Los inevitables ajustes pendientes

A diferencia de la situación existente hace apenas dieciséis meses, ahora sí es posible enumerar un ramillete de buenas noticias y síntomas positivos

A diferencia de la situación existente hace apenas dieciséis meses, ahora sí es posible enumerar un ramillete de buenas noticias y de síntomas esperanzadores:

- La inversión extranjera ha vuelto a situar a España como objetivo de sus inversiones, y no sólo inversiones especulativas.

- La prima de riesgo de la deuda pública española está en mínimos.

- La banca española ha dejado de ser el centro de atención en los próximos test de estrés, señalando los medios internacionales a los sistemas financieros italiano, francés y alemán como los más susceptibles de generar sorpresas negativas.

- El fin de la recesión es un hecho, gracias principalmente al magnífico comportamiento de las exportaciones.

Es gratificante poder mencionar estas buenas noticias, pero sería ingenuo e irresponsable ignorar los principales riesgos que permanecen. España se ha comprometido a un ajuste de sus cuentas públicas que debe llevar el déficit al 2,7% en 2016, desde el 6,3% esperado para este año. Cabe recordar que España recibió dos años de gracia adicionales para completar el ajuste fiscal. 

Suponiendo que España fuera capaz de cumplir con el objetivo de déficit sobre PIB de este año, el ajuste hasta 2016 sería de 36.000 millones de euros. Con las previsiones de crecimiento de la economía española para los próximos años, es impensable que dicha reducción del déficit se pueda producir por el mero crecimiento económico.

Un recorte del déficit de 36.000 millones de euros no se consigue con una reducción del gasto o incremento de los impuestos por la misma cantidad. Tanto uno como otro tienen a su vez un efecto negativo sobre el crecimiento, lo que implica que, para conseguir una reducción del déficit por dicha cuantía, el ajuste de gastos y/o ingresos tenga que ser significativamente superior.

​A fecha de hoy no se conocen cuáles son las medidas que se pondrán en marcha para reducir el déficit al nivel comprometido por nuestras autoridades. Es más, de acuerdo con las previsiones de la Comisión Europea, realizadas con las medidas conocidas hasta ahora, el déficit público de 2015 será incluso superior al de 2014 en siete décimas. La explicación es sencilla: La CE calcula su cifra considerando que efectivamente la subida temporal de impuestos que debería morir a fin de 2014 no se prorrogará.

Salvo que se adopten medidas excepcionales, hasta ahora desconocidas, que faciliten la reducción del déficit público español, la bajada de impuestos prometida sólo podrá ser testimonial, sin que en ningún caso se pueda volver a la situación previa a la última gran subida de impuestos.

La placentera situación actual de prima de riesgo en mínimos y colocación de deuda pública a tipos mínimos no debe hacer olvidar la imperiosa necesidad de acometer los obligados ajustes pendientes del déficit público. Cuanto antes se conozca cómo se pretenden llevar a cabo, mejor. De no ser así, los ahora llamados inversores, que se han vuelto a fijar en España, no tardarán en recibir el calificativo de especuladores por perder el interés sobre la deuda pública española.

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