos absolutos sino también relativos. En estas circunstancias debería ser obvio que el énfasis que se ha hecho a todos los niveles para fomentar el turismo en las últimas décadas tiene que dar un giro de 180 grados para centrarnos en sectores para los que se vislumbre un futuro al menos a medio plazo, dadas las enormes incertidumbres que afronta la economía mundial tanto a nivel geoestratégico como ecológico a largo plazo.

En los análisis que se hacen en general desde las instituciones oficiales resulta bastante trágico comprobar cómo siguen aplicándose recetas macroeconómicas con análisis que en ningún momento hablan de planificación estratégica a nivel institucional ni de intervención de tipo alguno. Esto lo podemos ver por ejemplo en el Informe Anual de 2018 del Banco de España. Parecen tener totalmente asumido el lema de Carlos Solchaga (“la mejor política industrial es la que no existe”), que al fin y al cabo no es sino una repetición de los 'mantras del laissez faire'. Ignoran totalmente tanto las evidencias históricas de intervenciones masivas por parte de las instituciones de las democracias occidentales tanto como para apoyar determinados sectores como para fomentarlos o crearlos de novo cuando no existían.

España se encuentra casi totalmente descolgada de los sectores importantes que se perfilan como fundamentales para las próximas dos décadas

Los ejemplos son incontables y en este sentido es muy recomendable leer los trabajos del economista coreano Ho Joon Chang, especialmente su libro '¿Qué fue del buen samaritano? Naciones ricas, políticas pobres', en que analiza la gran importancia que tienen las instituciones a la hora de fomentar determinados sectores estratégicos así como para regular los mercados. España se encuentra casi totalmente descolgada de los sectores importantes que se perfilan como fundamentales para las próximas dos décadas, como son las tecnologías en energías renovables, el transporte mediante energía no fósil, la genómica y proteómica, las tecnologías de la información como el 5G o los sistemas expertos o la nueva revolución que se perfila en la producción de alimentos de forma más sostenible.

La evolución reciente de ciertos países como Corea o Israel desde economías parecidas a la española hasta economías punteras en diversos sectores ha sido ampliamente analizada por los expertos, y las conclusiones son aplastantes en el sentido de la importancia de la planificación estratégica así como del apoyo a la creación de un fuerte tejido empresarial (ver por dar solo unos pocos ejemplos aquí, aquí o aquí). El pensar que sin seguir una ruta similar al menos en lo que concierne al protagonismo de instituciones públicas España va a conseguir un cambio de rumbo pertenece sin lugar a dudas al reino de la fantasía.

Gráfico de la Semana
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