Endeudarse, ¿para qué?

Los grandes conceptos macroeconómicos, pese a ser utilizados de forma constante por responsables políticos y medios de comunicación, quedan muy alejados del entendimiento de la mayoría

Los grandes conceptos macroeconómicos, pese a ser utilizados de forma constante por responsables políticos y medios de comunicación, quedan muy alejados del entendimiento de la mayoría de población. Intentar simplificar la explicación de su significado ayudaría a conocer las perniciosas consecuencias de determinadas políticas económicas.

Así, el déficit público refleja el importe de gasto de las Administraciones Públicas por encima de sus ingresos. No se suele expresar como una cifra absoluta en euros (72.577 millones de euros en 2013) fácilmente entendible, sino como un porcentaje sobre el producto interior bruto (6,8% en 2013). Aunque el ratio déficit sobre el PIB sirva para hacer comparaciones internacionales, se entendería mucho mejor si el déficit se expresase también como el exceso de los gastos sobre los ingresos (18,1% en 2013). Daría una imagen más real de la gravedad del desajuste de las cuentas públicas. Aunque las dos cifras sean correctas, no es lo mismo decir que el déficit público español ha sido en 2013 del 6,8% del PIB que decir que los gastos han sido un 18% superiores a la cifra de ingresos públicos.


Fuente: Eurostat, Renta 4 Banco

Las Administraciones Públicas, al gastar más de lo que ingresan, se ven obligadas a endeudarse con terceros para hacer frente a la diferencia entre gastos e ingresos. En el caso español, el exceso de los gastos sobre los ingresos públicos en los cinco últimos años ha sido de algo más de 500.000.000.000 euros (quinientos mil millones de euros). En los próximos años, deberemos hacer frente al pago de los intereses de este incremento de deuda y a su permanente refinanciación según lleguen los vencimientos de la deuda.

Sorprende que las discusiones entre las autoridades europeas y cada uno de los países del euro con déficit excesivo, ahora focalizadas en Italia y Francia, se centren exclusivamente en el porcentaje del déficit público sobre el PIB admisible cada año, en lugar de analizar los diversos conceptos del gasto público que dan lugar a dichos déficits. En el caso español, parece que nadie se pregunta a qué se ha dedicado el medio billón de euros de déficit público en España en los últimos cinco años.

No es lo mismo acumular déficits públicos y emitir deuda para llevar a cabo programas “sensatos” de inversión o facilitar la creación y desarrollo de empresas que acabaran generando empleo y crecimiento que destinarlos a satisfacer gasto corriente. En el primer caso, el retorno de las inversiones realizadas permitirá, a medio plazo, devolver la deuda emitida y ayudará al crecimiento futuro y a la creación de empleo. Por el contrario, si los déficits se han destinado en su mayor parte a satisfacer gasto corriente, que no generará crecimiento futuro, sólo se agrava y pospone el problema del desajuste de las cuentas públicas sin darle solución.

Ninguna empresa consigue financiación de forma recurrente e incremental para afrontar sus gastos corrientes. Los estados pueden hacerlo durante un cierto periodo de tiempo, pero no de forma permanente. La actual situación de abundante liquidez, tipos en mínimos, incentivación a la banca a comprar deuda pública al no consumirle capital, e incluso la posible adquisición de bonos soberanos por parte del Banco Central Europeo (BCE) oculta las dañinas consecuencias de los déficits públicos dedicados esencialmente a mantener gasto corriente.

Una vez más, la dosis de anestesia de las medidas del BCE oculta la gravedad del problema del permanente desajuste de las cuentas públicas para financiar gasto corriente. A pesar de vender como un éxito la reducción del déficit público sobre el PIB, no parece que el exceso de los gastos sobre los ingresos públicos se esté dedicando a inversión pública o a facilitar la creación y el desarrollo de empresas, que serán las que finalmente creen empleo y ayuden al crecimiento, sino a mantener un gasto corriente difícilmente sostenible en el tiempo.

A pesar de todo, mientras el BCE siga con su política actual no parece que nadie vaya a preocuparse. Ahí tienen a la prima de riesgo, en mínimos.

                

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