La revolución energética americana y la crisis de Ucrania

La actual crisis de Ucrania pone de manifiesto la creciente relevancia de la revolución energética de Estados Unidos con motivo del desarrollo del llamado fracking. En

La actual crisis de Ucrania pone de manifiesto la creciente relevancia de la revolución energética de Estados Unidos con motivo del desarrollo del llamado fracking. En breve, la potencia americana pasará a ser autosuficiente energéticamente y se convertirá en exportador neto de gas natural a terceros países.

La dependencia de Ucrania y de gran parte de Europa del gas ruso limita considerablemente la respuesta que los Gobiernos europeos pueden dar a la intervención rusa en territorio ucraniano. A corto plazo no hay alternativa de suministro, pero esta situación podría cambiar gracias al desarrollo del shale gas procedente de Estados Unidos y a su previsible apertura a la exportación.

El precio de referencia del gas natural en Estados Unidos ha caído hasta 4 dólares, mientras que Rusia vende su gas, a través de Gazprom, a más de 12 dólares a la mayoría de sus clientes europeos. El precio del gas en China supera los 20 dólares.

Situaciones como la actualmente vivida en Ucrania previsiblemente acelerarán la política estadounidense de facilitar la exportación de su gas y su petróleo. La capacidad de Estados Unidos de relajar la presión ejercida por Rusia sobre sus clientes compradores de gas, principalmente Europa, es indudable y depende, en gran medida, de la aceleración de la apertura a la exportación de su sector energético. Así, durante el mes de febrero se ha autorizado el sexto terminal para exportación de LNG (liquefied natural gas), desde el que se desea exportar a Europa ya en 2015. Las peticiones para construir nuevas terminales de licuefacción son numerosas. Su velocidad en la concesión de la autorización depende de la voluntad política de concederla.

La normativa estadounidense para la exportación de gas y petróleo es muy restrictiva y obsoleta. Las limitaciones a la exportación tienen su origen en la crisis del petróleo de los años 70. Entonces se pretendía garantizar el menor precio posible interior y, sobre todo, la seguridad del suministro. Hoy en día, dichas trabas han quedado desfasadas, aunque es entendible la actuación de determinados lobbies al intentar limitar la exportación para lograr unos precios internos de la energía muy reducidos.

Incluso con la exportación de gas americano, el precio en Estados Unidos y en Europa o Asia diferirá. Al coste de extracción en origen habrá que añadirle el de licuefacción para su transporte, el del transporte en buques y el de gasificación en destino. La diferencia de precio actual es tan considerable que existe amplio margen para el arbitraje de precios.

Aunque no es factible la sustitución del gas ruso por gas estadounidense a corto plazo, situaciones como la actual crisis en Ucrania ponen de manifiesto la enorme trascendencia que tiene para la economía global, e incluso para la geopolítica mundial, la revolución energética americana. La atención prestada hasta ahora a este tema ha sido marginal. Las implicaciones del desarrollo del shale gas y el oil gas en breve pasarán a ser un tema destacado y recurrente.

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